Escenario

"Los artistas que duran mucho no hacen su tarea buscando el éxito"

Nacha Guevara actúa esta noche en el teatro Fundación Astengo. La artista dijo que en el show cuenta parte de su vida y propone un diálogo con el público.

Viernes 20 de Abril de 2012

Nacha Guevara definió como “un work in progress” el show que presenta hoy en Rosario en el que, asegura desde el título, “La verdadera Nacha canta y cuenta todo”. Aunque explicó que la propuesta está vinculada con el exitoso espectáculo que encabezó durante la temporada en la Costa Atlántica, subrayó que “es una experiencia que cambia todas las noches, muy viva, interactiva, sincera, honesta y divertida”. La artista, en diálogo con Escenario hizo un repaso de sus últimos trabajos en televisión y en cine, y también habló de política, de Dios, de la edad y de la revolución.

—La verdadera Nacha canta y cuenta ¿todo?

—(ríe) Bueno, un show no se cuenta. Hay que experimentarlo. No soy buena explicando esto porque es una experiencia que cambia todas las noches, muy viva, interactiva, sincera, honesta y divertida. Por
momentos muy liviana, por otros más profunda; autobiográfica, con canciones, algunas más conocidas y otras que son nuevas.

—¿Tiene que ver con el show que habías hecho en la costa?

—Si, pero está revisado porque como es un show muy dinámico y muy cambiante, es un work in progress. Ha cambiado bastante desde que se estrenó.

—Y así se renuevan las ganas de subirte a un escenario...

—En teatro siempre es así, pero esto es especial, muy libre, no tengo nadie alrededor con el que tenga que dialogar o interactuar. El otro actor aquí es el público.

—¿Cómo te va con el contacto directo con el público?

—Tengo 45 años de relación con el público. Es mi amor más estable, así que no tengo problemas. Hay momentos que se extienden lo que se tengan que extender. Es distinto cada noche, preguntan, dialogamos...

—¿Hay alguna pregunta que no estás dispuesta a responder?

—No, no, no. Y si no estuviera dispuesta a responder se los diría (ríe). Pero hasta ahora no se ha dado este caso.

—No te hacen preguntas comprometedoras...

—Sí son comprometedoras, pero hacer un espectáculo así es comprometido o no debe hacerse. El primer compromiso es con uno mismo. Y en este caso donde no hay un personaje para esconderse atrás, es mucho más expuesto y comprometido.

—¿Qué te llevó a hacer este tipo de show después de dos experiencias tan fuertes como “Tita” o “Eva”?

—La ley del contraste. Por ejemplo que no tenga un personaje por delante. En lugar de ser 70 u 80 personas estoy sola. Es autobiográfico completamente y no estoy contando la historia de otro.

—¿Qué te provocó la necesidad de hablar de vos misma?

—Creo que ya es tiempo para que pueda hacer eso. Y es una necesidad interior. Los artistas hacen eso. No es una necesidad de marketing, qué es lo que va a vender más. Creo que es lo que uno siente que necesita hacer en ese momento. Si coincide con lo que el público está buscando será un éxito, si no coincide, no lo será tanto. Pero los artistas que duran mucho tiempo no hacen su tarea buscando el éxito. Hacen su tarea buscando expresarse y ser ellos mismos.

—Después de tantos años de carrera, ¿cuál fue tu mejor momento?

—Este. Además como es el único día que tengo tiene que ser el mejor.

—¿Eso es algo que intentás transmitirle al público?

—Sí, desde luego. La necesidad de ser felices ahora. No mañana, no pasado, no ayer, cuando eramos felices. Ser feliz ahora y que recuerden que este día no vuelve. Y que hay que aprovecharlo completamente. También está basado en el poder de las creencias que nos limitan. Sobre todo en estas dos cosas: la importancia de ser feliz y en reconocer cuánto poder le damos a las creencias que nos limitan. Y tratar de cambiarlas, porque las creencias crean la realidad.

—¿En qué momento tomaste conciencia de eso?

—Hace treinta años, pero no fue algo abrupto. Los cambios en la evolución son muy lentos. Es un camino que todavía estoy caminando y es un camino que todavía me queda para recorrer hasta el último segundo de mi vida. No es una escalera el cambio o la evolución. Es una rampa.

—¿Hoy prevalece la necesidad de una salvación personal y no tanto del mundo, como podía ser en los 60 o 70, en tus primeros años de militancia y compromiso político?

