Escenario

"La industria se va al bombo, pero la música ganó porque ahora llega a todos"

El bajista Javier Malosetti, que tocó con el Flaco Spinetta, habló con La Capital antes del show que brindará hoy, desde las 21.30, en la Plataforma Lavardén, para presentar su disco doble "Envés".

Viernes 10 de Agosto de 2012

“La industria discográfica se va al bombo, pero la música ganó porque ahora llega a todas las manos todas”, dice el reconocido bajista Javier Malosetti al trazar una especie de pronóstico acerca del impacto que las nuevas tecnologías e Internet ocasionarán a un mercado que sufre los embates de la piratería, pero que a la vez quedó expuesto al alcance del público.

En una charla con La Capital previa al concierto que brindará esta noche en la sala Lavardén, de Sarmiento y Mendoza, para presentar su último trabajo, “Envés”, el multi instrumentista ponderó el avance de la era digital en el campo musical. “Rascar una viola y cantar algo, lo puede hacer cualquiera. Por ese lado está bueno. Pero la tecnología le puso la soga al cuello a la industria. Y la industria, en lugar de aflojar la soga, tironea de ella”.

Al frente de Electrohope (junto Nico Raffetta, Hernán Sagret, Tomi Sáinz y Damián Carballal), Malosetti tocará hoy, desde las 21.30, los temas de “Envés”. El músico explica la génesis de esa obra.

“Es un disco doble, que empezó siendo un disco en vivo con doce canciones e iba a tener un par de bonus track grabados en estudio. Pero nos dimos manija con el disco en estudio y terminamos haciendo siete temas más. Eso ascendió a media hora de música extra y ya no daba para que entrara en un sola placa. Yo lo veo como un disco en vivo, pero con un cd de obsequio. Es un disco que viene con otro de regalo, que es el trabajo de la banda en estudio, que es muy diferente a lo que ocurre con el grupo explotando en vivo y con toda esa energía"

¿Cómo elegiste el título?

Venía pensando en esa dualidad que se encuentra en todo. En la vida, en todos nosotros, en los músicos, en el cine, en las artes en general. Las cosas que convienen, pero que algo te tenés que "fumar". Es eso que hacés en beneficio de otra cosa. Algo siempre tiene su lado oscuro, o algo feo tiene su lado bueno. Este concepto de doble cara o contracara se me aparecía tanto en la música, en algunos temas que pueden tener dos cuestiones que pueden coexistir en una misma música y verlas como dos tendencias bien marcadas, pero que se entrelazan y funcionan perfectamente. Eso somos todos. Tenemos algo de bueno y algo de choto. Algo de valientes y algo de cobardes. Algo de bello y algo de horrible. La música no escapa a eso y esta banda tampoco. Y eso es lo que ocurrió con el disco: poder mostrar la banda en vivo, con todo su potencial, tocando todos juntos a la vez.. Y después exhibir el trabajo de estudio más meticuloso, más introspectivo, donde también podemos jugar a superponer cosas, instrumentos, tocar más violas de las que puedo tocar en vivo. Son dos cosas distintas entre un trabajo y otro.

¿Cómo fue el proceso de grabación del disco en estudio?

Fue muy lindo. Entramos al estudio con la idea de hacer dos temas que tocábamos en los ensayos, pero que nunca habíamos presentado en vivo y que no iban a integrar la lista de canciones del disco 1. Los temas me gustaban y entonces decidimos grabarlos en estudio. En diciembre hicimos dos shows en Calafate. Uno a diez días del otro y teníamos un montón de días en el medio para usar el estudio de mi gran amigo Coki, al que le mando un beso. Es un lugar de ensueño. El estudio es increíble, no sólo por la tecnología sino porque está instalado en un sitio donde, desde los ventanales frente a los cuales armamos la batería, podías ver los picos nevados, las praderas y el lago. Es un lugar muy inspirador. Así nos dimos manija e incluimos más música más allá de los dos temas del principio. Trabajamos con tiempo de sobra, tranquilos y holgadamente. Entonces me gustó incluir casi todo lo que grabamos ahí.

¿Qué encontraste de particular en las canciones de Luis Alberto Spinetta y de Soda Stereo para incluirlas en el disco?

