Escenario

La noche que Andrés Calamaro abrazó a Rosario

El Salmón presentó su CD "Cargar la suerte". Ofreció un show inolvidable en su regreso a la ciudad ante 5.700 personas que colmaron el Anfiteatro.

Lunes 02 de Diciembre de 2019

Volvió una noche. A tres años de su última visita a Rosario y por primera vez en el Anfiteatro, Andrés Calamaro ofreció anteanoche un show impactante donde convivieron sus clásicos con lo mejor de su último disco "Cargar la suerte". Comunicativo y agradecido con sus amigos porteños y rosarinos, El Salmón cantó, tomó mate, rockeó y acompañó todas sus canciones con clips de alto vuelo artístico, a veces nostálgicos y, en un solo caso, también algo polémico. Fueron dos horas de Calamaro. Volvió una noche y fue una celebración.

La lluvia había pasado de largo, apenas una ventisca asomaba por el Anfi, a pocas cuadras Newell's recibía a River, pero en el Parque Urquiza el foco estaba en Andrés. Luego de una previa que mixturó música y pintura por parte de Ilustrasónico, a las 10 en punto de la noche entró El Salmón en escena, acompañado por Germán Wiedemer en teclados, Julián Kanevsky en guitarras, Mariano Domínguez en bajo y Martín Bruhn, en batería. Una banda sin demasiados destellos, pero sólida y lo suficientemente prolija para este presente de Calamaro, más cerca del mate amargo de la mañana (como dice uno de sus nuevos temas), que de algún ácido en la trasnoche.

El Gauchito Gil en un rojo profundo acompañaba la escena en las pantallas de fondo. "Cargar la suerte", su notable último disco, fue la excusa perfecta para el regreso de Calamaro, aunque, claro, el público palpita con los hits. Por eso fue una buena idea arrancar con "Alta suciedad", en versión más rockeada, para el delirio de los fans, sobre todo los de las primeras gradas, que llegaron tempranito al Anfiteatro.

Un riff sutil de Kanevsky presagió el primer corte del disco nuevo: "Verdades afiladas", casi recibido como un clásico. Y luego vendría "Clonazepan y circo", ese palo a la clase política y la primera de las tantas alegorías al fútbol que ofreció el concierto, en su frase "demasiada camiseta y cada vez menos gambeta".

El "oooooooooooooo" y los brazos levantados del público llegaron con "A los ojos", para traer de regreso toda esa frescura de Los Rodríguez. Como si fuera un cachetazo de realidad aumentada, el video de "Tránsito lento", con el pulso insustituible de Luis Ortega, acompañó ese temazo del nuevo CD. Y pareció que alguien nos sopapeaba para decirnos que los 90 ya fueron, bienvenidos al club del 2020.

Pero los guiños temporales iban y venían. Porque le siguió la candidez de "Algún lugar encontraré", banda sonora de "Caballos salvajes", pero con otros caballos, los que aparecían en "Butch Cassidy", el western de George Roy Hill de los 70, con los interminables Robert Redford y Paul Newman.

El Calamaro más de entrecasa y eternamente futbolero lanzó:"Hoy es el Día Internacional del Mate, lo que no es cualquier efeméride". Y se corrió al costado del escenario para tomar un mate, el primero de una larga noche. Fue el momento de "Diego Armando Canciones", ese que dice "a la mañana temprano, me acompaña el mate amargo, si no hay mate yo no arranco la jornada evolutiva, ¿para qué pisar ortigas? Si puedo llegar volando".

El cine volvió de nuevo a escena con la Coca Sarli y Armando Bó para pintar de "sangre de los dos" a "Rehenes" y trascartón llegó el único momento tenso de la noche. Fue cuando decidió ilustrar su tema "Falso LV" con las imágenes del Día de la Lealtad, de aquel 17 de octubre de 1945, con Perón en blanco y negro junto a su gente en Plaza de Mayo. Fue clarísimo que a muchas de las 5700 personas presentes les hizo ruido esas imágenes, primero por el mutismo del público que acompañó todo el tema y luego por el aplauso medido tras el último acorde.

Poco después llegaría la cumbia entrañable de "Tuyo siempre" y poco antes "My mafia", ese guiño a sus amigos de fierro, que no por estar fuera de la ley están lejos de sus sentimientos. Las imágenes del video de los pibes que roban leche de un camión para llevarla a los chicos de las villas de emergencia encajaban con la frase "cuando talla la moral, en modal inquisición, me corresponde cantar a la libertad".

A varios se les cayó un lagrimón con la balada interminable de "Crímenes perfectos", para levantar remeras después con "Loco" y "Cuando no estás", en un tramo que levantó con "Aviones", donde brilló el solo colorido de Wiedemer en teclados.

El show ya estaba llegando al último tramo. Primero vino "El salmón" y después la sensible "Estadio Azteca", con Diego de fondo haciendo malabares con la redonda y Andrés, de frente, dedicándole el tema a algunos amigos rosarinos, entre los que citó a "Coki Burrito y Maronna", en alusión a Coki Debernardi, líder de Killer Burritos, y Mauricio Maronna, periodista político de La Capital, ambos mirando el show.

"Muchos amigos se fueron antes que yo" cantaba en "Los chicos" y el Anfi se venía abajo. Las imágenes recordaban a Gardel y a Troilo, pero también a Julián Infante, su hermano de Los Rodríguez; Adrián Otero, Pappo, Cerati y Spinetta.

Tras un cover de Nirvana y "De música ligera", de Soda Stereo, Calamaro se despedía, pero de mentirita. Porque volvería con "Milonga del marinero y el capitán", "Sin documentos" y "Paloma", para que la emoción calara hondo en los fans de la primera hora y en los nuevos también.

El segundo bis fue "Flaca". "Eran tiempos dorados, un pasado mejor", cantaba Andrés. Pero con "Cargar la suerte" El Salmón demostró que este presente quizá no sea dorado, pero tiene brillo propio, ese que le dan su trayectoria, sus canciones y esa marca de ser uno de los autores más relevantes del rock argentino.

"Gracias Rosario" se leyó en la pantalla gigante, testigo clave de una noche como pocas en el Anfiteatro. Pasó El Salmón y cruzó el Paraná. Los peces que lo vieron aseguran que iba contra la corriente, pero cantando río arriba.

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