Escenario

Las "huellas" de un pianista de jazz

Mariano Ruggieri presenta su nuevo disco en el petit salón de la Plataforma Lavardén.

Sábado 05 de Mayo de 2018

El pianista Mariano Ruggieri está convencido de que hay futuro en el jazz porque existe un presente de muchos músicos jóvenes formándose por caminos diversos y también porque hay músicos experimentados que siguen explorando.

El mismo Ruggieri se trazó un camino de búsqueda, experimentación e improvisación en su nuevo álbum, "Huellas", que sucede al detacado "Simple" de hace un par de años. Acompañado por un supergrupo integrado por Julio Kobryn en saxo, Jorge Palena en contrabajo y Sebastián Mamet en batería (los mismos músicos que tocaron en el disco), el talentoso pianista estará presentando en vivo el álbum hoy a las 21 en el Petit Salón de la Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza).

   —En "Huellas" el formato de tu grupo es el mismo de "Simple" pero el sonido es otro, sobre todo el del piano, ¿cómo lo ves vos?

   —Sí, es formato cuarteto igual que en "Simple", y el sonido creo que está demarcado por las composiciones. Hay temas con más desarrollo de las improvisaciones, algunos aires de vidalas por ahí escondidos, también algunos temas a trío y una versión del villancico "Noche de paz".

   —Si tendrías que explicarle a alguien que quiere contratarte cuál es tu estilo en el piano, ¿qué le dirías?"

   —El estilo en el que la improvisación sea de gran importancia. El jazz a lo largo de la historia creo que es el lenguaje donde la improvisación encuentra su mayor desarrollo. Se nutre de la música universal, la recibe, la transforma, la adecua y la devuelve en evolución permanente. Para eso es necesario crecer paulatinamente en un conocimiento de este lenguaje... historia, discos, músicos, eras y estilos.

   —En "Huellas" hay un tema que se llama "El gran McCoy", me imagino que es por McCoy Tyner. El dijo una vez en una entrevista: "Durante toda mi trayectoria, he estado muy consciente de mi propia cultura, herencia y patrimonio como afroamericano". Vos, como pianista de jazz de estas latitudes, de qué manera tenés en cuenta la herencia y la cultura local?

   —Es excelente lo que responde McCoy. La consciencia de primero sabernos humanos y hermanos, músicos en este caso, con nuestra identidad, historia, costumbres, vivencias... eso es parte esencial de toda actividad. Nosotros desde Rosario tocando jazz, muy lejos de donde nace este lenguaje, con el río Paraná atravesándonos, en una ciudad llena de alto nivel de rock, de tango, de folclore, de cancioneros... creo que todo lenguaje nos enriquece y en el momento de tocar cualquier estilo llevamos adentro un poco de todo. Probablemente nacimos y crecimos escuchando música muy diversa, que quizás hoy no elegimos tocar, pero que nos conforma y nos hace también las personas y los músicos que hoy somos.

   —¿Quienes creés que evolucionaron el sonido del piano en el jazz?

   —Si vemos los pianistas referentes en cada era del jazz, cada uno ha traído nuevas formas de acercarse al piano. Algún ejemplo puede ser: Art Tatum y después Oscar Peterson con una técnica que arrasa en el swing; Bud Powell, y posteriormente Red Garland, Tommy Flanagan y Wynton Kelly ampliando el lenguaje y trayendo una nueva forma de improvisación y articulación en el bebop; Bill Evans en el cool jazz; Herbie Hanckock , Mc Coy Tyner, Chick Corea en la era hard bop y muchísimos pianistas en el jazz contemporáneo. Si escuchamos a Keith Jarrett, uno de los grandes pianistas del siglo XX, creo que se percibe la influencia, el respeto y el conocimiento de los pianistas que lo precedieron a través de la historia. Esta es una hermosa posibilidad que nos da la música, aprender constantemente y llevar un poquito de cada músico adentro nuestro.

   —Entre los agradecimientos nombrás a Jodos, Genovese y Silvera, tres pianistas muy diferentes, ¿qué le agradecés y qué aprendiste de cada uno de ellos?

   —El agradecimiento como también el aprendizaje no se termina. Reviso con frecuencia apuntes de cada uno y sigo descubriendo enseñanzas. A veces en el momento de tocar una canción o un estándar de jazz, se me viene la forma que tendría cada uno de ellos de abordarlo -muy distintas, sí- pero los tres encontrándose en un lugar común: el gran compromiso y amor por la música y por el jazz. Eso inspira mucho. Juan Carlos Silvera y Ernesto Jodos son dos tremendos pianistas y educadores. Leo Genovese es un genio del piano y un esperanzador.

   —McCoy también dijo alguna vez que "el jazz crece y se desarrolla en el contexto de una progresión. Creo que sin innovación y evolución, la tendencia perdería su relevancia". ¿Vos que creés? ¿Hay futuro en el jazz?

   —Sí, hay futuro, porque hay presente en el jazz, muchos músicos jóvenes formándose de distintas maneras, por caminos diversos. También músicos experimentados que siguen explorando y encontrando nuevos conocimientos. Esto se puede ver en los discos.

   —¿De qué vive un músico de jazz en Argentina, en Rosario?

   —Trabajo en barrio Ludueña como docente en la escuela del Padre Edgardo Montaldo. Trabajo también tocando el piano. Creo que se complementa la actividad de tocar en vivo, la docencia en la música, y también muchos otros trabajos a la par. Tenemos que estar agradecidos de poder trabajar, de lo que sea, de tener trabajo, es una bendición. Muchos de los músicos, escritores, pintores, artistas en la historia, tuvieron trabajos que no tenían nada que ver con su vocación y profesión. Y eso no quita mérito, ni reconocimiento, ni nada... por el contrario, es un ejemplo de dignidad y humanidad a seguir.

   —¿Qué encontrás interesante o para destacar en el jazz de la ciudad? ¿Qué no te gusta o qué podés criticar?

   —El jazz en nuestra ciudad está en crecimiento. Tenemos muy buenos docentes y formadores, entre ellos Leonardo Piantino, Luciano Ruggieri, Sebastián Mamet, Julio Kobryn, Leonel Lúquez y Carlos Casazza. Creo también que hay que reinventar lugares y espacios para tocar. Muchos espacios culturales autogestivos que recibían al jazz, al tango, la danza, el folclore, hoy no están y es tarea mancomunada la de hacerlos resurgir.

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