Escenario

Gustavo Cordera: "Estoy en el lugar que quiero estar"

Hoy el Pelado luce más cerca de un chamán que del Woody Harrelson de “Asesinos por naturaleza”. “Lo que viene me excita y enorgullece”, dice a Escenario, envuelto por un mar de calma.  

Domingo 08 de Marzo de 2015

En plena campaña de lanzamiento de “Libertinaje” a fines de 1998, Gustavo Cordera, por entonces líder de la Bersuit, entraba al diario La Capital para ser entrevistado. Un par de minutos después, en una sala de paredes blancas y alrededor de una mesa acrílica, el Pelado hablaba y miraba fijo y sin pestañear a los ojos del cronista durante las primeras preguntas. Los músculos rígidos de la cara, los ojos abiertos e inmóviles y la cabeza que le brillaba como una bola de billar, eran cosas que metían miedo. Faltaba un par de años para hitos como “El tiempo no para” o “De la cabeza”, también nueve años para llenar la cancha de River y once para detener la marcha del tren de los pijamas.

Después, para el cantante, la era post-Bersuit fueron tiempos de aflojar la tensión, de relajarse un poco y de empezar a alimentar el espíritu. Eso sí, Cordera, hombre del sur bonaerense, recibió en esos años puteadas desde los cuatro puntos cardinales, incluido el sur.

   Hoy el Pelado luce más cerca de un chamán que del Woody Harrelson de “Asesinos por naturaleza”. “Lo que viene me excita y enorgullece”, dice a Escenario, envuelto por un mar de calma.

Cordera tiene proyectado un 2015 a plena ruta y escenario, un álbum en vivo y tranquilidad zen en su casa de Arachania, en La Paloma. Pero antes, el próximo sábado, junto a La Caravana Mágica, actuará en el teatro El Círculo.

   “Arranqué este año con más ganas que nunca, lleno de fe en lo que hago, viviendo una nueva ola de energía, sabiendo que el tiempo ya tiene otro valor para mí, y dejando todo en la cancha. Vienen giras por México, Colombia, Cuba, Chile y por supuesto un nuevo reencuentro con la gente en la Argentina y Uruguay”, explica.

   Sur y aceite, barriles en el barro, galpón abandonado. De ahí viene el Pelado. Del sur. La familia Cordera vivía arriba del cine Colonial, en Avellaneda. Ahora, a la distancia, asegura: “Avellaneda dejó el barro con el que me hice como persona”. Y añade: “La zanja, la esquina, el asalto, los picaditos en la calle, el primer beso, mi despertar sexual, la forma de hablar y de cantar, las sudestadas con el desborde del riachuelo, ese olor que aún llevo en mi memoria. Avellaneda es y fue un pedazo de mí y yo soy un pedazo de Avellaneda”. Está escrito, “Avellaneda blues”.

   Después, en los 80 el jovencísimo Gustavo militó en Franja Morada y estudiaba Comunicación Social.

   —Si la música no se cruzaba en tu camino, ¿hoy tendríamos un Cordera periodista?

   —Periodista no, sí jugador de fútbol. Jugaba en las inferiores de Lanús, pero no tuve constancia en aquel momento.

   Los viajes a Salvador de Bahía, Brasil, lo acercaron a la idea de convertirse en músico de rock.

   “Me hice músico por la necesidad de expresar mi bronca, mi rebeldía, mis ganas de romper con todo, de cambiar. Y vi en el rock el espacio que no tenía en la facultad. Yo era rock aunque en ese momento todavía no lo sabía. El primer día que me subí a un escenario fue con Bersuit en 1989; ese día supe que bajaría sólo muerto. Ese es mi lugar en el mundo”, dice.

   —En los 90 pasaste lo peor y lo mejor, sin término medio. ¿Cómo sería la película de esos años?

   —Si tuviera que contar una película de esos días diría: la historia de unos dementes argentinos que intentaron cambiar el mundo, romper con todas las reglas, inclusive las del rock nacional; que a través de la música conocieron el mundo, y lo vivenciaron de cuerpo y alma, conocieron el éxito y el fracaso, la vida y la muerte, el éxtasis y la agonía... En síntesis, gente común viviendo una vida extraordinaria.

   —Cuando abandonaste Bersuit, soy de los que creyeron que te habías vuelto loco o idiota. Como haber construido una mansión, casarte con Scarlett Johansson y de golpe, portazo...

   —Yo creo que la respuesta de eso que pasó está a la vista, necesitaba construirme una vez más. Aquello había sufrido una fatiga lógica del desgaste que producen las relaciones humanas, y sin onda el arte pierde el alma, no resolvimos problemas entre nosotros a tiempo y cuando salieron a la vista ya fue demasiado tarde. Hoy lo veo como una experiencia inolvidable e incomparable, algo que no olvidaré jamás.

   —¿Fue otra vez como arrancar de cero?, encima te puteaban los fans de la Bersuit.

   —Peor, empecé de menos que cero. Cero es una banda que recién empieza. Yo tuve que vérmelas con todas las resistencias. Las mías y las de la gente. Siempre que una banda se disuelve cae la cabeza del líder, y es un arquetipo ya conocido, el traidor; nadie se pregunta qué pasó, sólo se castiga al culpable que no será otro que el líder. Yo sabía eso y por eso callé, era inútil defenderme, confié en mí y las canciones, y la gente abrió su corazón y el corazón no miente, y ahora otra vez estoy vivo.

   —¿Musicalmente, te sentís conforme con la propuesta de la Caravana Mágica?

   —Acabamos de construir seis canciones nuevas, y algunas de ellas vamos a mostrar en Rosario, la banda está para ganar en cualquier cancha, suena confiada y feliz, y lo que viene me excita y me enorgullece. Estoy en el lugar que quiero estar, haciendo el arte que quiero hacer, sin medir los resultados inmediatos, sin miedo a perder, yendo al frente porque sí. Lo que van a escuchar está buenísimo.

   —¿Qué estás escuchando y leyendo?

   — Calle 13, y leyendo “El desarrrollo de la luz” de Rodney Collin y “El libro de los abrazos” de Galeano.

   —¿Qué rol ocuparon las drogas en tu vida?

   —Las drogas fueron para mí experiencias de vida, un puente hacia mí, todas ellas, la cocaína, la marihuana, los ácidos, el éxtasis, y la abuelita que es la medicina de hoy, el ayahuasca. Pero de todas las drogas me quedo con la meditación.

   —¿Te sentiste usado alguna vez por los políticos y los medios?

   — A veces intentan usarme pero sé que es muy difícil para ellos, no soy una persona que se calle, y siempre que lo hacen se los hago saber, es un juego que ya conozco y yo me expongo a eso a cambio de que cuenten lo que vamos a hacer... así funciona esto y lo acepto.

   —¿Que opinás del momento que se vive hoy en el país. ¿Hacia dónde creés que vamos?

   —Estamos en constante evolución. Aquello que parece un retroceso no es más que una dificultad que necesitamos trascender para evolucionar. Las crisis son grandes oportunidades y la Argentina es un país que no conoce la estabilidad, vivimos permanentemente en crisis y eso es crecimiento. Cuesta mucho aprender, mucho tiempo; tal vez una vida para dar un pequeño paso, pero vale la pena. Confío en el ser humano aunque sea desagradable lo que vemos.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS