Escenario

"Los hechos reales podrían considerarse ficción pura"

Hugo Grosso graba en Rosario “Balas perdidas”. El director evoca en una miniserie un impactante robo bancario ocurrido en 1992 y que tuvo a Rosario como epicentro. Muchas figuras en el elenco.

Lunes 21 de Diciembre de 2015

"Ese fraude, sus implicancias y derivaciones, me resultaban un fresco representativo de los 90 y de la «argentinidad»". Así definió el director rosarino Hugo Grosso el tema que aborda en su serie "Balas perdidas". Grosso, director del filme "Al otro lado" cuya acción transcurría con la construcción del puente Rosario-Victoria como telón de fondo, en esta ocasión decidió recrear con elementos de ficción un recordado robo ocurrido en 1992 cuando fueron sustraídos 30 millones de pesos del Tesoro Regional Rosario del Banco Central. El proyecto para esta serie que se encuentra en su etapa final de rodaje, resultó ganador del Concurso de Ficción para Productoras con Antecedentes, organizado por el INCAA, y cuenta con las actuaciones de un grupo de actores y artistas de sólida trayectoria, tanto nacional como local.

—¿Por qué rescataste esta historia de las crónicas policiales? ¿Qué te atrajo de los hechos y las circunstancias?

—Los manuales de guión suelen recomendar escribir sobre algo que uno conozca, y, como trabajé en el viejo Banco Provincial de Santa Fe entre 1977 y 1991, reconozco mi pertenencia a ese universo laboral y, especialmente, a ese momento histórico, elementos que fueron determinantes durante la escritura. Por otra parte, ese fraude, sus implicancias y derivaciones, me resultaban un fresco tan representativo de los 90 y de la "argentinidad", que sentí necesario retratarlos.

—¿Qué potencial dramático y narrativo tenía esta historia?

—Los hechos reales en los que se basa el guión podrían considerarse "ficción pura". Les cabe perfectamente la trillada muletilla "cuando la realidad supera a la ficción". La concatenación de desaciertos, errores e imprevistos que se desprenden de la lectura de las crónicas periodísticas y de los testimonios recogidos me resultaron un desafío durante la investigación y al guionar ya que mi imaginación estaba siempre por detrás a la hora de establecer un verosímil. Recién encontré un equilibrio narrativo cuando pude hacerme de la sentencia resultante del juicio oral, ya que la misma, a pesar de que condena o absuelve a unos pocos perejiles sin alcanzar a los verdaderos ideólogos que permanecerán prófugos u ocultos tras las celosías del poder, fue un marco contenedor que me permitió estructurar los trece capítulos partiendo y regresando siempre a ella. Diría que la reconstrucción del juicio oral a partir del texto de la sentencia fue la base donde asentar el pacto de verosimilitud, dejando que los hechos ficcionados la ilustren o la contrasten.

—Como en "A cada lado", donde la construcción del puente era de alguna manera una metáfora crítica del progreso, volvés sobre una historia rosarina en la que el dinero, el poder, las aspiraciones de riqueza vuelven a estar en el medio de la escena. ¿De qué manera inciden estos temas en la decisión de encarar esta historia?

—La coincidencia es más metodológica que temática, ya que me resulta más atractivo y práctico partir de un hecho real concreto, como base para la ficción. No obstante, pienso que es función del arte opinar sobre el poder. Al hablar desde determinado lugar, uno está, inevitablemente, dejando sentada su postura sobre el poder, ya sea en la elección del tema, en su tratamiento y hasta en el modo de producirlo. En el caso de "Balas perdidas", partí de una aproximación sensible al tema sin pretensiones respecto de sus posibilidades metafóricas. Me nutrí de la historia y de sus posibilidades formales, de estructura, de pulsos, de acciones dramáticas, de dosificación de la información, de tratamiento estético. Luego, me sedujo la connotación temática. Hablar de un fraude que se asienta en el plan de convertibilidad de Cavallo fue una tentación, y hoy, ante el inminente doloroso regreso a esas doctrinas económicas, curiosamente avaladas por el voto popular, adquieren una inesperada dimensión metafórica que aumenta mi inquietud por el resultado. Aquello que durante la escritura era un juego relacionado con la posibilidad de que quienes idearon y ejecutaron la estafa pudieran volver sin que nada sucediera, se redimensiona por un cierto sentido cíclico de la realidad.

—Volvés a fusionar realidad y ficción, como hiciste en "A cada lado", o a construir ficción a partir de la realidad. ¿Qué ventajas ofrece partir de un hecho real?

—Casi todo lo que he filmado o guionado parte de la observación de la realidad, basándome en hechos, creencias o personajes de mi entorno. De algún modo siento que me seduce transitar el límite entre realidad y ficción, intentando hacer poco precisas las fronteras. Por otra parte, creo que uno opera siempre con las convenciones de los géneros y con el conocimiento que el espectador posee de los mismos, por lo cual los límites también exceden cualquier pretensión manipuladora. No obstante, tanto a la hora de filmar como a la de ser espectador, creo más en la mentira de la ficción que en la verdad del documental.

—Como en el tren de las "3.10 a Yuma" o "El gran robo del tren", en este caso el eje es un robo de dinero a un banco. ¿Por qué los robos limpios, sin violencia, y generalmente a entidades bancarias, son atractivos para la ficción?

—Creo que en estas historias se expone una cuestión moral que aparece legitimada desde lo ficcional, lo cual coloca al espectador en un lugar de mucha seguridad, a resguardo del "deber ser", que le permite apreciar y gozar con los detalles de la preparación y ejecución del delito, incluso tomando partido acerca de merecimientos, castigos, justicia. Pero resulta indispensable que no se evidencie la moral del autor y que el espectador opere libremente.

—Aunque el mensaje no es algo que persigas, ¿existe en este caso algún mensaje?

—El tema es siempre una excusa que organiza, que posibilita. Lo que se desprende depende de quién lo mire y cómo resignifique este universo de personajes un poco grises que se van cruzando en pos de sus objetivos. Me interesa mostrar esos vínculos, que en este caso están envueltos en una trama cargada de mensajes. Pero mi preocupación está más centrada en aprovechar la oportunidad de acceder al formato y el lenguaje televisivo que con el tema.

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