Escenario

"Lo mediático me divierte, siempre fue un don ser caradura"

El rosarino Damián Basile se llevó el gran premio de "Bake Off" en una final de antología. El vértigo de la fama fugaz y sus planes como pastelero.

Domingo 12 de Julio de 2020

En la última semana, Damián Basile se convirtió en la persona más buscada por los medios. No es para menos. El rosarino se consagró como el ganador de “Bake Off”, el programa de TV más visto durante la cuarentena, y lo hizo en una final atípica, tensa, que tuvo en vilo a millones de personas frente al televisor. Damián —31 años, de barrio Echesortu, fan de Madonna, hijo de una maestra y de un herrero/músico— se impuso en el último envío del ciclo a Samanta Casais, una polémica participante del reality de cocina que fue descalificada a último momento.

   “Bake Off” se grabó el año pasado, pero recién este 2020 salió al aire. La ganadora en primera instancia había sido Samanta, una porteña de 29 años que brillaba como pastelera. Sin embargo, cuando el reality empezó a salir al aire por Telefe, en las redes sociales y los medios comenzó a ventilarse el pasado de esta participante como pastelera profesional, cuando el reglamento del programa dice claramente que la competencia es sólo para amateurs. El público no tardó en condenar a Samanta, y la producción del ciclo tuvo que tomar cartas en el asunto y decidió descalificarla. Damián, que había quedado en el segundo puesto, subió al podio ganador para alegría de todos, con hinchada propia de famosos y mucha repercusión en las redes sociales.

   “Lo mediático me divierte, siempre fue un don ser caradura”, dice ahora el rosarino entre risas, aliviado y feliz, mientras cumple una cuarentena estricta en su casa, después de haber viajado a Buenos Aires el fin de semana pasado. Damián hizo un viaje relámpago para grabar la “nueva final” de “Bake Off”, que incluyó la descalificación de Samanta delante de la misma participante. En charla con Escenario, el pastelero estrella habló del vértigo de las últimas semanas y lo difícil de mantener los pies sobre la tierra con tanta exposición de golpe.

   —¿Cómo se grabó la nueva final del programa?

   —Fue una locura. Yo venía viendo los rumores que circulaban y en casa uno hacía sus suposiciones, pero yo no quería pensar de más y esperé a ver qué decía la producción. El miércoles (1º de julio) me llamaron y me dijeron que tenía que estar en Buenos Aires el sábado, que todavía no habían tomado una decisión pero que tenía que estar allá. Ahí ya me puse a temblar porque me imaginaba por dónde venía la mano. Pero lejos de pasar un momento de nervios también lo disfruté, porque fueron como unas mini vacaciones: me pasaron a buscar, me llevaron a un hotel para que no tuviera contacto con nadie y al final lo terminé disfrutando.

   —¿Cuál fue tu primera reacción cuando te enteraste por las redes y los medios que Samanta tenía un pasado como profesional, teniendo en cuenta que vos ya sabías que ella había ganado?

   —Yo nunca la vi como profesional, porque no estudió ni tiene título, pero sí es cierto que ella tuvo un pasado que nosotros no habíamos tenido y que por ahí ella lo tendría que haber aclarado. En un primer momento, lógicamente, me sentí más afectado que el resto por mi condición de haber estado en un segundo puesto. Pero me comuniqué enseguida con la producción y esperé hasta que tomen la decisión.

   —¿Algo cambió con Samanta? ¿Pudiste hablar con ella?

   —Sí, por suerte pudimos aclarar las cosas, en el sentido de que ella omitió información que era importante en el momento de ingresar. Por suerte lo pudimos hablar bien y nos sentimos más cómodos. Siempre tratamos de recordar que fuimos compañeros y que compartimos un montón de cosas en el programa, y no está bueno que todo lo hermoso que pasó se opaque por algo que ya tuvo una resolución.

   —En este tiempo sumaste miles de seguidores en las redes sociales, tenés una hinchada propia de famosos, Tinelli te invitó a participar en un futuro en el “Bailando”... ¿Es posible mantener los pies sobre la tierra con tanta adulación?

