Escenario

"La menopausia es un volver a empezar y patear el tablero"

Ernestina Pais explicó de qué se trata la exitosa obra que protagoniza junto a Marta González, Divina Gloria, Claribel Medina y María Valenzuela.

Viernes 13 de Julio de 2018

Ernestina Pais dice lo que piensa sin filtro y se ríe abiertamente. Su personalidad espontánea y extrovertida, que se lució en la radio y la televisión, es la ideal para hablar de "El show de la menopausia", la obra en la que comparte cartel con Divina Gloria, Marta González, Claribel Medina y María Valenzuela. Esta parodia musical escrita por Florencia Alcorta y Verónica Lorca, con dirección de Manuel González Gil, se transformó en un éxito en Buenos Aires y hoy llega a Rosario con dos funciones: esta noche y mañana, a las 21.30, en el teatro Broadway, San Lorenzo 1223. A través de monólogos y canciones, la obra retrata a cinco mujeres que parecen tener poco en común, pero que irán descubriendo sus semejanzas en el transcurso de sus confesiones. Los personajes se ríen de sus calores, sus baches de memoria, sus humores cambiantes, sus nuevas arrugas y sus atracones de dulces en pleno insomnio. Y así, con humor, la menopausia deja de ser "esa palabra innombrable para padecer en silencio" para transformarse en un "volver a empezar y patear el tablero", como lo describe Ernestina Pais. En charla con Escenario, la actriz y conductora reflexionó sobre los cambios que experimentan las mujeres a través de los años y explicó por qué se considera feminista "de toda la vida".

—En este último tiempo se estrenaron muchas obras con temática femenina. ¿En qué se diferencia "El show de la menopausia"? ¿Qué fue lo que te atrajo de esta obra?

—En primer lugar me atrajo la calidad de actrices, todas números uno, con mucho escenario. Yo no tengo una formación tradicional como actriz, pero tengo muchas horas de micrófono, de cámara y de diálogo con la gente, y eso te sirve para los monólogos. Este es un terreno en el que me siento cómoda. También me encantó el guión, aunque yo tengo 46 años y admito que en un principio me hizo un poco de ruido lo de la menopausia. Entonces me pregunté: ¿Por qué me molestaría que piensen que soy menopáusica? Y en ese aspecto esta obra es absolutamente feminista, porque lo que está diciendo es: ¿Sabés qué? Con la menopausia soy una mujer libre otra vez. No tengo miedo a quedar embarazada, mis hijos ya están grandes y si no los tuve ya no me preocupa la posibilidad de tenerlos. Además a los 50 te sacás un montón de prejuicios, ya sos una mina realizada en lo que te haya gustado hacer, siempre hablando en el mejor de los casos. Me pregunto por qué menopáusica es casi un insulto y andropáusico no lo es, si a ellos también les pasan cosas, como la disfunción eréctil. Me parece que tenemos que transformar ese insulto en algo que nos permita pensar, reflexionar y divertirnos. Esta obra habla de un volver a empezar, dar de nuevo y patear el tablero, porque claro que te volvés loca hormonalmente con la menopausia, y eso está buenísimo. Ya a los 45 te agarra esa locura de que querés decir todo en la cara, como en la película "Sin filtro" (risas). Y eso está bueno. Yo creo que es positivo.

—¿Cómo se estructura la obra?

—Son cinco monólogos que se unen a través de canciones. Y cada una de nosotras cuenta un estadío de la menopausia. El monólogo de Claribel Medina habla de su realización personal, porque su personaje nunca había querido tener hijos. El mío habla de que ya crié a los pibes, están grandes y ahora me encuentro conmigo misma. Cantamos y bailamos de manera muy precaria (risas), aunque hay dos grandes cantantes en el grupo: Claribel y Divina Gloria. Ellas hacen la base. Las canciones que suenan son "Es la vida que me alcanza", "Todo cambia", "Me arde", "Guantanamera" y "Me siento bien".

—¿Por qué pensás que hay tanto prejuicio con la menopausia? ¿Son puros mitos?

—La menopausia tenía una connotación negativa en la época en que la mujer estaba en la casa sólo para criar a los hijos. Entonces ser menopáusica significaba que tu trabajo criándolos había terminado, y por otro lado tampoco servías para engendrar. Te veían como desechable. Hoy la menopausia, y eso en la obra queda clarísimo, es un abrirte, un nuevo momento. Yo conozco a mujeres que se recibieron de psicólogas a los 60 años y están ejerciendo, incluso desde el trabajo social. Hay momentos en la vida en los que uno no tiene que rendir al 100 por ciento. A veces uno tiene que quedarse tranquilo y ver qué puede hacer por el que tiene al lado. El culto a la juventud también es un culto al egoísmo.

—¿Cómo te llevás con tu imagen y tu cuerpo a los 46?

—Yo me doy cuenta que hay cosas en la cara que me cambiaron, pero, como dice mi vieja, "uno después de los 40 tiene la cara que se merece" (risas). El cuerpo también responde de otra manera. Vos te podés creer Superman, pero después de una fiesta larga a la noche son dos días que no te podés levantar de la cama (risas). Yo siempre fui una mina con una energía inagotable, casi insoportable, pero ya no hago mil cosas por día como antes. Tuve que empezar a levantar agenda, a quedarme más en casa. Cuando hice el "Bailando" terminé con un esguince en un dedo y tres vértebras pellizcadas ¡Porque yo me creía que tenía 14! (risas).

—¿Te sentís identificada con el movimiento feminista que se generó a partir del Ni Una Menos?

—Yo soy feminista de toda la vida. De toda la vida. Mi lugar en los medios siempre tuvo que ver con defender el empoderamiento de la mujer. Nunca fui la típica conductora femenina. Además siempre fui jefa de hogar. Yo fui criada por una madre sola. Mi papá desapareció en el 76 (víctima de la dictadura) y mi mamá tuvo que hacerse cargo de todo. Yo tengo ese ejemplo de mujer: mi mamá era bailarina, coreógrafa y de vanguardia. Era una mina que bailaba en bolas porque lo sentía así y le importaba un cuerno lo que dijeran los demás. Y hacía eso en la época de la dictadura. Ella transformó el dolor en aprendizaje y me lo enseñó a mí. Esa fue mi escuela.

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