Escenario

"Hay gente sin trabajo y la sociedad no la recupera"

Roberto Carnaghi encabeza el elenco de “Mateo”, en La Comedia. El actor dijo que, a casi 90 años de su estreno, la obra de Discépolo conserva su vigencia.

Viernes 18 de Mayo de 2012

"Ya va a llegar otro invento que te comerá el corazón". Esa línea, con rabia y resignación, alude al drama de Miguel, el protagonista de "Mateo", la obra de Armando Discépolo que se presenta hoy y mañana, a las 21, en el teatro La Comedia. El "invento" equivale al "progreso", recordó Roberto Carnaghi, protagonista de la pieza en un elenco que completan Silvia Baylé, Pablo Brichta, Horacio Acosta, Max Berliner, Paloma Contreras, David Masajnik, Agustín Rittano y Miguel Sorrentino. El actor dijo que a casi noventa años de su estreno, este grotesco clásico del teatro argentino representa claramente la actualidad de una "sociedad que no se ocupa del otro". Las funciones son parte programa Cervantes Federal y la dirección es de Guillermo Cacace.

—¿Cuál es el desafío de traer un clásico a la actualidad?

—Este es un espectáculo del teatro Nacional Cervantes. De cierta manera tiene que tratar de representar el teatro argentino. En este caso lo convocan a Guillermo Cacace. Esta obra, que es del año 23 tiene una connotación con el día de hoy. Eso en cierta manera es lo que me interesa. Eso me apasionó, aparte del elenco. Y esto es fundamental porque uno solo no hace una obra de teatro. La obra es exactamente lo que escribió Discépolo. Lo único que cambió es el ámbito, y la escenografía que está más de acuerdo al día de hoy.

—¿Qué vigencia encontró en el texto?

—La obra tiene una vigencia maravillosa. Habla del progreso. Lo que plantea y muestra es el problema de una familia que enfrenta el progreso frente a la desaparición del carruaje. Son gente marginal que no tiene ningún trabajo ni la posibilidad de hacerlo porque no tiene la capacidad para hacer otra cosa. Miguel, mi personaje, su abuelo ha sido cochero, y su padre han sido cocheros. Tiene 60 años y ya no tienen qué comer, el y la mujer deben una fortuna que no podrán pagar. En su estado de desesperación, con todos los códigos que tiene de trabajo y demás, sale a robar. Y no le va bien.

—¿Cuál es el lugar que ocuparía hoy Miguel, el protagonista, en la sociedad?

—Discépolo siempre habla de los perdedores, no habla de los héroes, sino de la gente que pierde. En este caso es lo mismo. Hoy en la sociedad hay gente que no tiene trabajo y la sociedad no los recupera. Finalmente terminan muchos de ellos trabajando de cartoneros. Es un trabajo con una mirada de la sociedad que no se los incorpora, sino que es bastante despreciativa, con el miedo que le producen a veces estas personas que a las 9 ó 10 de la noche está juntando cartones bajo la lluvia, el frío, el sol. Y que es un trabajo que apenas les alcanza para comer. Nos referimos a esto a partir de algo que vemos a partir de esta debacle de don Saúl que terminó con De la Rua. Empieza con las fábricas cerradas y las que se van al exterior. Quiero decir que de alguna manera nos toca a todos. Una sociedad que tiene que progresar, pero se olvida de los que trabajaron, y eso produce violencia. Una violencia familiar. Así también en la obra hay un conflicto entre él y el hijo, hay un problema generacional, entre el hoy y lo que fue. En el 23 los mandatos eran distintos. Miguel piensa que va a morir con la galera y el látigo en la mano. El personaje habla de la una sociedad que no se ocupa del otro.

—¿Esa violencia y ese miedo que menciona tienen un correlato en la experiencia cotidiana?

—Acá es más una violencia familiar. Los ladrones de aquella época salen a robar ropa, gallinas, no son los de ahora. Pero el problema es lo que le plantea el funebrero que le dice: "Hay que entrar, no se puede ser honesto y creer que uno la va a pasar bien". La mirada del otro, ese mundo que hemos tenido acá, una gran corrupción y demás. Y lo que dice Miguel: "Nadie con el solo sudor puede hacer plata. Con el trabajo solo no, hay otra cosa". Esta es la mirada de Discépolo también, de un hombre que era un socialista casi anarquista. La violencia es con su mujer con sus hijos, llega mal del trabajo, los hijos no trabajan, todo le molesta. "Un día agarro toda la familia, la meto en la pieza y le prendo fuego". Es un mandato que hoy ya no es tan así. El padre en aquella época era el único sostén y la mujer no salía a trabajar. Hoy es distinto, pero el gran problema del progreso, de quedar marginado y no tener nada de eso está y sigue estando, aunque vaya la mujer a trabajar. Es terrible, ¿pero qué hacemos con ellos? No es solamente poner policías, más helicópteros y patrulleros. Hay que poner dinero, educación, un cambio en la sociedad y no solamente de un gobierno. Es una sociedad que tiene que pensar distinto porque los que viven en un country no van a poder salir. En la obra aparece el automóvil que desplaza al mateo. Miguel dice una frase maravillosa: “Ya va a llegar otro invento que te comerá el corazón”.

—¿Lo sorprendió el éxito de “Graduados”?

—Habla muy bien de nuestro público y de la necesidad de hacer un programa que creo que le interesa a la gente. La familia que hacemos no es solamente una que puede tener connotaciones de la colectividad judía, sino que es una familia argentina. Son los problemas de hoy, la pelea con la mujer, los chicos que no laburan, las discusiones en tono de comedia. Es sorprendente lo que pasó. Me alegro porque habla de la ficción y el trabajo, de tener trabajo los actores, los técnicos, no solamente un programa donde se muestra un culo o una la pelea.

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