—Yo lo que he descubierto es que nadie puede dar lo que no tiene. Y que si queremos darle algo a alguien hay que tenerlo primero. Y que la ayuda más grande que uno puede brindar a otro es estar equilibrado y feliz. Y (hacerlo) desde ese lugar. No desde la frustración, no desde la ira, no desde la envidia, no desde el resentimiento. El verdadero amor es un amor que no controla, que no manipula y que no se preocupa por el otro, sino que le da al otro lo mejor que él tiene. Eso, el que logra hacerlo, sabe que es una revolución.

—¿Creés en las revoluciones?

—Interiores. Hasta que no hagamos la revolución interior nada va a cambiar afuera. Ya nos dimos cuenta ¿no?. Espero. Cuando no hay paz adentro, hay violencia afuera. Esa es la ley.

—¿Y a nivel del país...?

—Cuando no hay paz adentro, hay violencia afuera. Eso vale para todo.

—¿Esto que comentás tuvo que ver con tu renuncia a la banca de diputada?

—La política no es para mi. Soy políticamente incorrecta y soy una librepensadora.

—¿Te trajo problemas esa actitud?

—No, sinceramente no. Yo he tenido verdaderos problemas en la vida. De todo tipo, hermano. Porque soy un ser humano. Verdaderos problemas.

—¿Ahí empezó el cambio...?

—(Piensa unos segundos) Dicen que cuando uno se harta de ser como uno es, cuando se harta de sentirse mal, encuentra una puerta. Hay que ver si uno está decidido a abrirla. Pero uno tiene que llegar a ciertos puntos para hacer un cambio.

—¿Hoy se puede pensar en algo verdaderamente transgresor en la cultura y el arte, al estilo del DiTella?

—Todo es más difícil porque el sistema está muy amurallado, a pesar de que antes parecía que reprimían más. (Hace una pausa) Sí, reprimían más, pero eran también más burdos, más brutos. Hoy todo se ha sofisticado mucho y un artista que quiera hablar con su voz propia lo tiene muy difícil porque si no canta la canción que se va a vender por quince días, si no hace la televisión que tenemos que soportar, si no pinta el cuadrito que le gusta al que cree que se va a vender, es muy difícil filtrarse. Antes había más huecos para filtrarse. La verdad es esa. Y eramos una generación más peleadora también. Pero la verdad es que hoy yo lo veo mucho más difícil el acceso a romper ciertas estructuras, a hablar con la voz propia porque está el concepto de manada muy, muy internalizado.

—¿Como si finalmente en este contraste entre ideología y mercado, hubiese ganado el mercado?

—O las ideologías. Porque yo creo que se terminaron las ideologías. Tiene que aparecer la nueva utopía. Del mismo modo que los individuos cuando se cansan de sufrir y de fracasar abren una puerta nueva, las sociedades hacen lo mismo.

—¿Volverías a la televisión?

—Tuve la suerte que cuando hago alguna cosa, está bien hecha, bien producida. Pol-ka no está haciendo los unitarios tan cuidados y que era un placer hacerlos y para el público verlos. También hice una novela que fue muy icónica como “El tiempo no para”. Cuando hago televisión, tuve la oportunidad de hacer cosas especiales. En este momento no hay nada que esté apareciendo. Y está bien. De vez en cuando me gusta hacer televisión porque para un actor entrenado es un buen ejercicio.

—¿Qué te pareció la película “Cruzadas”? (con Enrique Pinti y Moria Casán, dirigida por Diego Rafecas)?

—Era una buena idea, y bien arriesgada. A mí las ideas arriesgadas me gustan. Podría haber sido ¡Wow! o podría haber sido mmm...., que fue un poco mmm..., pero valió la pena. En el cine es muy difícil arriesgar. Más difícil que en el teatro todavía porque es más costoso, más complicado, porque depende de muchas otras estructuras que se tienen que ayudar. Así que alguien que hace una cosa más loca me parece que debe ser apoyada. Tiene derecho a equivocarse el artista. Es más, tiene la obligación de equivocarse.

—¿Te pasó?

—Uh... ¡por supuesto! El más grande director que tuve de teatro, un irlandés que dirige en Londres, lo único que nos decía cuando ensayábamos era “Go Wrong!”. Equivóquense , equivóquense . Por eso
cuando todo va a lo seguro, es el fin del arte.

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