Escenario

"La obra habla del gran iceberg de la violencia hacia las mujeres"

"La exagerada vida de Margarita Punzó", protagonizada por Julieta Turco, hará su última función mañana en el teatro Odiseo.

Jueves 24 de Octubre de 2019

Margarita tiene una vida exagerada. Según la Real Academia Española, exagerada es una persona que exagera. Sus sinónimos son: excesiva, desmesurada, desorbitada, extremada, descomunal, gigantesca, aparatosa. Su historia se cuenta en la obra "La exagerada vida de Margarita Punzó", que mañana dará su ultima función, a las 21.30, en el teatro Odiseo (San Lorenzo 1329).

Protagonizada por Julieta Turco y con dirección de Ariel Gangemi, esta puesta cuenta una vida de amor y desamor. Turco, la rosarina que interpreta a Punzó, tiene varios años de trayectoria en el teatro local y nacional, en obras como "Aladino", "Eva y Victoria", protagonizada por Graciela Dufau y Andrea del Boca; "La mujer justa", con Graciela Dufau, Arturo Bonín y Victoria Onetto; "Relato de una mujer" protagonizada por Victoria Onetto, Celina Font y Adriana Salonia. En televisión trabajó como actriz en la novela "Tiempo de pensar", protagonizada por del Boca.

—¿En qué exagera Margarita Punzó?

—¡En todo! Su vida completa es una exageración, por ejemplo la forma en la que le hizo frente a su crianza. La obra comienza con una Margarita muy estructurada, a medida que nos va contando lo que le pasó se va desarmando, enloquece. Podríamos decir que los dos contrapuntos son exagerados. En realidad, ¿son exagerados o es una construcción social?

—La obra hace hincapié en el amor y los mandatos de la niñez que moldean la forma de construir el amor. ¿Le cuesta más a la mujer romper con esas condiciones?

—Creo que a la hora de escapar de los mandatos, tanto el hombre como la mujer están complicados. Hoy en día hay un diálogo social sobre los viejos mandatos femeninos. Pero así como debemos derribar esos viejos mandatos, es nuestra obligación cuestionarnos cuál es el rol que cumple el hombre en esta sociedad. Si bien la idea de la mujer sólo ama de casa, con la bata, cocinando, nos parece arcaica; deberíamos permitirle al hombre llorar en público sin ninguna carga. La idea de amor romántico, tal como lo conocemos está basada en ese hombre y esa mujer que ya no deberían representarnos.

—Esta obra nació hace dos años atrás ¿sentís alguna diferencia a la hora de tocar determinados temas en estos momentos donde están más abiertos los debates?

—Sí, el feminismo tiene un largo recorrido y estos últimos años se ha intensificado. Es necesario replantearnos la forma en la que criamos, la forma en la que somos criados, cómo hablamos y por qué sentimos como sentimos. Esta obra plantea todas esas preguntas, refiriéndose al machismo de base, a los pequeños gestos que forman el gran iceberg de la violencia hacia las mujeres.

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