Escenario

"La música te expone mucho más al público"

La actriz habló de los desafíos que enfrenta en su nueva etapa como cantante. Hoy se presenta junto a su banda en el teatro La Comedia.

Sábado 10 de Marzo de 2018

Inés Estévez no para. Mientras charla con Escenario está en un alto de la filmación de su próxima película, "Ni héroe ni traidor", que se está rodando en Buenos Aires. Sin dejar de lado la actuación, ni sus clases de teatro, la actriz sumó en los últimos años otro desafío a su intensa carrera: la música. A fines del 2015 desembarcó en el universo del jazz con el dúo Estévez&Malosetti, que formó con su ex pareja, el reconocido bajista Javier Malosetti, y el año pasado dio sus primeros pasos como solista junto a su banda Magic 3. Sobre el escenario Estévez combina standards del jazz reversionados hacia el swing con blues, soul y bossa nova. Y el resultado de su nuevo proyecto fue un éxito: llenó el ND Teatro (donde grabó un disco en vivo) y los clubes de jazz más importantes de Buenos Aires.

   Ya enfocada de lleno en su faceta como cantante, hoy Inés Estévez llega a Rosario para presentarse, a las 21, en el teatro La Comedia (Mitre y cortada Ricardone), en el marco de un ciclo dedicado al Día Internacional de la Mujer. Estará acompañada por Mariano Agustoni (piano), Ezequiel Dutil (contrabajo) y Javier Martínez Vallejos (batería). En charla con Escenario, la actriz que dejó huella en programas como "Vulnerables" y "Mujeres asesinas" habló de todo: su relación con el jazz desde muy chica, las diferencias entre la música y la actuación, su visión del feminismo y la sexualidad en la madurez.

   —¿Qué te impulsó a centrarte en la música, más ahora que encarás un proyecto solista?

   —Fue un derivado de lo que venía sucediendo. Había formado un dúo con mi ex pareja y la verdad es que yo siempre canté, aunque nunca me lo tomé muy seriamente a nivel profesional. Mis primeros premios fueron por comedias musicales y he grabado temas de las bandas sonoras de algunas de las películas en las que actué. En épocas de hambre también me he ganado la vida haciendo jingles. Me han propuesto más de una vez cantar profesionalmente, pero como no sé leer música y no soy autora me parecía que había mucha gente que lo estaba haciendo muy bien como para meterme yo también en eso. Mi padre era un amante del jazz, tocaba los instrumentos de oído y cantaba. Cuando yo tenía ocho años me llevaba a sus encuentros con amigos en donde tocaba standards de jazz. A partir de los ocho me los aprendí a todos, en mi casa se escuchaba mucho esa música. Además mis hermanos varones eran rockeros, mi hermana era muy amante de la música brasilera y mi madre es muy amante de la ópera. La música forma parte de mi acervo cultural desde que soy muy chica. Hace unos años me llamaron para un evento de un champagne francés acá en Buenos Aires, me convocaron para cantar. Yo me negué, les dije: "hace mil años que no canto". Pero estaba en pareja con Javier y se lo comenté, entonces él dijo "probemos". El resultado fue que armamos un trío de jazz para esa ocasión, y así empezó esta aventura.

   —La música siempre estuvo en tu vida. ¿Cuáles son las influencias que te movilizan ahora? ¿Cómo elegís lo que hacés en el escenario?

   —Cuando nos separamos artísticamente con Javier yo armé un nuevo repertorio basado en las cosas que yo cantaba con mi padre cuando era chica. A los standards de jazz los viré a casi todos al swing, aunque hay algunos standards tradicionales que están respetados tal cual. También hay blues, bossas y un par de temas más actuales, de los años 70, reversionados. La novedad, en este caso, es que es la primera vez que vamos de gira con un músico invitado, el trompetista Leonel de Francisco, que es genial, la rompe.

   —Vos me decías que tus hermanos eran rockeros. ¿Hay algo de rock en el espectáculo?

   —En este show en particular no hay ningún tema de rock, pero todos los arreglos corren por cuenta de la banda, que es una banda de jazz que tiene un groove muy actual, muy moderno. Hay un tema que canto sola con el piano, otro que canto sola con el contrabajo y otro que canto sola con la batería, que tiene un aire rockero.

   —¿Qué encontrás en la música que tal vez está ausente en la actuación?

   —Son dos cosas muy distintas. La actuación requiere de una disciplina y una tiranía horaria... Mientras hablo con vos me estoy maquillando en la filmación de una película. En general son diez horas diarias de trabajo. Es disciplina y compromiso de tu cuerpo, de tu mente, de tu concentración y tu emocionalidad. En el canto hay una especie de bohemia, es más relajado. Por supuesto que te tenés que cuidar la voz, la voz es algo que se resiente con mucha facilidad, pero la música tiene una bohemia y una laxitud que la actuación no tiene. Por otro lado es una de cal y otra de arena, porque en la actuación tenés la protección de la ficción, la persona que está ahí arriba del escenario no sos vos, es el personaje. En cambio en la música sos vos frente al público conduciendo un concierto y en constante contacto directo con el público. Es mucho más expuesto, es menos protegido en ese sentido.

