Escenario

"La naranja mecánica", un clásico que huye del circuito comercial

La obra se estrena el 18 de enero en El Método Kairós. El director Manuel González Gil habla del fenómeno del filme de Stanley Kubrick.

Lunes 07 de Enero de 2019

A la manera del teatro londinense, el director Manuel González Gil eligió estrenar "La naranja mecánica", adaptada sobre la novela de Anthony Burgess, en el teatro porteño El Método Kairós desde el 18 de enero. De esa forma, la obra, con actuaciones de Franco Masini (que es el protagonista que toma el rol que en el filme realizó Malcolm McDowell), Lionel Arostegui, Enrique Dumont, Stella Maris Faggiano, Francisco González Gil, Toto Kirzner, Fran Ruiz Barlett y Tomás Wicz, prueba suerte en una sala de medianas dimensiones para luego poder saltar a alguna mayor del circuito comercial.

"En los últimos años me ha tocado en suerte adaptar un sinfín de películas y llevarlas al escenario en formato teatral", explicó González Gil en diálogo con Télam. "El desafío que propone una película es sumamente atractivo para el teatro, porque permite traspasar los límites de un único espacio y encontrar respuestas a una estructura dramática que no fue pensada para desarrollarse entre cuatro paredes", afirmó.

—Ante la calidad del clásico de la película de Stanley Kubrick, ¿cuál es la autonomía de su versión?

—El proyecto se originó en la productora de Javier Faroni, quien me propuso escribir una versión para ocho actores del original de Burgess, ya que se había estrenado en Broadway una propuesta similar. Escribí entonces una adaptación para siete jóvenes y una mujer, partiendo fundamentalmente de la novela original. En el casting audicionaron tres o cuatro actores por cada personaje, pero el protagónico se le propuso a Franco (Masini) desde un primer momento.

—¿La acción sigue desarrollándose en algún lugar de Inglaterra y en un tiempo impreciso?

—Me interesa hablar de un espacio y un tiempo incierto porque es una manera de búsqueda de la universalidad que el tema propone. La estética nos debe desconcertar, en cierta forma. ¿Es el futuro? ¿Es el pasado? ¿Es el presente? Burgess y Kubrick, obviamente, la plantearon en un tiempo futuro, pero al releer la novela me preguntaba si ese futuro ya no habría llegado.

—¿El argumento y los puntos de interés de "La naranja mecánica" siguen vigentes?

—Plenamente. La sensación de estar atravesando ese futuro del que Burgess y Kubrick nos hablaron nos hace caer en miles de cuestionamientos. ¿Cuál sería hoy el "método Ludovico" con el que consiguieron casi un lavado de cerebro del protagonista? ¿Con qué métodos se logra hoy torcer la voluntad y la opinión? ¿Son los medios masivos? Miles de preguntas que hace unos años parecían estar hablando de un futuro muy lejano, hoy arrojan respuestas que entonces eran inimaginables.

—¿A qué público apunta la puesta, al nostálgico de la película de 1972 o a los nuevos, que se pueden identificar con la acción y el ambiente?

—Es un salto al vacío. Todos sabemos que apostar a un drama o a una tragedia es de un alto riesgo comercial. Si se repasan los 10 o 15 títulos de mayor convocatoria de la calle Corrientes veremos que no hay ningún drama o tragedia entre ellos; los productores le escapan ese riesgo. Parecería que en épocas de crisis el público solamente desea evadirse a través del humor o de propuestas con cierta liviandad en sus dramaturgias; obviamente "La naranja mecánica" y su crudeza es una de las obras de alto riesgo.

—¿Por eso el estreno fuera del circuito comercial?

—Por eso le propuse al productor Faroni, que había comprado los derechos, que me permitiera probarla en el off. En Inglaterra es una metodología que se implementa con suma asiduidad; que consiste en estrenar en el circuito alternativo para poder analizar el potencial que la misma desarrolla y así poder decidir, sin grandes márgenes de error, su posterior desembarco al circuito comercial.

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