Escenario

Litto Nebbia celebra los 50 años del rock argentino y afirma: "Me siento reconocido"

El rosarino habló sobre la relación con el resto de los bronces del rock nacional y además de la pérdida del podio, es decir, los motivos por los cuales fue expulsado alguna vez del paraíso rocker.

Sábado 06 de Junio de 2015

Nadie mejor que Litto Nebbia para celebrar en vivo los 50 años del rock argentino. Una buena excusa, además, para hablar de este medio siglo de rock en castellano con quien fuera su padre: sobre la ciudad natal, Rosario; el país de las últimas cinco décadas, la política, los discos, sobre la relación con el resto de los bronces del rock nacional y además de la pérdida del podio, es decir, los motivos por los cuales Nebbia fue expulsado alguna vez del paraíso rocker.

   Se sabe, nadie mejor que Nebbia para subirse esta noche al escenario del Parque de España y junto al octeto Aire Frasco + Los Reyes del Falsete, recorrer sus canciones de los últimos 50 años, desde Los Gatos Salvajes, cuyo primer álbum de 1965 está considerado el primero de rock de autor en castellano, pasando por los inolvidables Los Gatos y desembocar en el extenso cancionero de su etapa solista.

   — ¿Qué seguís teniendo de aquel rosarino fundacional del rock nacional?

   —La misma ilusión, pasión, vocación... Gracias al cielo, es mi destino.

   —¿En qué cosas creías en aquellos tiempos de post-adolescencia que hoy ya no creés?

   —Cuando se trata de sueños, cualquiera sea, sigo creyendo en ellos, porque estoy acostumbrado a ser muy laborioso para lograr algunos objetivos. A pesar de que a veces parezcan fantasías, no es en vano luchar por ellas. Todo eso siempre está intacto. Pero es cierto que la experiencia de todo lo vivido te enseña a ser realista, a no confiar en castillos de arena, que abundan alrededor de esta profesión.

   —¿El país también es otro o, en el fondo, se siguen discutiendo los mismos temas?

   —El país, el mundo completo, tuvieron cambios notables. Hay mucha más desesperación por las cuestiones materiales. También hay mayor violencia que antes. Mucho de esto responde, en parte, a una suerte de despolitización que sufrió, concretamente, nuestro país. Estos últimos años, desde los gobiernos de los Kirchner, emergió nuevamente cierta preocupación por la política. Cuando me refiero a política, para nada pienso en un partidismo determinado, sólo en el sano interés que cada ciudadano debiera tener por lo que sucede en su país.

   —Seguramente no imaginabas la revolución que se dio en lo tecnológico en estas cinco décadas...

   Claro que no. Hay aspectos positivos del adelanto tecnológico y alguna gente sabe aprovecharlo. En cambio a otra gente finalmente la transforma en perezosa. Lo que sí es seguro es que si usáramos un porcentaje más alto de estos adelantos en la salud y la cultura, el mundo sería mejor.

   —¿Los discos están desapareciendo?

   —La música se vende de cualquier manera. Quizá ya no importa tanto el formato. Los músicos necesitan su disco. La gente también lo necesita. Por otra parte, están cambiando los sistemas de venta, y por un lado esto nos favorece, porque no habrá tanta concentración monopólica.

   — Levantaron el site Grooveshark, ¿qué opinás?

   —Era uno de los sitios oportunistas que malpagaban a los músicos y compositores.

   —Hay cantantes que en 30 años se dañaron mucho la voz, apenas pueden cantar, no parece ser tu caso...

   —Me siento en plenitud y mi voz está muy bien. La voz no envejece. Además, estar permanentemente tocando te hace bien espiritualmente.

   —Rosario también es otra ciudad, ¿cómo la ves? Hoy hay una ciudad peligrosa que antes no existía...

   —Rosario es una ciudad peligrosa, quizá al mismo nivel que algunas divinas ciudades de México. Estoy enterado de las cosas que pasan por la prensa y también por amigos que me van contando. Lógicamente me da mucha pena. Nadie sabe cómo resolver estas consecuencias que trae el mundo de las drogas.

   —¿Queda algo de aquel Litto rosarino?

   —La esencia de una persona está originada en las cosas que aprendió y vivió desde su niñez. Mis padres me transmitieron con mucha fuerza y claridad esta vocación. Esto es algo que, por suerte, no se irá jamás de mí.

   —¿Cuál creés que fue tu mejor disco en tu etapa de hombre maduro?

   —Nunca podré ser objetivo, pero puedo citar algunos que me parecen bellos y creativos. “Argentina de América”, del 92; “El hombre que amaba a todas las mujeres”, de 1998; “The Blues”, parte uno, con La Luz, de 2007; “Soñando barcos”, de 2009, y con Aire Fresco, “Varieté Cantabile”, de 2014.

   —¿Cuál fue tu relación con Charly, Spinetta, Fito, Pappo y Calamaro?

