Escenario

"La trascendencia del hombre moderno se expresa en el fútbol"

El director Jorge Eines contó cómo surgió la idea de escribir una obra sobre el ex jugador Tomás Carlovich, una leyenda del fútbol

Sábado 29 de Junio de 2019

"Estamos intentando que esta obra subsista, que exista, más que nada para reivindicar la memoria, porque hay que conseguir que el valor de un jugador como el Trinche no se pierda en la historia del fútbol, para reivindicar una trayectoria, una decisión y una manera de ser". Así se refirió el reconocido director y dramaturgo Jorge Eines sobre la obra "El Trinche: el mejor futbolista del mundo", que se verá hoy, a las 22, en el teatro La Nave (San Lorenzo1383), con los protagónicos de Claudio Garófalo y Lucas Ranzani. Desde Madrid, donde dirige su escuela de formación de actores, Eines contó a Escenario cómo surgió este texto sobre el ex futbolista rosarino Tomás Felipe Carlovich, una leyenda en la historia del fútbol rosarino, que derivó en un mito de proyección nacional.

—¿Por qué decidiste escribir una obra sobre Tomás Felipe Carlovich?

—La obra se empieza a escribir hace como 15 años. Tengo dos charlas largas, interesantes, con Pep Guardiola (el entrenador del Manchester City y del Barcelona) que se dio en Valencia en una concentración de la selección española. Esa charla termina regalándole yo un libro de Borges que tenía conmigo. En ese momento yo estaba haciendo un espectáculo con Juan Echanove sobre textos de Borges, y ahí descubro algo de su universo, de humildad, de debilidad, de miedos, en Guardiola, que parecía todo lo contrario. Después de esas charlas, comparto todo eso con Jorge Valdano (ex futbolista de la selección argentina y del Real Madrid), que es mi amigo de toda la vida, y en relación al equilibrio entre esas dos cosas que se producen en mí, me doy cuenta que si algo puedo contar del fútbol, no tiene que ver con lo que ya se sabe. Tiene que ver con la opción de encontrar a alguien que me instale en otra cosa. Y eso me ocurre en una entrevista que nos hacen con Miguel Angel Solá en el canal Plus en Madrid. Era una entrevista sobre dos argentinos hablando de fútbol en España, y al concluir, Luismi Inojal, un periodista deportivo español, me dice: "¿No conoces al Trinche Carlovich?". Me comenta que hicieron un trabajo con "Informe Robinson" sobre su vida. Cuando miré ese trabajo, había descubierto que esa persona iba a ser quien me iba a dar el pretexto de escribir una obra.

—¿Por qué creés que la historia de Carlovich es tan singular?

—Creo que es singular porque el éxito, norma de la sociedad en que vivimos, es deformante. Lo que hace es ayudar a enamorarnos de nosotros mismos. En cambio el fracaso es mucho más formativo. Nos da solidez, nos da coherencia, nos da convicción. Y yo creo que lo que hizo el Trinche es una negociación en algo que él definía como "aprender a fracasar mejor". El no permitió que el fracaso le anulara su autoestima, con lo cual siguió jugando al fútbol hasta los 38 años, y nunca dejó de jugar como jugaba, maravillosamente bien. Otra historia es el dinero que ganó, la fama que obtuvo. No hay más que ver adónde van ciertas vidas, que el prestigio, la fama y el dinero conducen a territorios que en última instancia, mientras aumenta la cuenta del banco, va disminuyendo la autoconfianza, o el valor que se le dan a ciertas cosas que están deformadas por el dinero.

—¿Qué aspectos de su vida destacás, además de los relacionados con el fútbol?

—Hay algunos aspectos de su vida que hemos tomado, que en última instancia ayudan para instalar un referente mítico en algo que nos pareció interesante para poder contar la obra. En realidad el teatro es un rito que habla de cosas que ocurrieron o no, pero se disparan porque hay un mito que las organiza, hay un origen. En esta historia, sería cuando él le dice que no a Menotti, que no sabemos si le dijo que no, o qué es lo que le dijo. El famoso partido con la Selección Argentina, donde él juega excepcionalmente bien, y nos cuentan que Aldo Poy entró en la mitad al vestuario para decir que lo quitaran porque era un desastre lo que estaba pasando.

