Escenario

"La película llega en un momento de coyuntura del país y de la sociedad"

El director Martín Jáuregui narra la historia de una actriz que toma una decisión radical en el filme estrenado ayer y que protagoniza Emilia Attias.

Viernes 23 de Agosto de 2019

¿Qué pasaría si un día te cansás de todo? De la estabilidad, aunque del otro lado no exista ninguna certidumbre, de las exigencias, de los miedos, de las presiones. Ese es el caso del personaje protagónico de "La sequía", película en la que Emilia Attias interpreta a Fran, una actriz reconocida que abandona su carrera y su pareja. Cambia el confort por los paisajes alucinadamente bellos y desolados de Catamarca. Abandona la saturación por el vacío, el ruido por el silencio, la ciudad por el desierto.

Fran está inspirada en el personaje de un cuento de Martín Jáuregui, documentalista que con este filme estrenado ayer en Rosario encara su primer largometraje de ficción. "Es una película austera que toma una curva radical", dijo Jáuregui en diálogo con Escenario sobre el filme que se estrenó ayer en Rosario. "La película -añadió- cae en un momento coyuntural del país, y no es por Macri, la actual gestión, ni la que viene, sino por el pulso de la sociedad", consideró. La radicalidad no sólo atraviesa la trama, la fotografía y otras decisiones estéticas, sino también a la producción ya que se trata de la primera película rodada ciento por ciento con energía solar, destacó el director.

—¿Cómo surge la historia de esta mujer que huye?

—Es un cuento de mi segundo libro, "Historias de mi país", que se llama "La ventana blanca". Es una mujer que trabaja en una multinacional, se siente mal porque hay algo que le pasa en su trabajo que no le gusta y se va a buscar otra vida a la Sierra de la Ventana. Es la historia de alguien que se va de la zona de confort y eso me quedó dando vueltas. Cómo es que nosotros nos metemos en una zona de confort y después nos damos cuenta que eso que era agradable es un peso, un yugo. No hace falta ser famoso para eso. Es aceptar ese camino y decir necesito secarme de alguna forma para volver a empezar. A algunos les funciona y a otros no, otros quedan en el camino. Así comenzó esta historia. Le pedí al guionista Eduardo Spagnuolo que me adapte el cuento porque yo me traicionaba, y el hizo un camino interior, como una road movie mística.

—¿Cómo influyó la locación en la narrativa?

—Yo podría haber elegido cualquier lugar seco de la Argentina. San Juan tiene una tradición muy grande con la Difunta Correa; La Rioja, que es la provincia más seca del país. Sin embargo Catamarca tiene la característica que además de ser seca tiene esas montañas que lo hacen un lugar difícil de impedir que la mirada no vaya hacia ese lugar. Es magnético. Conocía el lugar donde se filmó, que es cerca de Fiambalá, y me pareció que era verosímil que Fran se tomara un micro, caía en Fiambalá y de ahí caminaba. Pero fue algo directo. Yo me mandé a un lugar que tenía significación. Yo podría haber hecho una sequía en la ciudad. No hace falta ir tan lejos, pero pensé ponerle el elemento geográfico condicionante para que esta mujer salga de la zona de confort. Pero la realidad es que no todos reaccionamos igual frente a estas situaciones y no es necesario irse tan lejos.

—¿Qué representa para la actualidad este personaje insatisfecho y que huye sin saber adónde?

—Está cargada de metáforas, ella se desconecta y no quiere decir que es una gurú. Está en shock y en ese estado de shock hace cosas. Creo que la película es un alrededor de ella y está contando otra cosa. Hay cosas que hay que dirigirlas desde otro lugar porque está lo no dicho. También lo no dicho puede aburrir, ser un embole. Pero la película cae en un momento coyuntural del país, y no por Macri, la actual gestión ni la que viene, sino por el pulso de la sociedad. Estamos cansados de muchas cosas, hay una presencia fuerte de lo femenino porque la película está protagonizada por dos mujeres, el único tipo que hay, aparece dos minutos y se va, en el personaje hay una sensación de hastío y cansancio, de no sé para dónde voy, pero voy. Tiene mucho que ver con el signo de los tiempos. A algunos eso no les va a gustar, pero bienvenidos al mundo de la subjetividad.

—Filmar es una actividad cara y que implica mucho esfuerzo, no sólo económico. ¿Cuál es el riesgo que supone hacer una película con decisiones estéticas y narrativas radicales que no están en línea con el cine más comercial?

—Yo me arriesgué a un lenguaje que no es el de hoy, por eso el personaje tira el teléfono, por eso va lejos, por eso no es una historia de Instagram que dura dos segundos. Me arriesgué. Seguramente la crítica o el público que no es consumidor de este tipo de películas me va a putear y otros verán algo distinto en esa exposición prolongada, con secuencias y una puesta estética que acompaña a la historia. Asumo ese riesgo. Si no, tengo que filmar una cosa que me obliga la industria o el estándar. Documentales hice muchos y se cómo hacerlos para que circulen por los festivales, pero esta es mi primera película de ficción. Y encontré un camino, y me voy a equivocar, y me voy a equivocar muchas veces y voy a tener búsquedas personales, pero a la vez con belleza, con estética, con historia para contar porque a lo mejor la historia no es la mejor, pero está completa. Elegí un camino complicado, pero es de una honestidad total. Estas obras se defienden por su honestidad. Vos podés decir no me gusta, pero es honesta.

—Otra actitud radical fue el uso de la energía. ¿Cómo llega a convertirse en la primera película filmada con ciento por ciento de energía solar?

—Es la primera película del cine mundial, comercial, con sala, ciento por ciento hecho con energía solar y renovable. Fuimos muy constantes todos los días en el set en no usar plásticos, tuvimos un catering consciente, íbamos a un lugar donde comíamos muy rico y listo. Hicimos un catering local, con comida regional. No dejamos un rastro de plástico, cada uno con sus cubiertos, con su plato y con su taza a cada lugar. Y creo que eso está metido en el espíritu de la película, porque también es austera la película. Es cara desde el punto de vista técnico, pero desde el punto de vista narrativo también es austera. Es una película austera que toma una curva radical.

busco mi destino. Fran, interpretada por Emilia Attias, deja atrás el confort y la seguridad para perseguir respuestas en el desierto catamarqueño.

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