Escenario

Gabriel Rolón: "Nadie tiene que quedarse en un lugar donde ya no es feliz"

El psicoanalista y escritor Gabriel Rolón lleva su exitosa propuesta teatral al formato virtual. Así lo hará con "El amor y las pasiones".

Domingo 16 de Agosto de 2020

El psicoanalista y escritor Gabriel Rolón lleva su exitosa propuesta teatral al formato virtual. Así lo hará con "El amor y las pasiones", un espectáculo cuyo punto de partida fue un interrogante: el amor "¿es un cuento de hadas o una historia de dolor?". Según sostiene Rolón, se trata de una emoción extrema: es "capaz de sacar lo mejor y lo peor" de las personas, "justifica una vida" o la "ensombrece para siempre" y es una "aventura" que hay que intentar "aun sabiendo que no existen garantías".

Si en tiempos normales la experiencia del amor es compleja, la nueva normalidad -el aislamiento obligatorio, en soledad o en compañía; el distanciamiento social- sólo sumaron más incertidumbres e inquietudes a las relaciones afectivas. Rolón, junto a Cynthia Wila, intentarán analizar junto al público esas y otras afirmaciones vía streaming, mañana, a las 20. Los interesados en participar podrán adquirir su acceso en plataforma Platenaet.com.

—¿Cómo afectó la pandemia al amor, a las relaciones estables?

—De maneras distintas. No es posible establecer un patrón porque cada pareja es única. Sí podemos afirmar que la situación de permanecer tanto tiempo juntos durante todo el día cambió la dinámica de casi todas las relaciones. Algunas personas pudieron reencontrarse después de mucho tiempo en que, por cuestiones de la vida cotidiana, se habían distanciado. Eso generó que redescubrieran por qué se habían elegido y que el amor continuaba vivo. Para otras, en cambio, llegó la desilusión. La hora de reconocer que era la distancia, el hecho de verse pocas horas lo que permitía que permanecieran juntas. En esos casos habrá que hacerse cargo de eso y tomar alguna decisión. Nadie tiene por qué quedarse en un lugar donde ya no es feliz.

—En época de distanciamiento, ¿cómo afectó a las relaciones ocasionales, esas generadas por aplicaciones para citas?

—Se han restringido al juego de la seducción o la sexualidad online. Son muy pocas las personas que se han permitido salir a verse con alguien a quien ni siquiera conocen. No es un buen momento para citas nuevas.

—Muchas veces se estimula la actitud de tomar riesgos en una relación, aun a pesar del dolor que puede causar. ¿Es una actitud saludable para la psiquis? ¿Es más soportable la soledad que el dolor de una ruptura?

—El dolor de una ruptura, cuando se está enamorado, es una de las experiencias más sufrientes que un ser humano puede atravesar. Pero no por eso hay que evitarlo a cualquier costo. Cuando un vínculo no se sostiene o se ha vuelto patológico es preferible enfrentar ese dolor que quedarse. Porque quedarse en una relación enferma también es doloroso. Sin embargo, el dolor por la pérdida, el dolor del duelo es un dolor que pasará, un precio que se paga para recuperar el equilibrio emocional, en cambio el dolor de estar en un vínculo enfermo genera un dolor que se queda y aumenta con el tiempo.

—¿El amor es una emoción, un sentimiento, o, como sostienen muchos, una reacción química y hormonal que responde a estímulos específicos?

—Es una emoción que genera efectos físicos. Por supuesto que hay una reacción química y hormonal ante el fenómeno del amor. Pero esta reacción es consecuencia y no causa.

—Generalmente al hablar de amor de forma inconsciente esa idea se representa como una pareja heterosexual y monogámica. ¿Qué piensa de otras formas de entender el amor, como el poliamor, los swingers? ¿O en esos casos se trata de sexualidad y no de amor?

—En el ser humano cualquier forma del amor es válida siempre y cuando sea la decisión de adultos que aceptan el acuerdo y donde nadie sale lastimado. Es cierto que hubo por muchísimos años un modelo de amor como el que describís. Hoy la realidad nos muestra que ese es sólo uno más de las formas posibles del amor. Una pareja abierta, swinger, heterosexual u homosexual, cualquiera de ellas puede ser hermosa y cualquiera de ellas puede volverse patológica. Todo depende del respeto por los acuerdos y la libertad con la que se sostenga la elección del vínculo.

—Existe una categoría de sexualidad que se definió como demisexualidad y que define a las personas que sólo puede experimentar erotismo si va acompañado de afecto. ¿Qué reflexión le sugiere esta categoría en la que los límites de la sexualidad y los sentimientos parecen difusos o que al menos involucra a ambos ya que uno no puede existir o ser plenamente satisfactorio sin el otro?

—No me parece un límite de la sexualidad, sino una forma en que algunas personas se sienten estimuladas a disfrutarla ¿por qué no?. Así como no hay nada de malo en que alguien viva su sexualidad como un acto puramente erótico que no requiere de afecto previo, tampoco lo hay en que alguien requiera de una ligazón emocional para erotizarse. En lo que respecta a los sentimientos y las sensaciones, en el ser humano hay que ser abierto y comprensivo. No tenemos un instinto que nos diga qué está bien y qué está mal. Por ende, el límite lo impone la sanidad del vínculo y la libertad de elección.

—En la información sobre el espectáculo se menciona que "el amor saca lo mejor y lo peor de nosotros". ¿Por qué ocurre eso?

—Porque es una emoción que nos lleva al límite. Un límite donde alguien es capaz de comportamientos nobles y otros, o la misma persona en situaciones diferentes, ponen en juego aspectos agresivos, desconsiderados o crueles. El amor obnubila la razón y cuando eso ocurre la posibilidad de ser llevado por delante por la pasión nos hace caminar por un borde riesgoso donde lo mejor y lo peor están a una distancia muy pequeña.

—Si "saca lo peor" y en ocasiones genera situaciones que resultan trágicas como el feminicidio, ¿debería ser considerado un sentimiento a combatir o a controlar?

—Cada persona ama desde quien es. El amor no es en sí mismo ni bueno ni malo. Alguien sano lo convierte en un sentimiento extraordinario, en cambio un enfermo lo transforma en un drama. No se trata de combatir al amor sino de no enamorarse de la persona equivocada.

—¿Cuánto incidió la literatura clásica, con novelas como "Madame Bovary", "La dama de las camelias" o "Cumbres borrascosas", en la construcción o concepción que dos generaciones tienen hoy del amor?

—Oscar Wilde sugirió que la realidad imita al arte. Me gusta esa idea, aunque creo que ambas se influyen mutuamente. Entonces, las novelas, cuentos o canciones dan idea de cómo se vive el amor en cada época. A su vez, esas historias generan ideales que después, inconscientemente la gente imita. Aventuras como las de Romeo y Julieta, por ejemplo, han instalado la idea de que el amor tiene que pasar por muchas pruebas, ser difícil y, por qué no, jugarse al límite de la muerte o el dolor. Un ideal bello para construir una novela pero espantoso para encarnar en la vida real.

—¿Cree que las actuales y futuras generaciones se reconocen o se identificarán con esas historias de la literatura o la experiencia y las transformaciones sociales y culturales pueden acabar con ese modelo?

—El arte cambiará, como lo ha hecho siempre, para dar cuenta del momento en que fue concebido.

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