Escenario

“Inventé mi propio espacio musical”, afirma la consagrada actriz Soledad Villamil

La actriz hizo un balance de su carrera como cantante y aseguró: “La canción me dio una gran libertad escénica”. Esta noche se presenta en el teatro Lavardén.

Sábado 21 de Marzo de 2015

Soledad Villamil ya era una actriz superconsagrada cuando decidió grabar su primer disco en 2007. Y lo que empezó como una aventura, como el “proyecto paralelo” de una actriz famosa, se convirtió con el tiempo en un camino propio, con su identidad y sus marcas. La protagonista de “El secreto de sus ojos” y “El mismo amor la misma lluvia” amplió su abanico musical en sus siguientes discos, “Morir de amor” (2009) y “Canción de viaje” (2012), con personales versiones de temas de Alfredo Zitarrosa, Violeta Parra, Leo Maslíah y la dupla Guillén-Milanés, entre otros, y además sumó un puñado de canciones propias. También recibió un disco de oro por las ventas de su segundo álbum y ganó dos premios Gardel. Hoy la cantante regresa a Rosario para presentarse, a las 21.30, en el teatro de la Plataforma Lavardén, Sarmiento y Mendoza, acompañada por los músicos Daniel Maza (bajo), Alan Plachta (guitarra) y Christian Faiad (batería). En charla con Escenario, Villamil habló del desafío de componer canciones y de sus comienzos como cantante: “Me daba vértigo mirar al público cara a cara”, aseguró.

   —En perspectiva, ¿cómo creés que fue evolucionando tu discografía?

   —Yo estoy muy pegada a lo que hago, me cuesta tomar distancia para analizar. Pero es evidente que el primer disco tenía una impronta mucho más tanguera, de música más criolla, más argentina, y luego en el siguiente fui incorporando otros géneros y un par de canciones propias, y en el tercero esa mezcla se enfatizó, con más temas propios y autores de diferentes países. Ahora sigo probando en el repertorio con otros compositores y canciones en otras lenguas. Ya grabé en portugués y ahora estoy sacando algunas canciones en francés y en inglés. El movimiento es expansivo, es como si creciera la libertad para elegir las canciones y cantarlas.

   —¿Cómo seleccionás las canciones cuando estás abierta a varios estilos? Porque hay infinidad de canciones...

   —Ese es un proceso misterioso, inclusive para mí. Yo escucho mucha música, son muchas las cosas que me gustan y muchas menos las que finalmente elijo incorporar al repertorio. Todo consiste en encontrarme con la canción que yo considero que me sienta, que me queda bien. Es un proceso que no tiene mucha explicación. Muchas veces hasta a mí misma me sorprende. Cuando empecé recuerdo que elegí una canción de Zitarrosa, y yo jamás en la vida me imaginé cantar algo de Zitarrosa —y quizás ninguna otra mujer—, y sin embargo la terminé incorporando y después grabé varias canciones de Zitarrosa. El proceso de elegir tiene que ver con el gusto, las posibilidades y también con el azar. El destino a veces hace que te cruces con una canción que se te mete en la cabeza y te encontrás con que la estás cantando de la mañana hasta la noche. Eso también puede pasar.

   —En tus shows se genera un clima especial, hay un énfasis puesto en las letras, y eso requiere silencio y concentración en el público. ¿Es difícil lograr eso en una época como esta, donde la gente está tan distraída con los celulares y las redes sociales?

   —Los conciertos que yo hago son en recintos cerrados, donde antes de empezar la función se pide que se apaguen los teléfonos. Y en general la gente es respetuosa. Pero en los últimos años, en alguna oportunidad, he visto en la oscuridad de la sala caras iluminadas por un teléfono. Es algo que me excede completamente. Sólo espero que no me pase a mí como público (risas).

   —En tu segundo disco hay dos temas propios y en el tercero hay cuatro. ¿Te animarías a hacer un disco enteramente con canciones propias?

