Escenario

"La Traviata" se lució en su presentación en El Círculo

En la ópera, que se vuelve a presentar hoy y el sábado, se destacan las voces de los protagonistas. Un año después, con cambios en especial en la ubicación temporal de la acción, se la ubica en el siglo XVII, el público la acepta y comienza su carrera hasta transformarse en la ópera por antonomasia. Video: "El brindis", por Pavarotti.

Miércoles 07 de Octubre de 2009

Cuando Verdi estrena "La Traviata" en La Fenice de Venecia el 6 de Marzo de 1853, tiró a la cara del público burgués un argumento sórdidamente realista, en donde la protagonista, una prostituta del alto mundo parisino, muere de tuberculosis. Pero luego de unas pocas presentaciones debió ser retirada de cartelera. Un año después, con cambios en especial en la ubicación temporal de la acción, se la ubica en el siglo XVII, el público la acepta y comienza su carrera hasta transformarse en la ópera por antonomasia.

La producción del teatro el Círculo, que subió a escena el domingo pasado, llegó con un año de retraso, pero valió la pena la espera. Hoy, a las 21, en el teatro de Laprida y Mendoza, la ópera vuelve con Marina Silva en el papel de la cortesana, mientras que Ferracani retoma ese personaje en la función del 10 de octubre.

La soprano Mónica Ferracani es una Violetta Valéry magnífica.Una cantante sutil que sabe equilibrar el aspecto técnico con la veta emocional que esta obra requiere, como se vio en el vibrante "Amami, Alfredo" y la lectura de la carta del cuarto acto.

El tenor Juan Carlos Valls se mostró en ciertos pasajes un tanto impetuoso con su voz, pero con un dominio de los agudos de poderosa emisión y buena proyección. La inclusión de la cabaletta "Oh mio rimorso!", con el Do añadido, sirvió de lucimiento para el artista y delirio del público.

Valls se mueve bien en el escenario, pero faltó la química ardiente que se requiere entre los amantes, sobre todo en la escena segunda.

El coro de la Opera de Rosario, dirigido por Horacio Castillo, fue homogéneo y con un sonido pleno, especialmente en el final del tercer acto.

Marcelo Pozo, al frente de la Orquesta Sinfónica provincial, ofreció una cuidada lectura de la partitura, con buen sonido de las cuerdas y con inspirados momentos.

Escenográficamente, el cuarto acto fue el más contundente. La sensación de claustrofobia está sugerida por la oscuridad de la escena, donde el único elemento de color es un recorte de cielo.

Una buena producción rosarina que dará oxigeno al montaje de nuevos títulos en la temporada próxima.

 

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