Escenario

"Hacemos un teatro comprometido que siempre dialoga con su público"

La compañía Teatro de los Andes llega hoy a Rosario con su obra "Mar". La actriz Alice Guimaraes contó cómo es la singular puesta que, a través de un hecho histórico, reflexiona sobre los sueños y los anhelos perdidos.

Sábado 20 de Abril de 2019

En 1991, en una localidad del interior de Bolivia (Yotala, a 15 kilómetros de Sucre) un grupo de actores y creadores fundaron el Teatro de los Andes, una compañía de artes escénicas que hizo del teatro una forma de vida. Con el trabajo colectivo como principal guía, crecieron hasta transformarse en uno de los grupos independientes más importantes del continente, con obras premiadas como "Hamlet, de los Andes" (2014), "Odisea" (2008) y "En un sol amarillo" (2004). Hoy la compañía llega a Rosario con "Mar", que se presentará a las 21 en el teatro del Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río).

La puesta protagonizada por Gonzalo Callejas, Freddy Chipana y Alice Guimaraes está inspirada en un conocido hecho histórico: a fines del siglo XIX Chile invadió el territorio que conformaba el litoral boliviano y parte del litoral peruano. Esta invasión desencadenó la llamada Guerra del Pacífico, luego de la cual Bolivia perdió su acceso al mar y se convirtió en un país mediterráneo. "Mar" cuenta la historia de tres hermanos bolivianos que deciden emprender un viaje para cumplir el último deseo de su madre moribunda: ser abandonada en las olas del mar, que es desconocido para ella. Estos personajes representan muchos de los mitos que tiene Bolivia con respecto a este tema, desde los lugares comunes sobre el hecho de no tener un mar, hasta reflexiones profundas sobre el significado de esta pérdida. La obra también habla metafóricamente de los sueños y anhelos que se han perdido.

Antes de llegar a Rosario, la actriz Alice Guimaraes habló con Escenario sobre las particulares características de la obra, la necesidad de crear un teatro "comprometido" y las dificultades económicas que una compañía independiente debe enfrentar todo el tiempo.

—Ustedes presentaron "Mar" en diferentes países. ¿Cómo fue recibida la obra en Chile, donde el tema de esta puesta es muy sensible?

—La obra fue bien recibida tanto en Bolivia como en Chile. Nosotros no tratamos el tema de la Guerra del Pacífico de manera histórica, tampoco levantamos banderas para este o aquel bando. La obra es una alegoría poética y puede tener diferentes interpretaciones, incluso diferentes al propio tema que la inspiró. En Chile particularmente la obra tuvo mucha empatía con el público, que entendió que se hablaba del sentimiento de un pueblo y una reflexión sobre la ausencia. La obra no hace reivindicaciones políticas.

—El texto es del dramaturgo Arístides Vargas, un argentino que debió exiliarse en los años 70. ¿Cómo fue trabajar con él?

—La creación fue colectiva. Fue Arístides quien escribió un texto para nosotros de acuerdo a un proyecto que le propusimos, y juntos llevamos a cabo la puesta en escena de la obra. Nosotros somos actores creadores. No somos intérpretes de las ideas de otros. Nuestras obras nacen de una necesidad de hablar de un determinado tema, de desarrollar la manera de, a través del teatro, manifestar lo que pensamos y compartir nuestras inquietudes con nuestro público. Invitamos a Arístides Vargas a dirigir esta obra y mientras creábamos escenas e imágenes, él escribía el texto. La puesta y el texto nacieron prácticamente juntos, desde el trabajo colectivo.

—El Teatro de los Andes es una experiencia colectiva muy singular. ¿Cómo nació esta experiencia? ¿Cuáles eran sus objetivos iniciales?

—El Teatro de Los Andes nació en 1991 en la localidad de Yotala, en una pequeña hacienda donde preparamos y presentamos nuestros espectáculos, realizamos encuentros y talleres sobre teatro y hospedamos a otros artistas y grupos teatrales. Nuestro trabajo está caracterizado fundamentalmente por la creación colectiva. Todos, director y actores, aportan en la creación en diferentes disciplinas, desde los elementos de la puesta en escena hasta la propuesta musical, de escenografía y dramaturgia. En nuestros espectáculos buscamos reflexionar sobre el arte del actor y la necesidad de contar historias, de recordar, de retomar la propia esencia. Nosotros queremos llevar el teatro a donde están las personas, buscar un nuevo público para el teatro y crear un nuevo teatro para este público. En los últimos 10 años también nos enfocamos en un proyecto de formación teatral con jóvenes universitarios de Sucre, con obras que tratan temas de derechos humanos, además de proyectos sociales donde el teatro no es un fin en sí mismo, es más un medio de discusión e inclusión social.

—¿Tienen contacto con otros grupos de teatro independientes del continente? ¿Cómo es ese contacto?

—Nosotros ya tenemos 28 años de trayectoria, creo que somos parte de la historia del teatro latinoamericano. Entre grupos formamos una gran red de resistencia haciendo un teatro comprometido con una ideología artística, un teatro que tiene algo que decir, que dialoga siempre con su público, que se contamina del momento histórico y de la vida misma. Así tenemos hermanos por toda Latinoamérica, como el grupo Malayerba, el Teatro La Candelaria, Teatro Yuyachkani, Lume Teatro, Usina do Trabalho do Ator, Teatro El Paso y otros tantos más.

—¿Cómo es hacer teatro independiente en Latinoamérica, donde siempre faltan recursos económicos? ¿Reciben ayuda del Estado?

—En Bolivia existen muy pocos recursos económicos para la cultura y menos todavía si hablamos de teatro. No tenemos ni tuvimos ningún apoyo gubernamental nunca. Vivimos y sostenemos nuestro espacio exclusivamente con los frutos de nuestro trabajo. Alguna vez recibimos fondos de ONGs para trabajos específicos que tienen una repercusión social. Pero nuestras producciones artísticas son autofinanciadas y no es fácil. Siempre estamos al borde de un abismo, la situación de crisis económica es permanente. Lo que nos salva es continuar haciendo buenas obras, trabajos de calidad que permiten sostenernos.

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