Escenario

La Filarmónica de Buenos Aires da hoy un concierto en el Círculo

La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, con la dirección del maestro Enrique Arturo Diemecke, se presenta hoy a las 21 en el teatro El Círculo (Laprida y Mendoza). El programa incluye la obra "Sueño de una noche de verano", de Félix Mendelssohn.

Martes 13 de Agosto de 2013

La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, con la dirección del maestro Enrique Arturo Diemecke, se presenta hoy a las 21 en el teatro El Círculo (Laprida y Mendoza). El programa incluye la obra "Sueño de una noche de verano", de Félix Mendelssohn y la pieza icónica del siglo XX, la "Sinfonía Nº 5" en Do sostenido menor, de Gustav Mahler.

El maestro Diemecke nació en México y proviene de una familia bendecida con el carisma de la música puesto que su padre, madre y sus siete hermanos son músicos por profesión. Durante los 17 años que estuvo al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional de México logró colocarla en un sitio privilegiado entre las agrupaciones musicales del continente. En la actualidad, el maestro Diemecke viaja constantemente para ocuparse de sus obligaciones artísticas con cuatro agrupaciones sinfónicas, dos en los Estados Unidos, una en Colombia y la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Diemecke dialogó con Escenario acerca del concierto de esta noche y de su pasión por Mahler.

—Como director se ha interesado desde siempre por la música de Gustav Mahler. ¿Qué rasgos de este compositor lo atraen específicamente?

—Las composiciones de Mahler tienen como características que son escritas para que se dirijan de la misma forma en que un pianista o violinista virtuoso lo hace con su instrumento.

—Parece que hay una tendencia de parte de algunos directores a presentar en la "Quinta Sinfonía" un Mahler muy brillante, casi agitado y hasta estridente.

—La música de Mahler tiene un lenguaje muy expresivo y parte desde tan sólo tres instrumentos hasta una orquesta de cerca de 100 músicos. El contraste sonoro va a ser más evidente y dependiendo de la acústica de los teatros puede ser determinante hasta donde se puede llegar en los fortísimos. Las interpretaciones deben de ser, dentro de lo posible, lo que indica el compositor. Mahler pide muchos momentos en los que se tiene que expresar muy agitadamente, así lo marca en la partitura. Pero no lo es siempre, sólo cuando el autor así lo desea. Mahler gustaba mucho de escribir los contrastes sonoros más extremos.

—¿Cómo se acercó a esta partitura?

—Como la primera indicación de tiempo del compositor en la partitura es el de "Marcha fúnebre", me despierta en la imaginación de que el superhéroe de Mahler ha muerto. Entonces la abordo con todo el drama que la música demanda. Esta es dramática y un poco confusa por momentos. Pero la música por momentos se torna triste y suave.

—¿Cómo debe sonar el Adagietto ideal?

—Este movimiento es el centro de la obra. Es lento y apasionado, donde se descarga toda la tensión de los movimientos anteriores. Pero después de alcanzar el clímax, como en el amor, empieza a descansar y a dar paso al quinto movimiento que tiene el mismo tema del Adagietto, pero en una forma muy alegre y festiva.

—Dado que su casamiento es contemporáneo a la composición de esta sinfonía, ¿es una obra que canta a la vida y al amor?

—Hasta cierto punto sí, con la pequeña adición de que la sinfonía comenzaba con una procesión fúnebre...

—En base a su intensa labor como director y a su carrera fecunda en ambos continentes ¿Cómo ve el estado de la música clásica hoy? ¿El público se renueva? ¿Hay valor en cultivar la música académica como plan cultural?

—Hay una confusión en el mundo sobre la importancia de la música clásica y yo estoy muy preocupado. En Estados Unidos, Inglaterra y Canadá, los gobiernos no participan en el apoyo de la música. Las orquestas y casas de óperas consiguen son propios fondos y actúan como organismos sin fines de lucro. Esto ha hecho que algunas orquestas estén desapareciendo por las condiciones en que se encuentra la economía mundial. En Europa hay países en donde los gobiernos han tenido que cerrar algunas y, en otras, han reducido el número de músicos en sus orquestas profesionales por falta de presupuesto.

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