Escenario

"La música unifica las diferencias políticas"

Cristian Aldana, cantante de El Otro Yo hizo posible la ley de la música. La legendaria banda festeja esta noche, en Pugliese, los 25 años de rock independiente y autogestionado.

Sábado 15 de Junio de 2013

Como su música, Cristian Aldana es capaz de contener la misma dosis de psicodelia como de dulzura. "Hay muchos policías por todos lados y no se puede hablar por celu manejando porque te hacen la multa", advirtió el líder de El Otro Yo en diálogo con Escenario, mientras estacionaba con su auto para poder charlar. El Otro Yo (EOY) nació a finales de los ochenta de la mano de los hermanos Aldana; Cristian (voz y guitarra) y María Fernanda (bajo, voz y teclado). La banda cumple 25 años en la escena alternativa argentina y lo festeja con el show "El Otro Yo para poguear", hoy a las 21 en Pugliese (Corrientes 1530), donde recorrerán sus inolvidables hits y presentarán su último álbum "5ta Dimensión", con la formación actual que se completa con Gabriel Guerrisi (guitarra), Ricky Rua (batería) y Ezequiel Araujo (sintetizadores). Desde "Traka Traka" (1994) pasando por "No me importa morir" o "Alegría" de su revolucionario sexto disco "Abrecaminos" (1999) hasta hoy, la banda supo construir una identidad propia que marcó la adolescencia de muchos y tuvo su máximo esplendor a finales de los noventa. Antes del gran show que hará vibrar a todos los viejos y nuevos fans de EOY, Cristian habló de los comienzos del grupo, de su experiencia en la presidencia de la Unión de Músicos Independientes (UMI), de la aprobación de la ley nacional de la música, de cómo será el show de esta noche y de su ferviente admiración por Cristina Fernández de Kirchner.

—¿Cómo fueron los comienzos de la banda?

—Arrancamos en el 88 con El otro yo. Pero me acerqué a la música mucho tiempo antes. En el 86 ya tocaba en un grupo punk que se llamaba "Los Apáticos". Incluso antes teníamos una banda en la que hacíamos covers de rock nacional. María Fernanda empezó a los 11 años a tocar el teclado y yo a los 13 con la guitarra, éramos súper chicos. Y después de haber incursionado en el rock nacional y haber hecho covers de artistas que nos gustaban, nos pusimos a escuchar bandas de la escena punk y todo lo que estaba pasando en esa época y así fue como creamos El Otro Yo con María Fernanda.

—Finalmente encontraron a su otro yo...

—Justo en ese momento había visto una película de un chico que tenía cinco personalidades y me llamó la atención. Siempre nuestros shows fueron muy energéticos, muy de descarga. Es como que arriba del escenario "pelamos" como un otro yo. Cuando empezamos éramos adolescentes y toda esa energía la descargábamos en el vivo, y hoy, esa descarga sigue estando.

—¿La gente sigue haciendo pogo en los recitales?

—La última vez que hicimos "El Otro para poguear" en el teatro Flores fue una locura. A Rosario estamos llegando con este show, más la presentación de nuestro último disco "5ta Dimensión". Cuando tocamos en vivo siempre hay gente que nos pide canciones que no solemos tocar, porque claro, ya tenemos 16 discos. Entonces a la hora de hacer la lista de temas es medio complicado conformar a todo el mundo. Por eso decidimos hacer una campaña en Facebook donde la gente eligió los temas que no podían faltar en un recital para poguear. La gente va a explotar porque son canciones que re dan para la descarga. De hecho, "El Otro Yo para poguear" se trata de expresar lo que uno siente y derramarlo sobre el escenario.

—¿Qué diferencia existe entre hacer punk hoy y hace 25 años?

—Yo siento que durante todos estos años el grupo vivió un proceso muy loco; la gente nos vio crecer. Cada disco de EOY es una fotografía del momento en que vivimos. El grupo se caracteriza por tener una gran amplitud musical, no apuntamos sólo a canciones fuerte distorsionadas, tenemos una variedad que pasa por un montón de colores. A medida que fue pasando el tiempo, el grupo fue creciendo espiritualmente y eso se escucha en las letras. El desarrollo del grupo fue muy real y auténtico porque a pesar de las modas que han pasado, EOY se ha mantenido al margen. O sea, no dejamos que el marketing o las modas influyan en la música que elegimos hacer. Y eso genera una mutación muy interesante con respecto al desarrollo musical de la banda. Siempre estamos dentro de una línea pero nos reinventamos. El último disco fue grabado prácticamente en vivo y tiene esa frescura de las primeras épocas pero con toda la experiencia de los años. Subirnos a un escenario hoy es un momento de felicidad total. Me encanta tocar y disfrutar de haber hecho los discos de manera independiente. Cumplimos 25 años de independencia. O sea, eso demuestra que en Argentina la independencia y la autogestión han triunfado.

—¿Los noventa son la esencia de la banda?

