Escenario

Ismael Serrano: "La magia del amor es irracional"

Ismael Serrano habla de su rol protagónico en “El hombre que corría tras el viento”. El cantautor español estuvo en Rosario para presentar el filme que se estrena el jueves.

Domingo 30 de Agosto de 2009

El punto de partida es una pregunta que no merece una sola respuesta. Si hasta en el mismo filme, y ante la pregunta acerca de si existe el amor a primera vista, Alicia (el personaje de Bárbara Lombardo) repregunta: “¿Existen otros?”; mientras que Carola (Jazmín Stuart) se plantea: “No me hubiera venido mal echar un segundo vistazo”. De un hombre gris que mirando por una ventana se enamora instantáneamente de una extraña y decide ir tras ella se trata “El hombre que corría tras el viento”, una película argentina que debutará en las pantallas de Rosario y el país el jueves próximo, y que tiene como protagonista aI cantautor Ismael Serrano. Un cuento que el español desgranaba sobre el escenario (“La dulce Carola”) sirvió de disparador para que el director Juan Pablo Martínez se involucre en esa historia y la convierta en cine. Serrano, Martínez y Pasta Dioguardi (“Los simuladores”) hablaron del amor, de razón y del siempre fantasioso mundo de las segundas oportunidades con la bellísima torre del hotel Splendor Savoy como escenario.

—Finalmente, ¿existe el amor a primera vista?

IS: En el amor no existen leyes absolutas. Existe el amor a primera vista, a segunda, y a veces hay que echar cinco vistazos. Ahora, en relación a la película, si uno siente esa llamada, sea a primera o a segunda vista, no se puede quedar inmóvil. Es el problema que tiene mi personaje, que es incapaz de mostrar sus sentimientos y asume los fracasos de su vida, y de su vida sentimental, como algo inevitable. Se resigna a ver pasar el tren, es un mero observador y le cuesta tomar la iniciativa. Aunque al final trate de redimirse.

JPM: A uno en la vida le ha pasado de todo (risas), pero creo que el amor a primera vista es el ideal. Hay una idealización de la persona que ni siquiera resiste una confrontación con la realidad. Aunque por principio, como el personaje, creo en el amor a primera vista, también sé que es uno de los más difíciles de dominar.

IS: La pregunta está buena para Pasta porque su personaje es ciego (risas)

PD: Si sólo existieran los amores a primera vista, este pibe (su personaje) se queda solo para toda la vida porque es ciego (risas). En lo personal estoy comprobando que los más fuertes son los amores a primera vista. Como con mi mujer, hace un año y medio, con la que estoy esperando un hijo.

IS: Para bien y para mal, son los que más disfrutas cuando son correspondidos y con los que más sufres cuando no te dan ni bola.

—¿Ese mínimo componente racional nos hace vulnerables?

JPM: Claro, porque lo clave es el componente emocional que es muy fuerte. En ese momento, nadie es racional.

PD: Como decía Rita Cortese en un espectáculo: “Ojalá te enamores, una maldición árabe” (risas). Estar enamorado es el peor estado del ser humano, quedás como estúpido.

IS: O al revés. Cuando te enamoras cualquier gilipollés te afecta, como que te pone sensible. Debería ser el estado normal del ser humano porque hace que les des a las cosas la dimensión que tienen. Y con respecto a la razón, cuando racionalizas el amor estás en problemas, cuando buscas los por qué algo se ha perdido. Lo interesante del amor, su magia, es su carácter irracional. Difícil es catalogar, hacer un listado de las cosas que te gustan de una mujer. Y suena utópico, pero a veces hasta los defectos, las manías de esa persona te emocionan, te enamoran.

—El filme destila un enamoramiento de la Latinoamérica del realismo mágico, ¿por qué?

IS: Hay algo que proviene de la historia original, de hecho transcurría en México. Hace referencia a una tradición europea que quizás no se percibe aquí: la dimensión de lo real. Que aquí y allá son diferentes. Los paisajes, las distancias, los fenómenos meteorológicos son otros. Y en lo sentimental, en Latinoamérica se viven las cosas de forma especialmente intensa, por eso la música que se hace, por eso el tango, el bolero son emocionales.

JPM: Para nosotros la realidad no es tan mágica. La realidad y la ficción se mezclan todo el tiempo y no podemos distinguir qué es verdad y qué no.

PD: Aquí la realidad supera a la ficción (risas). Muchas veces la precariedad, la necesidad te obligan a vivir la vida desde otro lugar, el corto plazo, porque no sabés qué va a pasar. La crisis financiera es para los europeos el fin del mundo, para nosotros es una más.

—¿Cómo es eso de que el protagonista tiene una “vocación al fracaso”?

IS: Creo que instalarse en esa actitud de fracaso es bastante más cómoda, porque se asumen menos riesgos. No toma las riendas de su vida para dirigirla hacia el lugar que quiere ir. Al nivel que el miedo no es al rechazo, sino todo lo contrario. Es el miedo a la libertad, es cuando asumes estoicamente que tu destino está escrito. El personaje vive anclado en el pasado, se le presentan las segundas oportunidades, pero vive enroscado en esa posición de fracaso. No puedes esperar que el éxito te venga a visitar, uno debe asumir los retos de su vida.

—Juegan con la idea de las segundas oportunidades, ¿qué harían se tuvieran la ocasión?

PD: (tras un largo silencio) Yo no actuaría en esta película (risas).

IS: Creo que es tramposo pensar que uno tiene esa posibilidad. El tiempo es lineal y es difícil volver. A mí me sorprende la gente que dice “no me arrepiento de nada, todo, mis errores han sido cojonudos”. Yo personalmente me arrepiento de muchas cosas, he hecho muchas gilipolleces en mi vida que me las podría haber ahorrado. Disgustos para mí y para la gente que me quiere. Pero eso no quiere decir que volvería atrás. Hay que encarar el futuro, porque eso nos hace responsables de nuestros errores. Eso sí que es asumir nuestros errores.

JPM: Son enseñanzas que quedan en el pasado para aplicarlas en el futuro. No se puede volver al pasado para solucionar los errores sino para no volver a cometerlos en el futuro.

IS: De otra manera vives pensando en esa obsesión de queder volver para atrás. Lo mejor siempre está por venir.

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