—¿Cómo te documentaste para escribir la obra? ¿Visitaste Rosario para tener testimonios?

—Mis documentos tienen que ver con charlas que tuve. Además de las que entablé con Guardiola, con Valdano revisé constantemente cada momento de la obra. Fue la primera persona a la que le leí "El Trinche". Lo primero que recibió era un monólogo. Luego con Angel Cappa comentamos bastantes cosas con respecto a él, que lo había visto jugar. Y en Rosario estuve con el Trinche. No fue fácil encontrarme con él, pero una vez que pude conseguirlo, fue muy especial. Nos encontramos en una agencia de lotería, y a mí se me ocurrió ganármelo comprando dos billetes, uno para cada uno, y a partir de ahí me presenté porque él no sabía quién era yo. Después nos fuimos juntos a un café y observé que la gente en la calle lo saludaba y lo reverenciaba. Y que el Trinche es una persona que no sólo camina como un jugador de fútbol, sino que es reconocido por su manera de habitar el espacio ciudadano como si fuera el mediocampo. Ese día hablamos mucho y yo le ofrecí darle el 50 por ciento de los ingresos de los derechos de autor, razón por la cual el único que ha ganado dinero hasta ahora fue él, porque el teatro que hacemos nosotros no da mucho dinero, y con José Ramón Fernández decidimos darle más dinero del que ha ingresado a él porque nos parecía que le hacía falta, que le venía bien y se lo hemos entregado. Estamos intentando que esta obra subsista, exista, más que nada para reivindicar la memoria, porque hay que conseguir que el valor de un jugador como el Trinche no se pierda en la historia del fútbol. Reivindicar una trayectoria, una decisión y una manera de ser. Me parece que esta obra tiene que existir por eso, porque convierte en la realidad de la escena algo que alguna vez sucedió en un testimonio que vale la pena de ser escuchado.

—John Carlin dijo que el fútbol es un fenómeno masivo superior a cualquier religión. ¿Se puede hablar de deificación en el fútbol o de determinados futbolistas?

—John Carlin es un tipo fabuloso, interesantísimo, lo he leído, es una persona extraordinaria... pero ¿es una religión? Puede ser porque la trascendencia del hombre moderno se expresa en lugares como el fútbol. Por ejemplo: ¿Dios ha muerto o no? Si Dios ha muerto es un problema, porque en todo caso vale todo, pero también valía todo cuando Dios no había muerto, justamente porque Dios perdonaba, entonces en ese lugar diría que da lo mismo quién es Dios. Uno necesita creer en algo. El fútbol puede ser un lugar de creencia, puede ser un lugar porque la pasión donde ganar o perder no se mide por la cuenta bancaria. Desgraciadamente ahora las apuestas están convirtiendo también el fútbol en algo peligrosamente dominado por el dinero. El tema de los jugadores empieza a ser preocupante, ya que el dinero que gana un jugador determina su condición misma de jugador o no. Pero en definitiva a los que amamos el fútbol, los que creemos que el valor del resultado es proporcional a la belleza de lo que ocurre, a los que creemos que lo que nos gusta es ganar o perder, porque para llegar a eso previamente se necesita jugar. Jugar es atrevimiento, jugar es reivindicar la infancia, jugar es la creatividad y jugar es el niño perdido que recupera un lugar allí donde la imaginación y la fantasía la proyectamos en un jugador o un equipo. Entonces ¿se deifica el fútbol o determinados futbolistas? ¿Por qué determinados futbolistas ocupan un lugar de dioses? Porque a veces tienen la camiseta de nuestro equipo. No me gusta mucho esa transacción, pero en definitiva me parece que el fútbol nos acaba salvando de trascendencias peores.

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