   —Es medio difícil, pero yo también soy consciente, porque lo he visto en muchas ocasiones, que hay que trabajar y hacer muchas cosas para mantenerse, porque lo que fácil viene seguramente fácil se va. De todas formas, la repercusión que tengo ahora me hace muy feliz. Que me arrobe Marcelo Tinelli, o que Moria Casán me bendiga y me diga que soy un angelado... Nada, soy feliz (risas).

   —¿Cómo te anotaste para participar en “Bake Off”? ¿Fue iniciativa propia? ¿Te animaron tu familia o tus amigos?

   —Yo en ese momento estaba trabajando como vendedor en una empresa de alimentos y visitaba kioscos y almacenes. Un día estaba vendiéndole a una clienta con la cual tenía un poco de confianza. Ella tenía mi número de whatsapp y a veces veía que yo subía fotos de tortas. Y ella me preguntó: “Che, Dami, ¿te anotaste en «Bake Off»? Porque ahí dijeron en Telefe que está la inscripción abierta”. Yo era muy fan del programa, pero no estaba enterado, y ahí nomás agarré el celular y empecé a llenar el formulario de inscripción en la calle (risas). Después más tranquilo en casa grabé el video que había que mandar para inscribirse. El video lo mandé el último día a las once de la noche. Justo en el límite (risas). Y al otro día me llamaron. Para entrar tuve que pasar por varias instancias: tuve que ir a Buenos Aires con una torta, después tuve que ir a cocinar allá con cámaras... Fueron momentos de muchos nervios, pero ahora con el paso del tiempo lo veo como algo muy divertido.

   —¿Dejaste tu trabajo como vendedor?

   —Sí. En la empresa tuvieron la amabilidad de darme unos días para ir a los castings. Pero cuando ya me fui a Buenos Aires a grabar, al no saber cuándo iba a volver, y al no tener más licencias que me pudieran dar, ahí sí, el primer día de grabación fui al Correo y mandé el telegrama de renuncia. Me la rejugué.

   —¿Heredaste de alguien el gusto por la pastelería? ¿Cómo aprendiste?

   —No, no lo heredé de nadie, porque en casa no encontrás ni un pote de dulce de leche (risas). Aprendí por el deseo de tener algo rico para comer y la coincidencia de que nadie en casa lo haga (risas). Fui aprendiendo con videos, investigando en Internet. De chico también miraba programas de cocina porque me gustaban mucho, pero no llevaba nada a la práctica. Y también hice unos cursitos para aficionados que daba una amiga de la familia. Los daba en su casa y eran unos momentos súper cálidos, porque después compartíamos una degustación y tomábamos café. Esos cursos también me despertaron algo, como una vocación.

   —¿Qué planeás hacer con los 600 mil pesos del premio?

   —En principio tengo que pagar algunas deudas, como buen argentino (risas). Me gustaría tener un localcito donde vender pastelería, pero siento que tengo que estar mucho más preparado y con la cabeza más despejada para ocuparme de eso. Sé que cuesta, pero con esfuerzo lo voy a lograr. También quiero estudiar el próximo año, y ver qué escuela me conviene más. Estos días de cuarentena me van a dar tiempo para pensar.

   —Ya se te nota bastante canchero con los medios, no sos para nada tímido. ¿Te gustaría trabajar en televisión?

   —Lo mediático me divierte, siempre fue un don ser caradura (risas), pero no me gustaría perder de vista lo que realmente me gusta, que es la pastelería.

El proyecto compartido con Agustina

Damián Basile no sólo se llevó el gran premio de “Bake Off”. También conoció a una amiga. El rosarino se hizo muy compinche de Agustina Guz, la participante que quedó en tercer lugar en el certamen, y ahora los pasteleros están planeando un proyecto juntos: el espacio De A Dos. “Con Agustina estamos armando un espacio donde vamos a dar clases y vamos a invitar a profesionales de la pastelería muy grosos”, adelantó Damián. “La idea es que cuando tomen una clase no sea algo estrictamente teórico, sino que compartamos, que nos riamos un rato y lo disfrutemos”, apuntó. En principio las clases se darán en forma virtual a través de la cuenta de Instagram @espaciodeados y en la página www.espaciodeados.com. Cuando regrese la “normalidad”, piensan brindar clases en persona en Rosario y Buenos Aires.

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