Escenario

"Las personas ni los personajes son lineales"

La actriz Vanesa González contó cómo encaró su transformación en la comedia policial que se estrenó el jueves en Rosario.

Domingo 03 de Febrero de 2019

La actriz Vanesa González, quien interpreta en la película "Los últimos románticos" a una mujer que varía en 180 grados las apariencias que da desde su primera aparición, sostuvo que "las personas ni los personajes son lineales".

"Creo que todo lo que le va pasando al personaje durante la película es una frustración por no poder llevar adelante la familia, problemas de pareja y mala comunicación. No soy de creer en las caras opuestas, todos tenemos nuestra parte oscura, la cual tampoco es mala; es donde se refugia lo que uno no puede lograr y que a veces nos lleva a tomar decisiones que no son las mejores", dijo González en una entrevista con Télam.

Dirigida por el uruguayo Gabriel Drak y protagonizada por Juan Minujín, "Los últimos románticos" -que se estrenó el jueves- es una comedia policial en la que dos amigos, Perro y Gordo, se encuentra con la oportunidad de su vida al hacerse con cuatro millones de euros.

La Flaca, personaje encarnado por González, es la esposa de Perro y uno de los conflictos por el cual el protagonista intenta salvar a su matrimonio y a su familia del fracaso eterno al que él mismo los fue arrastrando desde su mudanza en Montevideo hacia un olvidado paraje de la costa uruguaya.

Con algunos destellos lisérgicos, acompañados por dos personajes que viven fumando y cultivando marihuana, la corrupción policial, los engaños amorosos y las estafas están a la orden del guión para resaltar, como dice un personaje, la máxima de "pueblo chico, infierno grande".

—¿Cree en la frase "pueblo chico, infierno grande"?

—No es algo que tenga muy presente ni que utilice, pero calculo que tiene que ver con que todo lo que existe socialmente está reducido y mucho más cerca... lo que se pretende ocultar y tapar. Calculo que "infierno grande" ese eso, que esté cerca y comprimido. Eso hace que sea mucho más enorme.

—Con una carrera nutrida dentro del cine, la televisión y el teatro, ¿qué destaca de cada ámbito en su formación?

—La tele tiene un entrenamiento intensivo con respecto a lo que es resolver en velocidad y tenés que recurrir más al oficio que a la vocación. Es muy interesante, pero hay que deconstruirlo para poder hacer otro trabajo. Esa parte no la tranzo. No me quiero encontrar en el lugar del que se repite todo el tiempo. Esta profesión la elegí para que mis personajes sean distintos a mí. El cine es más una entrega de tu tiempo a esa película, a los tiempos y deseos del director, que es el que tiene la historia en su cabeza; tenemos que entender su lenguaje. Son tiempos de mucha espera, quizá hacés 20 veces una escena y verla en el cine es tan enorme y distinta a la tele. Y el teatro es lo que más me hace feliz en la vida, es mi lugar. Es donde me gusta experimentar y hacer crecer mi instrumento, cumpliendo deseos y haciendo crecer el personaje de función a función.

—En un reportaje dijo: "Los actores nos sentimos una especie de familia". Luego de la denuncia de Thelma Fardin, ¿puede decir que es como si esa "familia" se hubiera resquebrajado para salir fortalecida?

—No sé si conviene separar. El tema de Thelma es un millón de casos que existen. No está bueno esto de decir "los actores, los periodistas, los adolescentes". Está bueno que cada uno milite como ser humano y no separar. Lo que sí se pudo hacer desde el lugar de actores fue visibilizarlo y, desde ahí, animar a muchas chicas y chicos a contar sus experiencias. Encerrarnos en un margen de actores banaliza un poco lo que está pasando.

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