—Creo que hay muchas etapas de la música que han sido increíbles. Cuando era más chico era mucho más cerrado. A todos nos agarró la etapa de decir: "Yo escucho sólo punk rock independiente o música noise alternativa". Pero realmente hay una historia musical mundial impresionante y es muy difícil enamorarse solamente de una. De chico estaba muy influenciado por la explosión del punk en Inglaterra y lo que pasó después con el after punk y el dark, que era música oscura y rara. Eso marcó mucho la personalidad de la banda. Después abrimos las puertas y nos pusimos a escuchar varias cosas como The Kings, John Lennon (del que soy fan total), Brian Eno y una lista interminable de artistas. Nosotros somos una banda de fines de los ochenta, que tuvo su desarrollo más importante en los noventa y un crecimiento muy fuerte a partir del 2000. Fue algo que se fue gestando en el underground argentino y llevó a que año tras año se generara toda una expresión con "Colmena" y "Abrecaminos". Cuando grabamos el disco triple nos dijeron que en el mundo había sólo dos discos triples editados; uno de Kiss y otro de MIA, (músicos independientes argentinos) del año 73. O sea, ¡había solo tres discos triples en el mundo! Y nosotros, desde Temperley, lo vivíamos como un hecho artístico y no teníamos una noción clara de lo que podía estar pasando a novel mundial. Y sin embargo, todo hizo hizo que hoy en día el grupo tenga una personalidad muy clara y definida. Hoy escuchás una canción nuestra y decís "Eso es EOY".

—¿Tienen el mismo público de siempre o este tipo de música predomina en la adolescencia?

—Mirá, nosotros abrimos una puerta que es como un refugio musical y la gente puede entrar. Y dentro de ese refugio hay gente que se lo pierde y otra que se enamora. No importa la edad. La gente que realmente se anima a vivir hoy viene a un recital de EOY y no tiene miedo a sentir algo que tenga que ver con sentirse "viejo". La gente que piensa eso está en el tacho, porque si no tendría que sentir eso yo que estoy grande. La energía de los chicos saltando es la que me alimenta para sentirme tan animado y tan joven. El recambio y la renovación sucede. Hay mucha gente que va descubriendo al grupo, pero también hay mucho público viejo que sigue viniendo. Me acuerdo que en los noventa decían que éramos el nuevo rock argentino, alternativo o sónico. Siempre había algún nombre para encasillarnos y odiábamos que nos dijeran eso. Parecía que te estaban marginando de la escena de la música. Y en su momento, para nosotros, arte era todo lo contracultural, al igual que el punk que venía a proponer cosas nuevas. Y nosotros desde ahí generamos una carrera e inventamos un lugar dentro del rock que no existía. Pero el público de EOY fue una tendencia nueva que fue generada a partir de que nosotros empezamos a tocar y que ya venia gestándose con Los Brujos.

—¿Cómo es tu relación con Cristina Fernández de Kirchner?

—Yo admiro profundamente a la presidenta, me parece una mujer increíble y muy inteligente que tiene la capacidad de llevar adelante un país como este con tantos problemas y guerras internas. El motivo por el cual me acerqué a ella es por la ley nacional de la música, que es algo por lo que particularmente he luchado seis años con otros músicos como Diego Boris y agrupaciones de músicos independientes como El Qubil de Rosario. Me puse en contacto con la presidenta porque la idea era generar una conciencia política profunda acerca de la necesidad de una ley para los músicos, o sea la creación del Instituto Nacional de la Música como tienen el cine y el teatro. Me saqué una foto con la presidenta y eso generó críticas. Y me parece que la gente tiene que aprender a disfrutar de la libertad que tenemos. Vivimos en un país con democracia y hay una libertad que permite que esas cosas sucedan. Y en la dictadura eso no pasaba. Sé lo que es un clima oscuro y de tensión donde no se sabe qué es lo que pasa y encima después, cuando se vuelve a la democracia se vive en un estado educativo donde no tenés las herramientas intelectuales para entender lo que pasó. Eso generó canciones como del disco "Traka traka", que dice "No me importa, no me interesa, no sé por qué". Esa frase es la definición de lo que estaba pasando en esa época, porque sentías que estaba todo mal pero no sabías por qué.

—¿Qué se logró con la aprobación de la ley de la música y cómo funciona la UMI que presidís?

—La ley de la música se aprobó el año pasado, votada por unanimidad en el Senado; no sólo el partido oficialista votó a favor, sino que todos los partidos lo hicieron y quedó demostrado que la música unifica las diferencias políticas. Es un logro impresionante para los músicos que necesitamos tener nuestro instituto que fomente la música en la República Argentina, así como lo tiene el cine o el teatro. Haber logrado que esta ley se apruebe es lograr que el estado y la sociedad reconozcan la música como arte. La UMI no es un partido político, es una asociación civil sin fines de lucro que agrupa a los músicos independientes de Buenos Aires. Somos más de 5 mil trescientas bandas y solistas que hoy disfrutan de esta herramienta autogestionada, y que desde el 2000 intenta que las bandas autogestionadas puedan desarrollar una carrera digna y con conocimiento. Porque cuando nosotros arrancamos y decidimos tomar un camino independiente, que es una decisión política también, no teníamos las herramientas para poder entender cómo funcionaba el sistema. Lo que hacemos con la UMI es generar un convenio colectivo de grabación para que todos los músicos puedan acceder a un precio más económico para la fabricación y el desarrollo de una carrera independiente. La diferencia es que antes los músicos independientes estábamos solos y ahora estamos unidos. Y eso genera un cambio importante que hasta llegó a lograr que esta ley tan importante haya sido aprobada.

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