   —Siempre fue buena, respetuosa y con algunos visos de camaradería. A todos los conozco y me conocen desde el inicio. Con algunos he podido compartir más cosas que con otros. Cuestiones de carácter y formas de vida. Con Charly desde su inicio con Sui Generis, él era gran admirador de Los Gatos. A Spinetta lo conocí cuando tocábamos en el programa de TV “Escala musical”, donde cada domingo aparecía tocando un tema el grupito ganador de un certamen semanal que realizaban. Entonces aparecieron Los Larks, cantando un tema en inglés de The Kinks, “Set Me Free”. El cantor era Luis y el batero era Rodolfo García. Con Pappo zapábamos en un boliche de la avenida Rivadavia por Once, donde entre otros asistíamos Hugo y Osvaldo Fattoruso, Ricardo Lew, Spinetta y yo. Era 1969 y cuando surgió la posibilidad de rearmar Los Gatos y hacer dos nuevos discos, como el violero original Kay Galifi se había casado y permanecía en Brasil, se me ocurrió meter a Pappo. Toda su vida fue un agradecido por esa oportunidad, y mantuvimos un año lleno de giras y aventuras hasta que la banda se separó definitivamente. Fito y Andrés son más jóvenes. Con Fito nos conocimos cuando desembarcaron en Buenos Aires con la Trova, con Baglietto, Silvina, Goldín y todos. Con Andrés más tarde, porque él además no vivía por aquí. Estrechamos muy buena unión afectiva cuando realizamos el disco “El palacio de las flores”. Todo el tiempo recibo elogios y alta confianza de cualquiera de los dos. Es muy buena la actitud que tienen ambos de reconocimiento, no sólo hacia mí sino en general. No olvidemos que estamos en un ambiente donde todos son “número uno” (risas).

   —La historia oficial del rock argentino fue un tanto injusta con vos, a pesar de encabezar el podio fundante... ¿por qué?

   —No comprendo a qué o a quienes reconocés como la historia oficial del rock argentino. ¿A la gran industria discográfica, a los productores de espectáculos, a los medios gráficos, a quien?

   —A muchos de los que escribieron y escriben la historia del rock, libros o artículos en las revistas especializadas, sobre todo ese tipo de periodismo o historiadores del rock; también algunos productores, los que hacen películas sobre el rock, todos muy concentrados en la city porteña, allí donde pareciera que empieza y termina la historia del rock argentino y tantas otras historias...

—Me interesa la pregunta, pero realmente me gustaría que me dijeras por qué creés que la historia ha sido injusta conmigo. Me gustaría que lo ampliaras, porque muchas veces me preguntan en algunos reportajes cuestiones que “se dicen”, pero nunca se explicita su origen.

—¿Del por qué te bajaron del podio? Quizá por no haber nacido en uno de los 100 barrios porteños, o seguramente por haber sido el primero en sacar los pies del plato para experimentar otras músicas junto a músicos que no eran de ese palo... no sé, tal vez una mezcla de ambas cuestiones, ¿vos que creés?

—Que este ambiente es de una gran competencia, donde reina mucha envidia y celo artístico. Soy una persona con una línea muy firme, que vengo desarrollando desde mi adolescencia. Digamos que no soy la persona indicada para tragarse posturas falsas ni soportar vanidades. Pero sin embargo yo me siento muy bien reconocido. Todos los días de mi vida, por donde sea que vaya, se me acerca alguien para agradecerme el haber escrito alguna canción que oportunamente lo ha acompañado. Soy uno de los músicos más prolíficos en composición y en discografía, y con mis canciones ya recorrí aproximadamente 20 países. Y todo esto lo logré haciendo a despecho únicamente lo que me gusta, lo que aprecio, sin tener que venderme a nadie ni a nada. ¿Qué más puedo pedir? De cualquier manera estoy de acuerdo en que muchas veces hubo falta de reconocimiento hacia mí, por la sumatoria de las cosas que citás. Sobre todo por no prestarme al circo del rock. Por pretender evolucionar y fusionarse con otros músicos. Pero especialmente por crear un sello independiente, que desde que nació está totalmente fuera de la industria. Esta posición que mantengo hace que mucha gente me admire, pero también que existan los que me detestan. Allá sus corazones.

   — ¿Es cierto que una vez el productor de Sui Generis, Jorge Alvarez, les prohibió a Charly y a Nito que tocaran con vos? ¿Cómo fue esa historia?

   —En 1971 yo estaba con mi grupo Huinca, que duró solo un año y grabamos un solo álbum. Tocábamos por muchos lados y un día nos tocó presentarnos en Mar del Plata. Esto fue en el Teatro Diagonal de Mardel, y allí presentamos como teloneros de nuestro concierto a Sui Generis. Eran un quinteto en ese inicio. Después, me gustó mucho su primer LP “Vida” y nos caíamos bien. Más adelante los invité a cenar a mi casa. A Charly a Nito y también a María Rosa Yorio. Lógicamente nos pasamos la noche charlando y tocando temas y hablando de proyectos. Entonces surgió la idea de que dos temas de su nuevo y segundo disco, los tocáramos con el trío que yo compartía junto a Jorge “Negro” González en contrabajo y Néstor Astarita en batería. Llegamos a ensayar el par de canciones, pero unos días antes de que se hiciera la grabación, los chicos me comentaron que al productor Jorge Alvarez no le parecía buena idea que yo estuviera con ellos. No sé más nada.

   —¿Qué versión de “La balsa” vas a tocar en Rosario?, ¿la original, la extensa improvisación, alguna nueva mirada...?

   —Vamos a tocar una versión que comienza con el viejo histórico arreglo de “Chica de Ipamema” de Tom Jobim, y al rato debajo de esas capas va apareciendo el esqueleto de “La Balsa”. Así la grabamos en el álbum doble.

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