Escenario

Leonardo Sbaraglia: "La persona libre es la que aprende a desobedecer para inventar algo nuevo"

El actor dijo que la obra "El territorio del poder", que protagoniza este jueves en el teatro Broadway, podría llamarse "La conquista del cuerpo" o "del propio deseo". En diálogo con Escenario, también habló de la "deshumanización".

Miércoles 14 de Abril de 2021

Leonardo Sbaraglia sostiene que la cultura es algo esencial, no tan esencial, aclara, como lo son los médicos, el personal de salud o los docentes, pero, insiste, dado que actuar es lo que ha “perseguido toda la vida”, afirma que “casi naturalmente te da ganas de salir a construir metáfora en medio de este momento”.

  Claro, el poder que todo lo toca y todo lo arrasa, no es tan solo una metáfora. Y sobre eso radica la esencia de su espectáculo “El territorio del poder”, que se presenta mañana, a las 21, en el teatro Broadway (San Lorenzo 1223), junto al guitarrista Fernando Tarrés y el violinista Damián Bolotín.

  “La forma de la obra tiene mucho que ver con el contenido. En cada función estamos tratando de inventar algo, ellos son músicos muy acostumbrados al jazz, que tiene mucho de ese intercambio dinámico, improvisado, de ir construyendo. Muchas veces a mí me leen como si fuera un instrumento más y yo los leo a ellos, y eso hace que en cada función siempre salga diferente”, dice Sbaraglia sobre esa esencia de romper, de quebrar, para alumbrar otra cosa que tiene esta propuesta que ya lleva seis años en escena .

  Es un poco la base de este espectáculo, en el que a través de textos, música, imágenes audiovisuales y una representación teatral que atraviesa el tiempo en los relatos, propone sortear esos lazos de poder que inspiran sometimiento y atreverse a desobedecer y ser libres para inventar algo nuevo.

  —¿Cuál es el poder más temible: el que marca un territorio o el que es tan fuerte que atraviesa todo de un modo invisible?

  —Más allá de la pregunta, siempre digo que “El territorio del poder” se llama así pero podría llamarse “La conquista del cuerpo” o “La conquista del propio deseo”. Sería el cuerpo como un territorio del poder, como una herramienta que fue perdiendo sentido humano y transformándose desde muy temprana edad en la historia en una herramienta funcional a los poderes que sometían a esos cuerpos, como si fuera un herramienta deshumanizada, ese es en parte el objetivo del espectáculo. En cuanto al poder más temible, hay algo que dice (Elías) Canetti, que es un texto que tenemos en la obra: “La primera orden impartida mucho antes que hubiera seres humanos es una sentencia de muerte, le hes dictada al animal por alguien más fuerte, su efecto es la fuga, lo uno anuncia que quiere devorar a lo otro, de ahí la mortal seriedad de la fuga. El peligro siempre tiene una forma, sin suponer esa forma ningún animal huiría, tan sólo importa la intensidad de la amenaza, de la mirada, de la voz, de esa forma que imponga el terror”. Eso dice Canetti, también se pregunta si es natural la orden o es una construcción. Es una construcción tomada por el ser humano en su forma amenazante y terrorífica justamente para generar una sensación de sometimiento sobre otros seres humanos, o sobre animales, o sobre esclavos cuando los había. Es interesante, porque el texto plantea todas estas cuestiones que el propio ser humano fue investigando y reflexionando y el tema es ver cuál es la manera de empezar a desobedecer esas órdenes. Esa sería la hipótesis que maneja el espectáculo: que el hombre o la mujer libre es aquel que aprende a desobedecer y a eludir esas órdenes con la capacidad de inventar algo nuevo.

  —¿Qué te inspiró a participar de esta obra?

  —La obra la fuimos armando con Fernando Tarrés, con quien nos conocimos de casualidad en un homenaje a Rodolfo Walsh que se hacia donde funcionaba la Esma y ahora está el Centro Cultural Haroldo Conti. Nos convocaron a los dos, y ese espectáculo tenía una dinámica parecida a este, ya sea en lo visual, en las imágenes cinematográficas, la música y un actor leyendo en un atril los cuentos de Walsh. Nos entusiasmamos, lo quisimos seguir haciendo, pedimos los derechos pero la hija de Walsh no los dio, nunca entendimos por qué, nunca pudimos dialogar con ella, y de ahí empezamos a enhebrar otro espectáculo, con la misma dinámica y funcionamiento, que se transformo en “El territorio del poder”. Convocamos diferentes textos que son relatos en primera persona que dan cuenta de situaciones de personas ordinarias en situaciones supuestamente extraordinarias. Pero si las vas viendo estadísticamente a lo largo de la historia, prácticamente la historia de la humanidad se ha hecho a base del sometimiento, del terror, del uso de la fuerza, así como también se hizo a base de valentía, de desobediencia y de revoluciones. Están presentes las dos cosas y eso nos interesaba ponerlo en escena, no porque tuviéramos la solución, no estamos superados, estamos dentro de ese sistema, pero la idea es empezar a verle el esqueleto a esa dinámica para ver qué otra cosa se puede armar.

