Escenario

Las nuevas canciones escritas a cuatro manos de Joaquín Sabina

Hoy se edita "Vinagre y rosas", que el español escribió junto al poeta Benjamín Prado. El álbum llega después de cuatro años de sequía artística del popular cantautor. Se sabe, las canciones de Joaquín Sabina pueden ser muy buenas, buenas o también de las otras, de las que se olvidan en la primera escucha. Pero siempre son humeantes. Humean como alcantarillas suburbanas bajo la lluvia.

Miércoles 18 de Noviembre de 2009

Se sabe, las canciones de Joaquín Sabina pueden ser muy buenas, buenas o también de las otras, de las que se olvidan en la primera escucha. Pero siempre son humeantes. Humean como alcantarillas suburbanas bajo la lluvia.

También, como escribe el ABC de España, Joaquín es un electrodoméstico: algo destartalado y carrasposo, pero electrodoméstico al fin y al cabo. Como una licuadora de la copla contemporánea; detrás del vidrio del gran vaso se pueden ver, apretujados, el crack del 29, Thelma y Louise, Apocalypse Now, John Wayne, Violeta Parra, el rojinegro de Mao... También, la crisis, ayuno y vacas flacas, la estampita con la cancha de Boca, la Puerta de Atocha, un café en Barracas, la esquina de cualquier ciudad del sur, una chica argentina en minifaldas, una foto de Gardel y otra de Dylan... agregamos desde esta orilla.

Canciones que echan humo por sus poros. Probablemente sean también así las de "Vinagre y rosas", el álbum que verá la luz hoy, después de cuatro años sin canciones nuevas. Si de números se trata también se puede dejar impreso que en 31 años editó 18 LPs de los que ha vendido más de 9 millones de copias. Y en eso sigue Joaquín Sabina, cuidando y puliendo las palabras. El disco nuevo trae 14 canciones de las cuales 10 Sabina firma junto al poeta y novelista español Benjamín Prado, una con Luis García Montero y otra con Violeta Parra (1917-1967).

Sabina explicó que durante los últimos cuatro años no escribió nuevas canciones. Que le faltaba la inspiración necesaria para hacerlas. Pero, dijo también, que junto a Benjamín hizo sonetos a cuatro manos aprovechando que el poeta madrileño estaba atravesando un pozo sentimental. "Nos fuimos los dos a Praga, era un viaje de amigos, pero al final acabó saliendo el núcleo principal del álbum. Realmente no sabemos qué hizo cada uno, nos peleábamos por cada acento, por cada coma, en una preciosa batalla, un bombardeo frenético de ideas", relató el músico, quien también se mostró encantado con el aporte de Pereza en el primer corte del álbum, "Tiramizú de limón". "Son unos Keith Richards jovencitos", comparó. "Hice un solo desafinado con las cenizas del amor, las verbenas del pasado gangrenan el corazón" canta Sabina en esa canción, anunciada como "un medio tiempo que arranca con cierto aire porteño y luego aparece bañada de rock, enriquecida con el acordeón de César Pop y unos coros en los que aparecen Joan Manuel Serrat, Guti (sí, el volante del Real Madrid) y Pancho Varona. "Acórtate la falda nueva, despiértate al oscurecer, túmbate al sol cuando llueva, no desordenes mi taller", pide el tándem bardo.

Después de aquel álbum "19 días y 500 noches", hecho de un tirón y sin dormir, según palabras de Sabina cuando lo vino a presentar a los periodistas en un hotel porteño en 1999, el cantor abandonó el miedo a su voz rota y decidió mostrarla "sin maquillajes". Con aquel trabajo quedó muy contento y no fue hasta ahora, con "Vinagre y rosas", que el español vuelve a estar satisfecho con la docena de nuevas canciones. Aunque hoy los miedos son otros: "Entre mis terrores y pesadillas está subir al escenario. Sueño que me subo y estoy en bolas sin saberme la letra de ninguna canción", confesó a la agencia Europa Press.

En paralelo al disco, también se editará un libro alrededor de la grabación firmado por el poeta y novelista Benjamín Prado.

 

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