Escenario

La música volvió pero se extrañan los aplausos

Domingo 21 de Junio de 2020

Y un día volvieron los recitales en vivo. Por streaming, obviamente. Shows en escenarios, con bandas, con técnicos de sonido y luces. Pero sin público. Justo cuando se estaban agotando los shows caseros llega esta nueva alternativa (al menos en la provincia de Santa Fe) y es bienvenida. El público puede acceder a un espectáculo con más puesta en escena y mejor sonido, y los músicos pueden desplegar sus canciones sin tantas limitaciones. Esta modalidad recién empieza y funciona bien. El pasado viernes 12, por citar un ejemplo, Juani Favre dio un show en el Distrito Siete que fue una maravilla. Ese mismo día, más temprano, Degradé tocó en el teatro Lavardén, y el sábado 13, en la misma sala, actuó Mamita Peyote. Impecables desde el punto de vista técnico, y hay que admitir que por streaming se entienden más las letras, los recitales que se transmiten por la web sólo fallan en unos instantes que parecen eternos: falta el aplauso. Es un contrato implícito: uno sabe que el público no está en la sala, pero el escenario, las luces y el volumen alto crean la fantástica ilusión de que sí está. Uno se pierde en las canciones y se olvida del contexto, hasta que al final del tema la realidad te baja de un hondazo. Digamos que el reemplazo del aplauso podrían ser los mensajes que el público escribe en vivo, y que a veces hasta emocionan. Hay elogios, agradecimientos, saludos y "aguantes". Como sea. Se extraña el aplauso: un uuuooooooo alargado, un grito desde la platea, una broma o una crítica dicha al oído del que está al lado. ¿Quién hubiera imaginado que íbamos a sentir nostalgia de algo tan simple y familiar como un aplauso? "¿Y si los grabamos, como las risas grabadas de las sitcoms?", me pregunta un colega mientras escribo esta columna. No, por favor, le contesto. Que a nadie se le ocurra.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario