Escenario

"Los artistas somos como una especie de héroes"

El músico brasileño habla de su flechazo con compositores latinoamericanos. El jueves hará un show en Lavardén

Domingo 10 de Diciembre de 2017

Paulinho Moska es un nombre que para muchos puede sonar desconocido, pero basta escucharlo cantar para sentirlo cercano, como si viviera aquí a la vuelta. El cantante y compositor brasileño abrió su cabeza hace 15 años hacia la música latinoamericana y tuvo un flechazo. Ese primer momento se dio a partir de un tema de Jorge Drexler "La edad del cielo", pero después vendría la grabación de "Locura total" con Fito Páez y allí el vínculo se hizo más fuerte. "Cantar, esta canción te abrazará", entonaba a dúo con Páez en "Hermanos", el leit motiv de aquel trabajo de 2015, y fue casi una declaración de principios de la labor de hermandad artística, musical y poética que Moska lleva en lo alto casi como una bandera.

El jueves próximo en la Terraza de la Cúpula de Lavardén Moska presentará "Uma voz e um violao", un recital intimista en el que el artista carioca repasará lo mejorcito de su carrera, entre lo que se incluye "Pensando em vocé", "A seta e o alvo","A idade do céu", "Lágrimas de diamantes" y "Tudo novo de novo", más algunos grandes momentos del disco con Páez.

Moska, que después de Rosario tocará el viernes 15 en La Plata y el sábado 16 de diciembre en San Isidro, atendió telefónicamente a Escenario en medio de la grabación de su nuevo disco y fue tal el entusiasmo que mostró por ese trabajo que fue marcando naturalmente las pautas del reportaje. "Estoy en el estudio empezando a grabar un álbum nuevo junto a Liminha (el productor de "Locura total"), que es un gran productor de rock de Brasil, es un crack que produjo muchos álbumes de clásicos brasileros, de Titás, Paralamas, Gilberto Gil, Caetano Veloso. Y estamos haciendo un álbum muy pop. Creo que se va a llamar Belleza y miedo".

—¿Por qué "Belleza y miedo"?

—(Risas) En principio, creo que es un resumen de la vida, la vida es todo el tiempo un encuentro de encantamiento y desesperanza. Todo el tiempo estamos encantados con cosas lindas, una canción, una película, una pasión, un premio, un trabajo que nos pone muy orgullosos; y al mismo tiempo convivimos con cosas terribles, como asesinatos, corrupción y muerte. Pero hay mucha belleza, mucha poesía, muchos motivos para celebrar cosas lindas y al mismo tiempo tenemos muchas cosas malas. Y esto se ve en dos canciones que están en el álbum, una que se llama "Qué belleza la belleza" y otra que se llama "El miedo del miedo". Creo que las dos canciones son hermanas siamesas.

—Decís que el disco es pop, por lo que deduzco que apostás por lo más positivo.

—Sí, evidentemente, entre la belleza y el miedo, yo me quedo con la belleza.

—¿De todos modos, no considerás que a veces hay que tocar fondo para volver a encontrar el valor y lo bello de ciertas cosas?

—Sí, creo que si tenemos la belleza, la poesía, la producción de alegría, la efectiva positividad como una especie de rumbo, podemos encarar el miedo y las cosas malas. Porque si estamos con el miedo y las cosas malas no se dan las condiciones para producir belleza. Entonces creo que los artistas, que trabajamos con producción de belleza, somos como una especie de héroes, porque está un poco en las manos de los artistas la producción de belleza. Y cuando hablo de artistas no hablo de las celebridades, sino de la gente que se pone en su casa a producir un texto, una carta, o unas cancioncitas que nadie va a escuchar. A la gente que está en su casa o caminando por la calle y pensando cosas, estos son los artistas de la vida, gente que no está sobreviviendo solamente, que no está saliendo a trabajar para juntar plata o pensando en poder o cosas materiales. Yo intento, no sé si lo logro, pero intento producir cosas lindas, estoy muy concentrado en eso. Trabajo y vivo para producir cosas lindas.

—Esas canciones también las escuchan los que sobreviven, como decís vos, e incluso los más materialistas. ¿La música no tiene fronteras, es para todo el mundo?

—Claro, es la única forma de quebrar un espíritu duro de la gente que no está abierta, es como despertarlos de un sueño. Y sólo lo puede hacer una película, una canción o un libro, sólo eso puede quebrar un corazón duro.

—¿Qué canciones te transportan a esos momentos de tu vida imborrables?

—Yo pienso que la música es como un perfume, que donde está toma todo el espacio. Es como el agua, que tiene esa capacidad de pasar por todos los agujeros y entre las paredes, y encuentra su manera de salir. Y los perfumes también tienen eso. Si un objeto nos puede llevar a una memoria emotiva o a una cosa material, qué decir de una canción, que te toca en lo invisible de tu cuerpo y de tu alma, como un perfume. No se toca una canción con las manos, se escucha y se siente. Todavía hoy, que estoy grandote y con pelo gris, escucho canciones que me recuerdan lo que oí ayer o la semana pasada.

—¿Además de grabar un disco junto a Fito Páez, cuál es tu vínculo con el rock argentino?

—Yo digo siempre que yo era un brasilero común, infelizmente. Yo no miraba nadie ni nada de América Latina, que tiene una música exuberante y muy diversa. En Brasil no tenemos infelizmente la cultura de mirar América Latina, ni películas, ni literatura, ni tampoco la lengua, que es casi la misma. Hace 15 años conocí a Jorge Drexler y por primera vez me quedé atento a una letra de una canción y me preguntaba por qué no lo había hecho antes. Bien, yo cumplí 50, o sea que estuve 35 años sin mirarlos a ustedes, y a partir de Drexler que me introdujo a Kevin Johansen, después a Lisandro Aristimuño, a Juana Molina, que son mis amigos más antiguos, después fui a Chile y conocí a Francisca Valenzuela, Camila Morena y Nano Stern; fui a Perú y conocí a Alejandro y María Laura; fui a Colombia y conocí a Andrea Echeverri; fui a México y conocí a Natalia Lafourcade y Julieta Venegas; fui a Panamá y conocí a Carlos Mendes; fui a Guatemala y conocí a Frank Castillejos. Y desde ese momento, hace 15 años, hago proyectos, el proyecto de Fito fue uno entre tantos otros (ver aparte). Yo organicé festivales en Brasil y traigo gente de América Latina para cantar con brasileros, ya estuve con Drexler y Kevin en Sevilla, Barcelona y Madrid, cantando juntos y celebrando la música latina en este encuentro que yo llamo de abrazo portuñol. Dicen que portuñol es hablar equivocado, pero en un abrazo portuñol no hay nada de equívoco (risas).

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