Escenario

Lecciones para hablar de la humanidad sin solemnidad

¿Qué tienen en común "Peaky Blinders", Tarantino y las revistas GQ y The Chap? La amplia variedad de personajes que reúne Guy Ritchie en sus películas más personales -torpes, inescrupulosos, mafiosos, buscavidas, violentos o ingenuos- podrían formar parte tanto de esas opciones como de una inexistente guía Debrett's del hampa y los bajos fondos de Londres en su reunión anual, sólo que en esta ocasión "Los caballeros" se reúnirían en Downton Abbey.

Miércoles 04 de Marzo de 2020

¿Qué tienen en común “Peaky Blinders”, Tarantino y las revistas GQ y The Chap? La amplia variedad de personajes que reúne Guy Ritchie en sus películas más personales -torpes, inescrupulosos, mafiosos, buscavidas, violentos o ingenuos- podrían formar parte tanto de esas opciones como de una inexistente guía Debrett’s del hampa y los bajos fondos de Londres en su reunión anual, sólo que en esta ocasión “Los caballeros” se reúnirían en Downton Abbey. Cuando el director no se dedica a rodar franquicias o películas de grandes estudios, su estilo tiene una mezcla de mugre y clasicismo, de crudeza y poesía de Bukowski infiltrada en una novela de Jane Austen o de un Kerouac pasado de rosca. Ahora presenta sus personajes como si se tratara de un grupo de outsiders incomodando a los invitados a un cóctel en el MET. Algo perfectamente verosímil, como ocurrió cuando los Panteras Negras compartieron los salones de Leonard Bernstein con vista al Central Park con la sofisticada aristocracia neoyorquina como testigo, según contó Tom Wolfe en “La izquierda exquisita”. Pero lo que hace Ritchie no son piezas tiradas al azar ni producto de una impostura cool. Si bien el director suele dar cierta libertad a sus actores, tiene fama de ser riguroso. Ritchie filma con un estilo propio y una edición que le da a sus películas un ritmo constante, un guión preciso con giros abruptos, con personajes heterogéneos y un lenguaje cinematográfico refinado hasta la obsesión, además de tramas que se cruzan, diálogos cargados de cinismo y un estilo entre el slapstick y el cine negro. Esa fusión y riqueza visual y narrativa genera empatía y proyecta en la pantalla la complejidad humana en toda su atrocidad, belleza o sinsentido y hace que cada regreso a las fuentes de Guy Ritchie sea un motivo para disfrutar.

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