Escenario

"Los chistes rapiditos contagian a la gente mi locura de estar contento"

Y Cacho se ríe de todo. La cita evoca la canción "Piluso", de Fito Páez, en la que se refiere al desparpajo de Alberto Olmedo. Buenaventura no es rosarino ni tiene la impronta del Negro, pero este cordobés cuenta con una indiscutible vocación por el buen humor. Y por eso llamó "Enteramente Crazy" al espectáculo que se presentará mañana, a las 21.30, en el teatro El Círculo...

Jueves 14 de Mayo de 2009

Y Cacho se ríe de todo. La cita evoca la canción "Piluso", de Fito Páez, en la que se refiere al desparpajo de Alberto Olmedo. Buenaventura no es rosarino ni tiene la impronta del Negro, pero este cordobés cuenta con una indiscutible vocación por el buen humor. Y por eso llamó "Enteramente Crazy" al espectáculo que se presentará mañana, a las 21.30, en el teatro El Círculo, Laprida y Mendoza. Para Cacho no hay nada como reírse locamente de todo, aunque a veces aflora su costado más íntimo y no menos divertido, como en este diálogo con LaCapital.

Buenaventura atiende el celular mientras transita con su vehículo en la ciudad de Córdoba. "Uy, pará que me agarró un zorro gris" avisa y se escuchará un gentil cruce de palabras con un inspector de tránsito, que bajó los decibeles al conocerlo. "Yo soy profeta en mi tierra", le dijo a este diario tras reconstruir lo sucedido.

—¿De dónde viene el nombre y la idea de "Enteramente Crazy"

—El año pasado estuve en Rosario presentando "Medio Crazy" y ahí me di cuenta que me había quedado corto, hay que estar "Enteramente Crazy", que es el título de este espectáculo. Aquí abunda el humor cotidiano, la narración, ese chiste que puede suceder en medio de un bar, como el que dice "¿qué querés tomar?" y el otro responde "no, nada, gracias". "Ah, bueno, ahora preguntame a mí". (risas). Ese chiste rapidito es el que contagia a la gente la locura de estar contento hoy, que de verdad parece una locura.

—¿Por qué te parece una locura?

—Y, sí, porque si no es la jaula es la lora, pero siempre hay algo que atenta contra tu tranquilidad. Sin embargo, yo aprendí a tomarme las cosas de otra manera. Mirá, hace 32 años que hago mi trabajo, pero sin embargo tuve momentos en que me estresaba subir al escenario. Y un día tomé conciencia, porque entendí que hago lo que me gusta, y que la gente está esperando que yo diga estupideces, entonces me solté, porque al final yo no tengo que hacer un desfile de modelos, ni acrobacia, ni convertirme en un tipo espléndido de ojos azules. Yo soy un negro pelado gordo de Córdoba que habla pavadas y lo disfruto, a lo sumo siento una cosquillita en el estómago antes de empezar una función.

—Bueno, pero esa cosquillita la sienten hasta los actores más consagrados del mundo.
  —Sí, la cosquillita sí, pero el estrés traumático antes de subir al escenario, que te quedás afónico, que te sube la presión, que parecés una fiera enjaulada, eso no le sirve a nadie. Yo llegué a un momento en que la noche anterior del show no podía dormir, que antes de actuar quería subir al escenario. Entonces dije no, si la gente está esperando para ver lo que dice que yo hago bien.
 —¿El humor cordobés ya se puede considerar de categoría universal?
  —Ahá, una marca registrada, dicen. Mirá, yo tengo una anécdota con un coreano que conozco que se llama Yu Pong Ro, y le digo “hola qué tal”, y él me contesta “cómo andai Caaachazo”, con tonada cordobesa y los ojos alargados. Yo pensé que me estaban haciendo una cámara oculta”. “Es una joda esto”, le dije. Y me dice “No, yo estudio en la universidad de acá, qué guaaanaco los negro, los asadacho que nos comimo y después nos fuimos a bailar con Chébere”. Entonces gente como esta nos hizo un marketing terrible en distintos lugares del mundo. Pero los cordobeses somos gente de hablar sonriéndonos, de hablar más relajados, de estar predispuestos a hacer un chiste, de poner un sobrenombre. Y eso nos ayudó para que nos hagamos más conocidos por nuestro humor.
   —¿No te mete presión tener que estar siempre de buen humor?
  —Normalmente, como dicen los changos, soy un tipo de buena onda. Pero el día que no estoy así, bueno, ese día no salgo, no me voy al shopping, no me meto en la popular, no me voy a comer afuera. El otro día estaba jugando al billar y por un momento me quedé serio pensando una jugada, y uno me dijo “che, negro, qué pasa que estái tan serio”, y otro le dijo “dejálo, está descaaansando”. A veces mi mujer me dice “vos sos muy simpático en la calle, ”¿por qué no sos así de simpático en la casa?” Y yo le contesto “¿Y por qué no me contratás?”.
   —¿Y qué cosas te sacan las ganas de reírte?
  —Acabo de cumplir 53 años y empecé cuando tenía 20. Y te voy a confesar que en mi carrera no todo fue con éxito, es más, hemos destriunfado (sic) también con mucho éxito. Una vez Horacio Guarany me vio junto a uno de mis guitarristas comiendo un choripán detrás del escenario y nos dice “¿comiendo un choripán?” y le contesté “¿qué? estamos cobrando”. Y era un chori para todos (risas). Así y todo, generalmente no dejo que me alteren, y menos que me malhumoren antes de subir a un escenario. El que paga la entrada no tiene la culpa de que yo haya tenido un mal día, por eso apunto a vivir tranquilo, para dar lo mejor en cada función. 

 

 



 


 

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