Escenario

La película que expone la trama oscura de la política estadounidense

"El vicepresidente" llega esta semana a la cartelera local. El director Adam McKay habla de la mutación de Christian Bale para hacer a Dick Cheney.

Lunes 21 de Enero de 2019

"El vicepresidente" ("Vice") tendrá este jueves su esperado estreno en la Argentina, para adentrarse en los infiernos de la política estadounidense. Con un elenco de talentosos conformado por Amy Adams, Christian Bale, Steve Carell, Bill Pullman y Sam Rockwell, el filme de Adam McKay genera amplia expectativa no sólo en el mundo del cine sino también en la Casa Blanca.

Tras ganar, en 2016, el Oscar al mejor guión adaptado por "La gran apuesta" (2015), el director, guionista y productor Adam McKay (Filadelfia, EEUU, 1968) vuelve a meter el dedo en la llaga adentrándose en otra faceta de la historia reciente de EEUU. Si en aquel trabajo, McKay profundizaba en el negocio que hicieron unos pocos con la crisis financiera de principios de este siglo, ahora, el realizador de "Los otros dos" y "Los amos de la noticia" recuerda en "El vicepresidente" la figura de Dick Cheney (Christian Bale, que ha sido premiado por ello con el Globo de Oro al mejor actor en comedia), vicepresidente de George W. Bush.

Adam McKay retrata el ascenso de Dick Cheney como político y su deseo por convertirse en el vicepresidente más importante de la historia de EEUU. En ella, además de Christian Bale, participan Amy Adams como Lynne, la esposa del protagonista; Steve Carell en la piel de Donald Rumsfeld y Sam Rockwell, que destaca por su sorprendente parecido físico a George W. Bush.

En declaraciones a diario El Mundo, McKay contó qué lo llevó a querer contar la etapa de Dick Cheney en la vicepresidencia de EEUU. "Aunque él no es el único culpable de la situación en la que nos encontramos, sin duda fue una figura clave en ese proceso. Mucho más de lo que la gente imagina. Cuando al fin consiga rodar un trabajo que tengo en mente habré creado, junto a "La gran apuesta" y "El vicepresidente", una trilogía que podrá llamarse «la saga de cómo demonios llegamos a esto» (risas), destacó el realizador.

Y agregó: "Muchas veces tengo la sensación de que los políticos no nos dicen toda la verdad. Al menos, en EEUU. Que nos quieren hacer creer que las historias importantes son secundarias y no deberían importarnos, mientras nos venden otras para ocultar el resto. Por esa razón ha sido agotador pero excitante adentrarme en historias alrededor de Cheney que a priori parecían aburridas pero que, en realidad, son increíblemente importantes".

Respecto a la subida de peso que hizo Bale para dar vida a Dick Cheney, dijo que: "Siempre supe que Christian debía interpretar al personaje principal. Hablamos mucho. Sobre todo, del desafío que suponía darle vida en situaciones que tienen lugar a lo largo de cinco o seis décadas diferentes. Sabíamos que no podía subir más de los 30 kilos que hubiera requerido para una parte de su vida. Así que encontramos un punto intermedio que le llevó a aumentar 18 kilos y ejercitar el cuello para que pareciera más grueso. Hasta utilizamos prótesis y almohadillas para ello. Lo más destacable de su trabajo son los gestos que él ha adoptado como parte de su personaje. Es una de las mejores actuaciones que he visto en mi carrera".

El director dijo que para este filme no habló con ningún miembro de la familia Cheney: "Sólo me han contado que Dick Cheney y su esposa han visto el trailer de la película y que se rieron mucho. No me sorprende, porque ahí se muestra a un tipo poderoso que mueve los hilos. Pero tengo curiosidad por saber si verá la película".

—¿Es la película más ambiciosa de tu carrera?

—Sí. En ella hago un repaso de cinco o seis décadas de la historia de EEUU. Además, con un tono poco habitual. Jamás vi algo parecido con interpretaciones tan complejas. Rodamos en 200 localizaciones, con más de 100 personajes.

—Con respecto al tono, ¿por qué decidiste contar la historia de esa manera, mezclando el drama y la comedia negra?

—Creo que mucha gente en el poder quiere hacernos creer que la política, los negocios y la banca son aburridos. Pero son las fuerzas que manejan el mundo y, la verdad, resultan fascinantes. Parte de mi trabajo a la hora de contar historias es arrojar luz sobre esos temas. Es lo que he intentado, al menos, con mis últimas dos películas, añadiendo ese tono absurdo. Lo mejor de todo es que creo que ahora la audiencia es mucho más sofisticada que hace 15 o 20 años. Ahora puedes pasar de un momento absurdo al drama extremo y todos estarán dispuestos a saltar contigo. Con tantos vídeos, series y películas disponibles, el público ha cambiado. Ahora el público está dispuesto a ser desafiado.

—¿Entre tus objetivos estaba convertir a Dick Cheney en el villano de esta historia?

—En realidad, no quería que los personajes perdieran su identidad como seres humanos. El desafío aquí era que si profundizaba en las cosas terribles, siempre tenía que volver a la familia para seguir humanizándolo todo. En ese sentido, me recordó mucho a "El Padrino II", porque Michael Corleone es un sociópata. No muestra casi ningún sentimiento y representa la maldad pura. Pero Coppola encontró el equilibrio adecuado al incluir flashbacks referidos a su juventud y su familia. Cuando montaba mi película me di cuenta de que eso es lo que estaba haciendo con Dick Cheney.

—¿Creés que, con todo ello, adviertes al público de las intenciones de los poderosos?

—Sí. Hay dos cosas que he notado en EEUU últimamente. Una, que la gente dejó de hablar de Dick Cheney y George W. Bush, como si ese mandato nunca hubiera sucedido, algo que me resulta angustioso. Y dos, que nadie piensa en cómo controlar al poder. Cuando analizas esos dos cambios y el mandato como vicepresidente de Cheney te das cuenta de que hay mucho más que investigar sobre él. Me sorprendió descubrir cómo su figura encaja en el puzzle de nuestra realidad actual. Es increíble.

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