   —¿La experiencia que tenés como actriz te permite salir al escenario más confiada o todavía sentís temores?

   —No, siempre sentís miedo, toda la vida. La actuación y el canto son disciplinas muy diferentes. Además son 30 años de carrera de actriz contra tres años de carrera como cantante profesional. He tenido la suerte de que la gente respondió muy bien. Desde que nos lanzamos hemos agotado entradas en todos los lugares y he sido muy aceptada, tanto por los amantes del jazz como por la gente que consume otro tipo de música. Mi gran terror siempre fue ser medida como cantante con la misma vara con la que era medida como actriz, que es una carrera en la que sí tengo mucha experiencia.

   —A los 52 años estás súper activa. ¿Esta es una etapa especialmente intensa de tu vida o siempre fuiste así?

   —No, es una etapa especialmente intensa, aunque he tenido otras. En general tienen que ver con explosiones profesionales, con momentos de innovación creativa, cuando empecé a actuar fuertemente en el cine o en la tele, o las primeras veces que gané premios. Son distintos momentos en los cuales lo que tiene que ver con lo creativo toma un nuevo rumbo. Cuando dejé de actuar por un tiempo dirigí teatro, publiqué una novela y diseñé un nuevo sistema de aprendizaje de la interpretación que hace 11 años que pongo en práctica. Yo me he diversificado mucho.

   —Venís a Rosario en el marco de un ciclo por el Día Internacional de la Mujer. Desde tu carrera y tus declaraciones públicas, ¿te sentís referente del movimiento feminista que creció mucho en el último año?

   —La verdad es que no me siento referente de nada. Mi visiones del feminismo, del matrimonio igualitario o de las capacidades diferentes están todas relacionadas con lo mismo. Todo tiene que ver con la inclusión, con una conciencia de inclusión que está íntimamente relacionada con el respeto de las singularidades. No me siento un referente, me siento un ser humano más que hace lo mejor que puede con aquello de lo que dispone (risas).

   —De todas las reivindicaciones del movimiento feminista, ¿cuál te moviliza más, cuál te convoca más?

   —No lo sé... Yo no me circunscribo al sólo hecho de ser mujer, aunque esto no significa que no sea feminista. Cualquier mujer que sienta que tiene una posición injusta a nivel social es feminista. Pero no me circunscribo al feminismo, me circunscribo a la humanidad. Cualquier minoría o sector que sufra los azotes de acciones injustas me va a tener como aliada para su defensa.

   —En una entrevista confesaste que durante años te habías vuelto una "madre asexuada". ¿Por qué cuesta tanto resolver esa dicotomía entre "madre asexuada" y mujer que disfruta plenamente del sexo?

   —Porque está relacionado con algo atávico, bíblico y judeocristiano. Está relacionado con el mito de Eva y de Lilith. Es algo que nos ha inculcado la Iglesia, concretamente, y que se vincula al rol de Eva, que está malinterpretado. Esta disociación entre la hembra y la madre es algo que nos viene de este mandato judeocristiano absolutamente escindido, del cual somos responsables hombres y mujeres. No sólo los hombres.

   —¿Y cómo lo resolviste desde tu experiencia?

   —Creo que a partir de la maternidad y de tener una pareja como mi última relación, que fue una pareja de una gran plenitud. Con Javier somos amigos todavía, nos tenemos mucho cariño. La conciliación entre mi plenitud como mujer, en mi parte femenina, relacionándome con un hombre, con un masculino, y mi plenitud como madre al mismo tiempo resolvió claro las cosas. También influye la madurez. La madurez te tiene que servir para algo, sino sólo consiste en que la ley de gravedad nos tire para abajo (risas).

   —En las redes sociales publicaste fotos desnuda en situaciones de entrecasa, y eso provocó reacciones de todo tipo. ¿Esas fotos tienen algún propósito en especial?

   —No hago las cosas con un propósito. Yo no quiero decir algo, yo digo. Esas fotos son celebratorias. Hay una foto que me sacó mi hija de nueve años, que tiene un retraso madurativo. La sacó ella y es hermosa. Me encanta subir esas cosas porque me parecen tiernas y bellas, cotidianas y auténticas. Yo en las redes me propongo ser completamente constructiva. Nunca me vas a ver atacando personalmente a nadie. Utilizo las redes sobre todo para difundir mi propio trabajo, para apoyar causas en las que creo y, dentro de mi humilde posibilidad, para aportar un poco de conciencia. Y después están los hechos celebratorios, que uno comparte por pura alegría.


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