Escenario

Los estrenos bajo la lupa de Escenario

►"Regresa a mí": Contra viento y marea. ►"Muere, monstruo, muere": La bestia debe morir. ►"El sonido de los tulipanes": Una trama previsible y sin vuelo.

Sábado 11 de Mayo de 2019

“Regresa a mí”: Contra viento y marea

Calificación: tres estrellas

Intérpretes: Julia Roberts, Lucas Hedges y Kathryn Newton.

dirección: Peter Hedges.

Género: Drama.

salas: Cines del Centro y Showcase.

Por Carolina Taffoni

La adicción a las drogas y el subsecuente drama familiar es un tema que ha sido muchas veces transitado por el cine. En ese sentido “Regresa a mí” no es nada original porque vuelve sobre ese tópico, pero se concentra más en la lucha obstinada de una madre por salvar a su hijo. La madre es Julia Roberts (que brilla en este papel) y el hijo es Lucas Hedges (el excelente actor joven de “Manchester junto al mar” y “Lady Bird”). Hedges interpreta a Ben, un adolescente que está internado en un centro de rehabilitación y sorpresivamente regresa a la casa de su familia para pasar la Navidad. La única que lo recibe con optimismo es la madre. El resto de la familia desconfía, y tiene toda la razón. El pasado reciente de Ben es el infierno tan temido. El director Peter Hedges (padre del protagonista y guionista de “A quién ama Gilbert Grape” y “Un buen chico”) acierta en su tono de drama despojado, y además lo plantea como un drama urgente que no busca explicaciones ni psicologismos, sino que necesita una solución en el aquí y ahora. Por momentos la película se tiñe de un suspenso cercano al policial, y eso aumenta su intensidad, aunque algunos excesos propios del melodrama desgraciadamente empañan el resultado final.

“Muere, monstruo, muere”: La bestia debe morir

Calificación: tres estrellas

Intérpretes: Esteban Bigliardi, Víctor López, Tania Casciani, Romina Iniesta, Sofía Palomino y Jorge Prado.

Dirección: Alejandro Fadel.

Género: Terror.

salas: Showcase y Village.

Por Rodolfo Bella

El terror casi siempre es nocturno, solitario, opresor, amenazante. Pero el director mendocino Alejandro Fadel, sin renunciar a esos tópicos, lo tiñó de un tono surreal. Fadel, cuyas ideas evocan a algunos de los maestros del género como Friedrich Murnau y Dario Argento, contó además para lograr ese clima extraño con un equipo técnico impecable en el que se destacan la dirección de fotografía y la iluminación que construyen con un lenguaje visual refinado esta historia macabra. La trama bucea en la locura de su personaje protagónico, David. Interpretado por Esteban Bigliardi, David sufre de alucinaciones, habla de monstruos, obsesiones, se esconde en lugares apartados y oscuros de la zona cordillerana y escucha voces que le dicen cosas extrañas que no termina de entender. Cuando comienzan a sucederse una serie de crímenes violentos contra mujeres en una zona rural, David parece el culpable ideal. La policía local tiene dos líneas de investigación, una lógica y otra que da crédito a los supuestos delirios de David. Fadel toma decisiones narrativas y estéticas arriesgadas como mostrar en primer plano las mutilaciones, la sangre y otros detalles. Sin embargo, y a pesar de algunas imágenes que puede incomodar, el director prefirió apostar fuerte antes que repetir clichés.

"El sonido de los tulipanes": Una trama previsible y sin vuelo

Calificación: una estrella

Intérpretes: Pablo Rago, Calu Rivero, Gerardo Romano, Gustavo Garzón, Roberto Carnaghi, Bernarda Pagés y Atilio Veronelli

Dirección: Alberto Masliah.

Género: Thriller.

sala: Village.

Por Pedro Squillaci

Un periodista de un diario quiere saber el origen de la muerte de su padre, con quien tenía diferencias afectivas y profesionales. Todo está ambientado en una Argentina de 2001, que tampoco queda demasiado claro, y en una seguidilla de venganzas, la trama se vuelve confusa, aburrida y previsible, con guiños al caos político. Encima, los roles de villano y héroe aparecen demasiado expuestos y la historia nunca termina de despegar. Como si fuera poco las actuaciones son un punto muy flojo. Ni siquiera el oficio de Gerardo Romano y Roberto Carnaghi salva las papas. Pablo Rago y Calu Rivero lucen demasiado estereotipados y la escena de cierre de la película es un cliché poco creíble.

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