Con respecto a la canción de Cerati (“Primavera cero”) rescato su trabajo como compositor, más allá de su impronta como performer al frente de trío como es Soda o como cantante o como violero. Nunca fui fan del grupo, pero sí paré la oreja a su perfil del compositor. Siempre me pareció muy inteligente, muy interesante. Tiene una canción como, por ejemplo, “Ella usó mi cabeza como un revólver” que podría integrarse a una obra como “Abbey Road” de The Beatles. O temas de “Amor amarillo”, su primer trabajo solista… “Primavera cero” es una canción de un disco (“Dynamo”) bastante deforme de Soda. Después de “Canción animal”, con el que habían roto todo, reaparecen con “Dynamo” que fue como más intro. La canción tiene una cosa linda. Esa bajada cromática de los acordes que descienden de a uno. Después está la melodía que canta él, como surfeando esa bajada de acordes. Lo hace hermosamente. Siempre hice hincapié más que nada en la música, que en las letras. Y “Credulidad” es de mi héroe de toda la vida. Soy fan de Luis de la primera hora, de toda su obra desde el principio hasta el fin, pasando por todos los cambios que sufrió en lo artístico. Encima tuve la suerte (golpea las manos) de trabajar con él casi nueve años y grabar diez discos en su carrera. Alguno puede pecar de suspicaz y pensar que yo me subo a caballo del oportunismo o que estoy jineteando en el oportunismo poniendo canciones que van directo a la emoción, por la realidad de Gustavo y el fallecimiento de Luis. Les pido mil disculpas, pero no es así. Cualquiera que conozca mi trayectoria sabe que siempre toqué temas de Luis porque soy su fan. Soy yo, en mi faceta de fan de la música. De todas maneras son reversiones. Quizás “Credulidad” es la más respetuosa de la versión original, no está tan desprendida de la original.

¿Recordás si cuando eras chico, hubo algún momento en el que pensaste “quiero ser músico”?

Mi casa estaba llena de música. No recuerdo haber pensado “quiero ser músico cuando sea grande”. Había violas en casa y las tocábamos. En las fiestas sacaban las guitarras y yo tocaba el bongog con mi papá o el instrumento que había en ese momento. Los acontecimientos de la vida se fueron dando y aquí estoy, con el bajo y la guitarra colgados. Nunca me lo planteé. Así ocurrió.

¿Y cómo se dio tu ingreso al mundo del jazz?

Mi viejo era músico de jazz. La mayoría de discos que había en casa eran de jazz increíbles. Louis Armstrong, Duke Ellington, la orquesta de Count Basie. Violeros re grosos como Django Reinhardt, Joe Pass. Mi viejo es músico de cabezota. No tenía ningún disco cantado, eran de jazz pero de solos. Y mi madre tenía discos cancioneros de Sarah Vaughan o de Ella Fitzgerald. Eran obras de una audición más dificultosa que la canción pop más derecha, esos discos tenían su vuelta de rosca más importante. Después, con mi hermana que es cuatro años más grande que yo, trajimos de la escuela el rock and roll. Cuando éramos pendejos, mi hermana era más de noviar y sus novios venían a casa con sus long plays. Le agradezco a mi hermana que haya sido tan casquivana (se ríe) porque el casting que tenía que pasar el novio nuevo era dejar en casa algún long play. Así conocí a Jimi Hendrix. El disco lo trajo un flaco que le arrastraba el ala a la trola de mi hermana, a la que le mando un beso grande (más risas).

¿Cuándo estás tranquilo en tu casa o manejando un auto en la ruta que música te gusta escuchar?

Me gusta escuchar de todo y lo hago en el auto. En casa, el tocadiscos no se prende, casi. La música se hace en vivo. La inquietud musical se sacía con una guitarrita criolla que, a veces, está al lado de la cama, a veces en el baño, en la cocina o en el living. Escucho música cuando algún amigo viene a casa y pongo un disco que le quiero hacer escuchar, o al revés. Me da por escuchar cosas viejas. No escucho cosas muy nuevas.

¿Qué opinás de la industria musical, el avance de Internet y las nuevas tecnologías aplicadas a la música?

La industria musical se va al bombo. La tecnología se abre camino. Y la música ganó porque llega a todas las manos, todas, y a todos los oídos, todos. Eso hace que muchos más se aventuren a hacer música. Antes los músicos tenían un aura de ser superiores porque desarrollaban una actividad artística que no era para todos. Ahora vemos que sí, puede ser tranquilamente para todos. El que tiene oído absoluto, como Charly García o Stravinsky, es un caso en muchos. Un sordo completo para la música que no tenga ritmo y que no pueda entonar, también es un caso en muchos. Y en el medio estamos todos. Rascar una viola y cantar algo lo puede hacer cualquiera. Con la tecnología, el que no se dedicaba a la música ahora tiene una violita y un programa de computación para grabar en la casa de muy aceptable calidad. Por un lado, estuvo bueno. Por el otro le puso la soga al cuello a la industria discográfica. Y la industria, en vez de aflojar la soga, tironea. Cobra más caros los discos, no hace nada para salvarse o se acordó tarde. El formato como lo conocemos tiene muy corta vida.

 

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