Escenario

"Hoy se defiende con fanatismo lo políticamente correcto"

El actor Nazareno Casero habló de las modas de su generación. Presenta "Al palo y sin globito", una especie de "exorcismo público".

Viernes 17 de Abril de 2015

Nazareno Casero heredó el tono de voz de su padre, Alfredo Casero. Pronuncia las eses de la misma forma que su progenitor y admite que "el apellido de mi padre es una gran ventaja". El actor de 28 años llega a Rosario para presentar su unipersonal "Al palo y sin globito", un espectáculo signado por el humor extremo, escrito y dirigido por el dramaturgo Sebastián Irigo.

Comenzó su carrera con tan sólo 8 años junto a su padre en "Cha cha cha", donde popularizó la "vitrola envenenada". Actuó en programas televisivos como "Los vecinos en guerra", "Farsantes", "Señores Papis" y "El legado", y en películas como "Crónica de una fuga", que lo llevó a ganar un Premio Sur.

Su unipersonal surge luego de perder una apuesta con su psicólogo, por lo que Nazareno es obligado a hacer una catarsis pública, y se lanza por un tobogán de incomodidades, ironía, sadismo, sexo y problemas masturbatorios. Antes del show, que será hoy, a las 22, en Comedy Club Rosario (Corrientes 1530), Nazareno se confesó con Escenario: dijo que tener un hijo no le parece una expresión de amor, aseguró que para comer sano hay que tener cierto poder adquisitivo y contó las extrañas enseñanzas de su padre.

PUNCTUATION_SPACEEN_SPACEEN_SPACEEM_DASH¿De qué se trata tu show?

—Pierdo una apuesta con mi psicólogo y me veo obligado a contar cosas secretas que he callado durante mi vida. Es una especie de exorcismo público, una confesión abierta. Pasaré por sucesos de mi vida un poco escabrosos; como mis primeras pajas, mi debut sexual, mis problemas familiares.

PUNCTUATION_SPACEEN_SPACEEN_SPACEEM_DASH¿Cómo te surgió contar esto?

—Un par de productores inescrupulosos se aprovecharon de mi debilidad y me están llevando en una combi por todo el país como si fuese una atracción de un circo de fenómenos.

PUNCTUATION_SPACEEN_SPACEEN_SPACEEM_DASH¿Qué cosas te preocupan a tus 28 años y qué creés que le preocupa a tu generación?

—Parecería un poco cliché, pero creo que a todos nos preocupa lo que está pasando en el planeta. A mí me vuelve loco que la gente desperdicie agua desbocadamente. Estamos en un lugar bendecido del mundo, entonces la gente no se preocupa por el agua. Y en un momento no tan lejano esto va a ser un problema, incluso social. Creo que mi generación está muy atenta a eso porque somos jóvenes y los que a corto plazo vamos a sufrir las consecuencias. Creo que se puede impedir que todo se haga más mierda.

PUNCTUATION_SPACEEN_SPACEEN_SPACEEM_DASH¿Tenés ganas de tener un hijo, formar una familia?

—No, no, no, no. Tener hijos te pone en una situación de mucha fragilidad: tenés que estar cuidando a una persona que tarda muchos años en poder valerse por sí misma, incluso cuando tiene 18 años seguís preocupándote. No es algo en lo que quisiera pensar. La vida está llena de sorpresas y aunque seas precavido, cualquier cosa puede suceder. Pero tener hijos no es un tema que ocupe ni un kilobyte de mi disco rígido. No creo que sea por ahí el camino. Puede serlo, y valoro que la gente lo haga, pero no tiene por qué serlo, no es el cauce natural de las personas. Tener un hijo no es un acto de amor porque estás trayendo una boca más al planeta. Hay guerra, muerte, hambre y vos traés una vida más... Si lo ves así, es un quilombo. Creo que es algo que hacen las personas y que si les parece que el amor es así, está perfecto. No creo que el amor pase sólo por ahí, hay muchas maneras de crecer y relacionarte con otros seres.

PUNCTUATION_SPACEEN_SPACEEN_SPACEEM_DASHContaste que te hiciste vegetariano porque una acupunturista alemana te dijo "suspendé la carne roja", y porque viste el documental "Earthlings" en Cuevana, pero unos meses después, dejaste de serlo. Cada vez más jóvenes se hacen vegetarianos por ver un documental, luchan por la ecología, toman 2 litros de agua por día. ¿Creés que lo hacen por moda o porque realmente lo sienten?

—Puede ser. Desde hace algunos años hay una onda alternativa que lleva a que estas generaciones busquen otras cosas, naden en otras antípodas. Hay una tendencia a defender con fanatismo lo políticamente correcto. Por ejemplo, yo de golpe dejo de comer animales y me vuelvo radical de eso, y te enrostro en la cara que vos sos un asesino, nazi alimenticio, con una actitud fascista. Creo que cuando la discusión empieza a desvirtuarse, está mal. Creo que está bien que se generen estos movimientos porque en teoría son para mejorar: dejar de comer animales, que no sufran, etcétera. Pero, ¿qué gasto a la vida genera eso? Tengo que ir a comprar la verdura porque no tengo tiempo para plantarla. En vez de comer una pechuga de pollo me como 200 gramos de almendras. Y las almendras salen 80 pesos los 100 gramos. O sea que tenés que tener cierto poder adquisitivo para terminar comiendo sano. O sea que entrás en otra vorágine. Creo que está buenísimo pero cuando es factible, sino es un esfuerzo grandísimo, y un día te arrepentís y volvés a comer carne.

PUNCTUATION_SPACEEN_SPACEEN_SPACEEM_DASHCreciste en un ambiente desestructurado, rodeado de actores como Diego Capusotto y Fabio Alberti. Pero fuera de las grabaciones, ¿es cierto que tu padre fue muy estricto?

—Una vez mi papá me dijo: "Vení, te voy a enseñar a remachar". Y me hizo remachar una casa rodante entera. Yo era pendejo, tenía doce años y no me daban los brazos para remachar. Entonces me hizo todo un sistema para que la remachadora sea más larga y tenga más palanca. No obstante, terminé de remachar toda la casa rodante y desapareció. La había cambiado por unas motos. Siempre fue una cosa muy gitana, y gracias a Dios, porque si todo fuese convencional, sería aburrido.

PUNCTUATION_SPACEEN_SPACEEN_SPACEEM_DASH¿Te sentís parte de una generación de nuevos actores cómicos junto a Migue Granados y Nazareno Mottola?

—No, no pienso en eso como horizonte. A mí me gusta el drama. Recién ahora estoy haciendo algo de comedia. No sueño con ser cómico, si sucede, sucede. El tiempo y el público lo dirán.

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