Escenario

"Hacer música de cierta complejidad me garantiza el fracaso comercial"

El bajista Franco Fontanarrosa presenta hoy su disco "Paraíso a la miseria" en el Centro Cultural de Parque España. Y habla de componer "contra la corriente".

Domingo 23 de Junio de 2019

Franco Fontanarrosa disfruta de la comodidad que le da aquello que suena incómodo para los otros. "Hacer música de cierta complejidad me garantiza el fracaso" le dice a Escenario y larga una carcajada cómplice. Hoy, a las 19.30, en el Túnel 4 del Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río) presenta su nuevo proyecto y CD "Paraíso a la Miseria", que se suma a La Mujer Barbuda y Christy Doran's Sound Fountain, una banda integrada por músicos suizos con quienes tiene frecuentes giras europeas.

"Paraíso a la Miseria" es también el título del nuevo disco producido por Quark Records, cuyos cuatro temas "Emoticón", "Capturar al fantasma", "La ley de la ferocidad" y "La altura de un capricho" atraviesan un universo sonoro tan único como atípico que los músicos de este ensamble lo citan como "música contemporánea groovera".

Franco, que es bajista y compositor, es el responsable también de todas las partituras que interpretan los músicos de Paraíso a la Miseria, que son Martín Pantyrer (clarinete bajo), Carto Brandán (batería), Guillermo Rubino (primer violín, Rodrigo Beraldi (violín), Mariano Malamud (viola) y Benjamín Báez (cello), todos surgidos de la escena de Buenos Aires, donde reside actualmente el líder del grupo, que es hijo del Negro Fontanarrosa.

"Yo tengo mi grupo que se llama La Mujer Barbuda y después estoy tocando con unos músicos de Suiza con los que he viajado mucho, que se llama Christy Doran's Sound Fountain, cuyo líder es Christy, un tipo muy prestigioso sobre todo en Suiza, Austria y Alemania, países donde se habla alemán, y con ellos hace años que vengo tocando", dice Franco café de por medio en un barcito de una galería céntrica. En la charla con Escenario, Franco hablará de lo que más le gusta, que es la música, pero también de qué es el éxito y el fracaso y de cómo se fue insertando en un universo sonoro con acordes a medida.

—¿Cómo es hacer música contra las reglas convencionales?

—Yo me siento muy bien haciendo música que va contra la corriente, más allá de la remada constante que eso implica, porque tomar la decisión de hacer música instrumental de cierta complejidad te garantiza el fracaso (risas), el fracaso comercial digamos. Podría tener varias acepciones con el título de este proyecto Paraíso a la Miseria. Pero por otro lado te quita una mochila muy grande, que es la de tener que hacerte conocido y en algunos casos, entre comillas, ser famoso y ser artista convocante y estar en boca de todo el mundo.

—A ver, explicame un poco más eso.

—Es que, teniendo muchos colegas artistas, no sólo músicos, sino cineastas o gente de teatro que busca hacer algo popular, es duro también la lucha del artista para hacerse conocido. Es algo que a muchos artistas populares les pesa mucho, esa cuestión de hacer un concierto y cuánta gente te va a ir a ver, y si salió la nota en tal lugar, y todo ese tipo de cosas que yo no lo tengo como algo muy importante, lo que me hace sentir una relajación muy grande. También es cierto que querer hacer algo popular condiciona lo que uno quiere hacer, porque los temas tienen que ser cortos, el estribillo tiene que ser rápido. Y...bueno.....yo tengo temas de más de 8 minutos, quizá para alguien sea algo abusivo, pero siempre he tenido un criterio de que medianamente sea entendible lo que se hace, no es que no me importa en absoluto lo que a la gente le pase, no soy de esas personas que se sube al escenario y le importa lo más mínimo lo que les pasa a los que están abajo. Pero por otro lado siempre he sido honesto con lo que hago, trato de hacer eso y no negociar mucho y la verdad es que me viene dando buenos resultados, pese a que sé que voy a tocar muchas veces para 20 personas, que me van a seguir preguntando qué tipo de música es, pero siento que con el tiempo he logrado tener más aplomo en lo que toco, y me siento muy seguro.

—¿Cómo te definirías como artista?

— A mí siempre de alguna manera me interesó poder desarrollar un lenguaje propio, no tan encasillado dentro de un género, aunque entiendo que a veces la gente necesita que le digan "es esto". Si tengo que responder más en profundidad te diría que a mí no me gusta decir "es esto", pero si puedo responderlo más livianamente te diría que yo soy un músico de rock, me consideré toda la vida un músico de rock, aunque yo también estudié mucho jazz. Este proyecto es el resultado del gusto que siempre tuve por la música académica o la música de cámara. A mí siempre me gustó mucho la música contemporánea y los cuartetos de cuerdas. Abrí la puerta, con mucho respeto, a un mundo complejo, porque ni en pedo soy un músico académico, pero siempre escuché mucho esa música.

—¿Y cómo es estar al frente de un grupo de estas características?

—En este grupo somos siete, es el grupo más grande que tuve, yo escribo todo lo que suena y en la improvisación está decidido que haya improvisación. Este proyecto surge porque gané un subsidio del Inamu (Instituto Nacional de la Música) y pude contar con músicos importantes, como es el caso de Martín Pantyner que toca en Escalandrum y con Liliana Herrero. Muchas veces escribo notas que teóricamente están mal, notas que duelen (risas). A mí siempre me gustó el concepto de caos ordenado, el jazz tiene mucho de eso, me refiero a estructuras medio caóticas que cuando estás empezando a entender qué es lo que pasa de golpe cambia drásticamente a otra cosa, y melodías que de golpe no se entienda bien si es está bien o mal tocado o cambios rítmicos abruptos. Eso me gusta, la verdad que me gusta mucho.

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