Escenario

La Comedia apuesta a refrescar el verano rosarino con el humor local

La intención de la obra, según Razuk, es "convocar a la familia" con un trabajo ligado por su estructura y dinámica a comedias y ciclos televisivos que forman parte de la memoria de una generación.

Sábado 10 de Enero de 2015

"El humor es sagrado". Así lo afirmó el actor y director Pablo Razuk que hoy estrena la versión rosarina de "Sospechosos", un texto de Marcela Marcolini que definió como "una parodia entre satírica y disparatada de los policiales reconocidos". La intención de la obra, según Razuk, es "convocar a la familia" con un trabajo ligado por su estructura y dinámica a comedias y ciclos televisivos que forman parte de la memoria de una generación.

Razuk, que ya había montado "Sospechosos" en Buenos Aires en 2001, debuta en su ciudad como director de un elenco encabezado por Gachi Roldán y Roberto Moyano, a quienes se suman Federico Giusti, Melisa Patriarca y Ariel Fumis. La pieza se verá hoy a las 21.30, y todos los sábados de enero en el teatro La Comedia (Mitre y Ricardone). La obra forma parte del ciclo que se desarrollará durante enero y febrero en la sala dependiente de Cultura Municipal (ver aparte).

¿Qué te interesó de esta obra en particular, además del humor, para reponerla?

—Yo veía que la plaza del teatro en verano era algo que no había transitado como director y me pareció interesante montarla en Rosario, con gente conocida, y puedo decir que es casi un experimento que tiene la intención de convocar a la familia. Es una obra que no tiene golpes bajos, no tiene las viejas palabrotas ni lo que habitualmente hay en el teatro, entre comillas, llamado de verano, que por general se emparenta más con la revista. Yo también me sentí seducido con venir a hacer esta prueba y ahora estoy embarcado en un lugar de mucho compromiso.

¿Esta es la primera vez que dirigís en Rosario?

—Como director es la primera vez, porque las cosas que traje dirigiendo las dirigí en Buenos Aires y las traje para acá, pero dirigiendo es lo primero. Lo que pasa es que hace tres años y medio que vengo haciendo seminarios intensivos de actuación. De alguna manera, la mecánica de venir a dar clases que se emparenta con la dirección, la tenía presente. Aparte acá están todos mis grandes amores, mi familia, mis grandes maestros, los grandes lugares que todavía son parte de mi historia. Yo nunca me fui de Rosario. Y no es que me pongo romántico ni melancólico, pero yo vivo en Buenos Aires pero soy rosarino. Y cada vez que puedo me las rebusco para venir a hacer cosas acá.

La obra es casi una parodia de los arquetipos del policial...

—Hay que pensar en eso, en una parodia entre satírica y disparatada de los policiales reconocidos. Pero con personajes que se emparentan más con los personajes caricaturescos argentinos, de televisión o del cine, de esos detectives que resuelven los casos casi más por azar que por sapiencia. Todos los personajes son una vuelta de tuerca hacia un humor absolutamente reconocible y palpable en los dibujitos animados, hay algo ahí entre Peter Sellers y el Inspector Gadget que le dan forma a nuestro detective estrella.

También es un vodevil...

—Sí, hay algo de comedia de puertas, de las comedias de televisión, que también todos hemos crecido con ellas, como "Teatro como en el teatro", de Darío Vittori, o Nora Cárpena y Guillermo Bredeston, "La familia Benvenuto", "Los Campanelli", ese tipo de propuestas donde el decorado es algo fijo, y la gente entra y sale permanentemente trayendo sus cuestiones.

El vodevil no siempre fue bien visto por la intelectualidad...

—Si bien está hecha en verano, esta obra no es lo que habitualmente se llama comedia de verano. En principio está hecha por un equipo de gente de primera, y todos los estilos, cuando están trabajados a conciencia, son dignos, sobre todo si el espectador se siente convocado al gran objetivo que tenemos que es el divertimento sano, la idea de que el nieto y el abuelo se rían del mismo chiste. Salvando las eternas distancias, todo lo que se hizo con "Chespirito", "El Chavo del Ocho" "El Chapulín Colorado", todo el mundo sabe qué va a ver, y cuando aparece en la televisión, la mayoría queda seducida aunque prevea un poco cómo será la trama. Cuando uno ve el trabajo y la puesta, con la colaboración de la gente de La Comedia que es extraordinaria en lo técnico, con un video que abre y cierra la obra, el sonido, la música, se ve que es un trabajo hecho por gente de características mayores.

También se suele mencionar que hay un humor inteligente y otro que no lo es. ¿Coincidís con eso?

—Hay referentes de personas que jugaban a ser tontos pero eran tan inteligentes que nos convencían de eso y nos hacían reír. Es el caso de los Monty Python, el caso de Olmedo, también, en cierto modo y salvando las distancias, hay gente que se ha dedicado al humor popular, pero para poder llevarlo y sostenerlo hay que ser verdaderamente inteligente. Quien asocie el humor popular con falta de inteligencia, a mi entender, le falta inteligencia. Es muy difícil generar risa sin ir a los efectos de las malas palabras o de los golpes bajos. Hay algo que todos los actores dicen, y lo afirmo yo también, que es más difícil hacer reír y sostenerlo que hacer llorar porque el humor es un género sagrado. Una actriz conocida dice "el que te hace reír en el escenario no es un actor, es un ángel porque nunca te vas a olvidar de su caricia". Y desde ese lugar nosotros hacemos este experimento divertido de llenar la noche rosarina del sábado en enero con una obra para toda la familia.

¿Cómo se modificó la forma de consumir humor hoy cuando la producción audiovisual del mundo está en internet o al alcance del control remoto a diferencia de aquellas comedias en blanco y negro?

—Nosotros crecimos viendo eso, aparte con dos canales, Canal 3 y Canal 5, viendo "Grandes Valores del Tango" de un lado, o Darío Vittori del otro, y de alguna manera se instala en algún lugar del inconsciente ese tipo de humor y lo reconocemos al instante. Encima Darío Vittori hacía algo muy particular que era montar un teatro en televisión. Cuando empezamos los ensayos les dije "piensen en las entradas y salidas de «Teatro como en el teatro» de Darío Vittori y todos entendieron cuál era la mecánica, así que creo que fueron precursores en nuestra forma de hacer y ver teatro.

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