Escenario

"Hice un disco poético como respuesta a la creciente degradación del lenguaje"

Víctor Heredia hace canciones de trazo grueso en lo social y de trazo fino en lo sensible. Y "Ciudadano", el disco nuevo que llega a 40 años de su debut en las bateas, no hace más que ratificar esa línea de trabajo y de vida.

Domingo 28 de Diciembre de 2008

Víctor Heredia hace canciones de trazo grueso en lo social y de trazo fino en lo sensible. Y "Ciudadano", el disco nuevo que llega a 40 años de su debut en las bateas, no hace más que ratificar esa línea de trabajo y de vida. "Si yo me dejo llevar por esta decadencia y me mimetizo como artista en esta degradación y devastación cultural, me suicido", graficó el autor de "Aquellos soldaditos de plomo" y "Sobreviviendo".

—¿Por qué decidiste ponerle "Ciudadano" a tu nuevo disco?

—Hay una canción que se llama "Ciudadano" y esa existencia no es casual, creo que hay una sensación de angustia y de histeria en la Capital Federal que es llamativa. Hay gente que está muy alienada.

—¿A qué obedece?

—Responde a distintas cuestiones, en principio a esta cosa de vértigo que propone la Capital Federal que hace que uno sienta, sinceramente, que los días comienzan y terminan al minuto. Empezás un día y de golpe te estás acostando, ¿y qué pasó en el medio? Es dramático eso. Y después está todo lo otro, la alienación, los tipos que laburan como autómatas, que no tienen ni siquiera tiempo para ver a los hijos, la inseguridad y toda esta locura.

—¿La inclinación poética que tiene el disco es deliberada?

—Es deliberada y es una respuesta. Es que yo percibo, como mucha otra gente, una degradación del lenguaje que parte de la procacidad de los medios de comunicación, sobre todo en los grandes medios abiertos al público. Y también se ve en la subestimación de la capacidad intelectual y de análisis, en la subestimación ideológica, partidista, política, social, etcétera. Nos tratan como si fuéramos niños de primero inferior y pretenden que con ese vocabulario nos movamos, desde la procacidad hasta la estupidez.

—¿Hay complicidades en esta degradación?

—Y sí, fijate qué tipos de programas ve la gente, qué es lo que se aplaude y qué suma rating. Esta degradación del idioma, de la lengua, de la palabra es muy fuerte. La respuesta es mejorarlo desde el laburo de uno, ése es mi aporte.

—¿Esto es coyuntural o es una herencia del menemismo?

—Entiendo que viene desde el menemismo, sí. Y esta suerte de democracia que hemos construido adolece del eje sustancial que es la cultura, o sea, un proyecto cultural que enaltezca este espacio democrático en el que todos vivimos. Pero no sólo por el placer de la cultura, la lectura, el buen cine, la buena música, sino porque desde allí un país se puede reconstruir. Desde allí el individuo va a tener una herramienta extraordinaria para hacer sus análisis y debatir.

—En tu nueva canción "Azules" hablás de aquellos "tremendos años de sobrevivir", ¿en qué difiere de tu clásico "Sobreviviendo"?

—Eso lo escribo desde el cansancio de una generación que vio postergada todas sus posibilidades por la censura, las desapariciones forzadas, las detenciones, los grupos de tareas, los secuestros. Entonces, ahora existe la posibilidad de tener un espacio adecuado en el que, para mí, el gobierno de Néstor Kirchner fue sustancial en los últimos años para cuestiones, como la justicia, los derechos humanos, la memoria. Digo, está todo bien con nuestra generación, pero ¿y el resto?

—¿En ese resto se incluye algo más que la cultura?

—Sí, se incluye un proyecto cultural verdadero, pero además un proyecto educativo verdadero, una mirada sincera sobre los propios errores, porque muchos errores fueron por tratar de modificar un país que se nos estaba yendo de las manos.

—Las temáticas sociales, testimoniales y comprometidas fueron el fuerte de tu carrera, pero ¿qué pasa cuando la gente mira para otro lado?

—Confío en el producto, es lo único que me queda, confío en mi intuición. El otro día me planteaba lo mismo mi hija Laura, que es productora de televisión y diseñadora de mis discos. Cuando escuchó el material me dijo: «Bueno, papá, y ¿quién va a entender esto?». Me lo decía desde el lado marketinero, comercial, me decía: «¿Por qué hacés un disco así ahora, si los chicos hablan todos cinco palabras?». Y le dije que si yo me dejo llevar por esto y me mimetizo como artista en esta degradación y devastación cultural, en esta decadencia, me suicido. No me daría ningún tipo de felicidad y placer lo que hago, estaría tratando de imitar para que me comprendan.

_¿Qué se hace entonces?

—Lo único que hay que hacer es plantar una cabecera de playa. En otro lugar, por pequeña que fuera, y tratar de hacer que presten atención.

—De lo contrario sería una entrega.

—Totalmente, se puede traicionar de muchas maneras, y esta sería una.

—Al revés de los cantantes románticos. Dicen que el amor es eterno y que no están obligados a mudar el discurso. ¿Escribir mirando el contexto social es una carga o un desafío apasionante?

—El cantante romántico no miró nunca ni mirará al costado. Pero yo no me obligo a mirar, digo lo que digo porque desde que tengo uso de razón miro a mi alrededor. No puedo hablar de otra cosa más de la que veo. Uno no se propone mirar alrededor, miro y cuento lo que veo. Hay tipos que van a ver un partido de fútbol y después se la pasan hablando de lo bien que estaba la mina que tenían al lado. Así son los cantantes románticos, van a ver un partido de fútbol y lo único que ven son las tetas de las minas que están abajo.

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