Escenario

Los miedos sin fecha de vencimiento

Ya pasaron casi 40 años de la primera vez que se proyectó aquella imagen icónica de Jack Nicholson enajenado, rompiendo la puerta de un baño con un hacha, mientras su mujer se esconde de él, grita y llora.

Miércoles 06 de Noviembre de 2019

Ya pasaron casi 40 años de la primera vez que se proyectó aquella imagen icónica de Jack Nicholson enajenado, rompiendo la puerta de un baño con un hacha, mientras su mujer se esconde de él, grita y llora. Pasaron cuatro décadas y sin embargo "El resplandor" todavía asusta, todavía despierta los miedos más profundos y primarios. Esa virtud la convierte en un clásico, y se ganó con creces el título de "película de culto", aunque es justo recordar ahora que no fue exactamente el caso de una película que nació para el éxito.

En 1980, "El resplandor" pasó sin pena ni gloria. Fue una de las pocas creaciones de Stanley Kubrick ("La naranja mecánica", "2001: odisea del espacio") que quedó fuera del circuito de premios de Hollywood. Es más, en su momento recibió dos nominaciones a los premios Razzie (los anti-Oscar) en las categorías de peor director y peor actriz. Y las críticas fueron mixtas. Algunos la veían como una obra de arte compleja y visceral, y otros la consideraron un artefacto de formas preciosas pero vacío. Pocos se fascinaron con la narración angustiosa de la cámara de Kubrick, o sintieron la oscuridad a la luz del día que asfixia a sus personajes. El mismo Stephen King ninguneó la película, enojado porque Kubrick alteró varios aspectos de su novela y se tomó todas las libertades del mundo en la adaptación.

La historia detrás de la producción es curiosa, porque el obsesivo y genial director neoyorquino sólo quería hacer un filme pequeño y comercial después del descalabro económico de "Barry Lyndon" (1975), y terminó filmando una obra de culto, abierta a todo tipo de interpretaciones.

Volver a ver "El resplandor" (está disponible en Flow) es una experiencia shockeante. Parece filmada ayer. Intocable. Algunos tuvieron la suerte de verla en el cine, en 1980, y los de mi generación (cuarenta y pico) la vimos en VHS (inolvidable la cajita en el videoclub con la cara de loco de Nicholson), asustados hasta la médula ante la inocente imagen de un pibito andando en triciclo. Kubrick no se adaptó al género de terror, adaptó al género a sí mismo, y su marca personal es la que trasciende al tiempo.

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