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  —¿El contexto de la pandemia obliga a un actor a involucrarse con temas tan sensibles como el del poder?¿Sentiste la necesidad de poner el cuerpo más que nunca en este momento?

  —Hace seis años que hacemos este espectáculo, estuvimos a punto de dejar de hacerlo, pero la vida y las circunstancias del mundo hacen que siempre tenga sentido seguir haciéndolo y que vaya cambiando el sentido. De hecho el espectáculo se ha ido moviendo, se ha transformado en otra cosa en todo este tiempo y los efectos de lo que está ocurriendo en los últimos años lo determina de una manera más sensible y hasta más poética. Y sí, yo creo que hay una necesidad de poner el cuerpo, desde el lado de uno siempre está esta discusión si la cultura es o no esencial. No será esencial como la actividad de un médico, un enfermero, o un trabajador de la salud y la educación, por supuesto, pero hay algo en la cultura que es la posibilidad de atravesarnos por medio de la poesía, de la metáfora, y que creo que realmente es muy necesario. Y para uno que lo ha hecho toda la vida y que ha perseguido eso toda la vida, casi naturalmente te da ganas de salir a construir metáfora en medio de este momento.

 —¿Qué perfil resaltaste para componer a Guillermo Cóppola en la serie de Maradona y qué fecha tentativa tiene ese esperado lanzamiento de Amazon?

  —No sabemos nada de la fecha, creo que será este año Covid mediante, está todo determinado por lo dramático y agudo de lo que estamos viviendo, hay un sólo enemigo acá y se llama Covid. Desgraciadamente tengo muchas cosas para estrenar que hice en los últimos años y hay que tener paciencia. En relación a la serie de Maradona, yo tuve una pequeña aparición en el primer capítulo y grabé dos o tres capítulos un poquito mas intensos en la primera temporada, pero lo suficiente como para poner en la mesa a un personaje tan variopinto y colorido como es Guillermo Cóppola. Traté en principio de no hacer una imitación, sino tener una propia interpretación de lo que fue ese personaje en la vida de Maradona, y esa relación de amor tan profunda que tenían entre los dos. Es un personaje con un gran magnetismo, con una gran posibilidad de seducción, que te dan ganas de estar con él, de acompañarlo, que te dan ganas de hacer fiestas con él (risas). Es un canto a la vitalidad, a la vida, y esa fue un poco la idea, ojalá que eso quede reflejado en la serie.

  —¿Qué proyecto artístico tenés por delante a punto de estrenar?

  —Estamos preparando un nuevo espectáculo con el mismo equipo de “El territorio del poder” que se va a llamar “Hambre”, más allá de lo literal tiene que ver con la idea de esa sensación de fruición de querer ir adelante en algo. Hay muchos relatos con esta idea, como puede ser una persona que aprende a escribir, ese hambre por saber, por ejemplo. Después tengo mucho por estrenar, está la película de Ariel Winograd “Hoy se arregla el mundo”, sin fecha de estreno; “Corazón errante”, que la hice en 2019; la serie de Barcelona “Todos mienten”; la serie de Maradona, también sin fecha de estreno. Así estamos, llenos de producciones que tienen que ver con crecimiento y con la carrera, pero está todo congelado, como si tuviéramos la vida profesionalmente congelada.

  —Filmaste mucho en España, donde viviste 8 años y hoy es como tu segundo hogar, pero ¿con qué director o directora te gustaría hacer una película?

  —Y... me encantaría trabajar con Lucrecia Martel (N de la R: la realizadora argentina de “La ciénaga” y “Zama”, entre otras), y también con Adrián Caetano, con quien ya filmé “El otro hermano”. Pero Lucrecia es una directora con quien creo podríamos entendernos muy bien, me gustaría poder participar en sus películas y también de su lenguaje.

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