   —Por supuesto que me animaría. Tendría que tener una cantidad importante de temas. Para grabar diez necesitás unos veinte, para trabajar sobre eso y descartar. Yo quiero grabar algo que realmente me convenza. Por otro lado, no tendía que tener ganas de grabar canciones de otros autores. No me lo propondría como una obligación. Esta progresión de canciones propias en mis discos marca una tendencia, pero no me lo propongo como algo matemático, no es que ahora quiero tener ocho. Si las canciones están buenas y valen la pena por supuesto que me va a encantar grabarlas.

   —¿El proceso de componer es muy complejo?

   —Es muy complejo o muy simple (risas). Depende del día, de los astros... Es una artesanía. Capaz que un día largás algo medio catártico, con una idea de letra o una melodía, y después todo consiste en retrabajar eso hasta que toma una forma que para mí está buena. Hay una idea que puede ser espontánea y después un trabajo artesanal que consiste en cambiar una palabra, sacarla, borrar, repetir... Estás todo el tiempo rumiando sobre la canción hasta que llegás a la forma final.

   —¿Qué compositores te inspiran para escribir?

   —Son muchísimos. Yo admiro a todos los compositores que han desarrollado el arte de la canción. La canción, en un breve lapso de tiempo, puede condensar imágenes, sensaciones o hasta un pequeño relato. Y la música hace de vehículo emocional de lo que se está contando. La canción es un formato complejo y sofisticado. Escribir literatura también es difícil, pero no tenés la métrica, es más libre. La canción te propone una forma que para mí es un desafío enorme. Cuando escucho una canción de Chico Buarque, un standard de jazz, o una canción de Bob Dylan, de los Beatles o de Silvio Rodríguez yo encuentro ahí la maravilla de esa conjunción de letra, música, poesía, imagen y emoción. Te quedás con la boca abierta (risas).

   —¿Sentís que todavía te ven como “la actriz que canta” o sentís que tenés un lugar propio en la música?

   —Yo siento que voy haciendo lo que me gusta y por suerte el entorno me acompaña un montón. Me acompañan los espectadores y los que compran los discos. “Morir de amor” llegó al disco de oro el año pasado, vendió más de 20.000 copias, y también me dieron un par de premios de la industria de la música. Yo me siento muy metida en el mundo de la canción.

   —Ya tenés bastante experiencia en cantar en vivo. ¿Hay algo que la música te haya dado sobre el escenario que la actuación no te dé?

   —La canción me dio una gran libertad escénica, y libertad también a la hora de producir mis espectáculos. En este espacio musical que yo me inventé yo elijo las canciones, los músicos, el formato del escenario. Todo eso va armando algo que me representa. Yo propongo en primera persona lo que tengo ganas de hacer y de contar. Es un espacio absolutamente personal, que me expresa al cien por cien. Cuando trabajo como actriz me llama un director y me propone participar de un proyecto que me puede encantar, pero yo no tengo las riendas de eso. La canción también te da una relación muy directa con el público, esa posibilidad de subir al escenario y ya desde el primer momento estar mirando a la gente cara a cara, cosa que no pasa en la tele ni en el cine, y tampoco en el teatro. Los actores estamos siempre con la famosa cuarta pared haciendo de cuenta que el público no está. Ahora yo salgo al escenario y ya estoy mirando a la gente desde el primer tema. Eso me produjo mucho vértigo en los primeros conciertos, porque era toda una novedad para mí. Recuerdo que me decía “¿y ahora qué voy a hacer?”. Actualmente es al revés, y es una de las cosas que más disfruto: mirar y hasta incluso dialogar con el público. Yo le doy lugar a lo que cada noche proponga. Cada show es distinto.

   —Tenés 45 años y se te ve muy bien físicamente. ¿Tenés alguna rutina con respecto a tu físico?

   —Me cuido por mí y más que todo por mi trabajo. Doy gracias que tengo un trabajo en el que no me puedo descuidar tanto, porque me encanta comer y hacer fiaca (risas). Cuando hago ejercicio es más por mi trabajo que por otra cosa, pero termina dando sus resultados.

   —¿Tenés planes para grabar un nuevo disco?

   —Estoy en la cocina del asunto, o mejor te digo que estoy en la etapa de hacer las compras (risas). Espero que la grabación sea este año o a comienzos del año que viene. Yo no tengo una compañía discográfica que me diga cuándo sacar el disco. Lo hago con mis tiempos.

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