Escenario

Historias íntimas con pluma local

Marisa Quiroga y Marcelo Camaño cuentan cómo hicieron los guiones de la ficción de Telefé que se estrena el viernes.

Sábado 30 de Junio de 2018

Hay tramas enlazadas, cruzadas, que empiezan y no terminan, o finalizan en otro lado. Por esos caminos atravesados transita "Rizhoma Hotel", la nueva producción de Telefe que a lo largo de 21 capítulos propone la misma cantidad de historias desde la habitación de un hotel boutique. La ficción, que se estrena el viernes en el prime time de Canal 5, cuenta con un elenco de primeras figuras en el que conviven Jorge Marrale, Violeta Urtizberea, Luis Machín, Martina Gusmán, Sofía Gala y Nicolás Vázquez, entre una larga lista de más de veinte actores. Pero el plato fuerte es quiénes son los que imaginaron este cuento en el que, como un rizoma (pero sin h), "en cada nudo, en cada lugar, puede aparecer una ramificación".

   Así lo dijo Marisa Quiroga ("El tiempo no para"), una de las dos plumas rosarinas que cranearon esta serie de encuentros prohibidos, amores inconfesables y situaciones impensadas. El otro es nada menos que Marcelo Camaño, cuyo trabajo como libretista se hizo más popular a partir de "Resistiré", en el que Quiroga —en rigor de Villa Mugueta pero que adoptó la ciudad cuando estudió Comunicación en la UNR— era una de las dialoguistas. En "Rizhoma Hotel", ambos créditos locales contaron con la colaboración de Mariana Planella y Javier Rozenwasser.

   —¿Cómo nace el proyecto de "Rizhoma Hotel" y cuál fue el objetivo que se propusieron desde la primera línea del primer capítulo?

   Marcelo Camaño: El proyecto lo genera la productora y nosotros fuimos trabajándolo hasta destilar el concepto, el formato y la idea de "Rizhoma", que tiene que ver con retomar algunos personajes para completar historias o participar en historias de otros. Y por supuesto pensamos las tramas y los personajes.

   Marisa Quiroga: Hice foco en cómo se construye el drama en el siglo XXI: inmersos en las redes, sabemos que es un espacio superficial y que se presta al engaño. Sin embargo, nos puede el deseo de confiar, de conectarnos. Muchas pautas del pudor y la intimidad fueron superadas, pero en el cuerpo a cuerpo que propone un cuarto de hotel aparecen nuevas maneras de amar y también de hacer daño. Indagamos en todo eso.

   —¿Al ser 21 capítulos de media hora, pretenden adaptarse a un formato de streaming que hoy es tendencia en las plataformas digitales?

   Camaño: Fue un poco pensado para el streaming y otro poco porque la condición de producción era no salir de ese decorado, por lo tanto debíamos volver a la palabra y al conflicto como centro de atracción para intentar que aquel público que haya perdido ese vínculo con la escucha encuentre nuevamente un conflicto interesante. No todo es parafernalia, a veces la tríada libro, actuación y dirección puede invitarte a pasar una media hora entretenida, tal vez un poco más largo sea tenso de seguir.

   —¿Qué temáticas privilegiaron en los vínculos que surgen en las habitaciones de hotel?¿Hubo algunas que eligieron descartar por algún motivo en especial?

   Camaño: Se descartaron las que no nos interesaron o no podían crecer, privilegiamos los vínculos amorosos, de poder, de negociación, familiares. Hay un abanico variopinto de temas y de eventos reconocibles por la mayoría.

   Quiroga: Un tema tabú todavía en nuestra sociedad, la eutanasia, sirvió para desplegar todo un rizoma. Las consecuencias de esa muerte provocada. En este caso la decisión la toma el padre y en otros capítulos vemos el efecto que tuvo en sus hijos. Y luego, en clave más relajada, hay un matrimonio que se instala varias veces en el hotel para cumplir distintas fantasías sexuales, aunque por supuesto nada sale como lo previsto.

   —¿Se impone la necesidad de formatos de este tipo o bien otros que también privilegien lo nacional ante la avalancha de tanta ficción extranjera?

   Camaño: Esto es una cuestión de tiempo, en la crisis del 2001 había más ficción nacional que ahora. A la superpoblación de novelas turcas, en otro momento fue mexicana o española, no hay que temerle. Llama la atención que mientras la ciudadanía avanza con temas más modernos aparezcan estos productos que hablan de costumbres machistas, ancestrales o que dejan a la mujer en un lugar deplorable. Hay que generar ficción nacional porque en los mercados hay que vender, porque el público quiere ver sus temas y a sus actores. Ahora si lo que construimos son ficciones pasteurizadas, y casi imbéciles, es lógico que frustren. Mi postura desde siempre es aportar algo más que entretener, no importa qué, pero un plus debe haber. Es cierto que los costos están muy altos y las productoras y canales tienen que afilar mucho el lápiz para tomar decisiones.

   Quiroga: Siempre es necesaria, imprescindible, más producción audiovisual argentina. Y no sólo porque es una industria no-contaminante que genera ingresos genuinos al país, si no porque plasma y cuestiona nuestra identidad, se hace eco de nuestros debates, mal o bien nos espeja. Tanta ficción extranjera está interviniendo nuestro cuerpo social, "trafica pautas de conducta" y, por poner sólo un tema (porque son muchos) en la cuestión de género muchas telenovelas extranjeras siguen mostrando una mujer sumisa, sufriente, atada a mandatos patriarcales. En las ficciones locales esas mujeres ya no existen o existen sólo para tomar conciencia de sí y empoderarse.

   —¿Qué eligen ver, leer o escuchar para nutrirse en la escritura de los guiones?

   Camaño: En realidad no he cambiado mis hábitos de lectura, pero es cuantiosa la cantidad de material audiovisual que hay que ver, sobre todo para chequear qué se está haciendo en otros países, y nunca alcanzás a ver todo.

   Quiroga: Cada proyecto tiene un espacio de investigación. El capítulo de "Stealthing", que es una nueva forma de agresión sexual, lo rastreamos en artículos periodísticos. Pero primó el relato oral, cosas "increíbles" que conocidos y amigos te cuentan o que leés en las redes. Trabajamos mucho en equipo (también con Martín Kweller) y recién si la anécdota nos sorprendía a los tres veíamos "qué libro había allí", de qué venía a dar cuenta en este momento.

   —¿Qué proyectos fueron una bisagra?

     Quiroga: Creo que cada cinco o seis años hay un proyecto "bisagra" que es, a la vez, coronación de una búsqueda. Escribir "Cartoneros" (2015) fue mostrar que una serie con protagonistas no-convencionales puede ser también un "magnífico producto" que le da ficción a un tema invisibilizado. Y fue un camino porque antes hicimos varias series históricas o con temáticas sociales y nacionales ya que existía una Ley de Medios que respaldaba esa producción. Esto se acabó. Esta nueva etapa nos obliga a estar muy pendientes de los mercados internacionales.

   —¿Después de "Rizhoma Hotel" qué proyectos tienen o en qué otros guiones están trabajando?

   Camaño: Yo estoy trabajando con la productora Kapow en una serie internacional en coproducción con Fábula, la productora chilena que ganó el Oscar. Estamos trabajando también en proyectos con España y con Brasil.

   Quiroga: Mis proyectos ahora se gestan para el exterior, tengo una serie vendida a México, "El Juego de las llaves", y también otras dos propuestas a punto de concretarse fuera del país.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario