Escenario

Fellini, el "Pinocho sin ataduras que venció incluso a la muerte"

El director volvió a los sets luego de diez años con el filme en cartel en Rosario. Sin nostalgia por el pasado recuerda en "Qué raro llamarse Federico", de Ettore Scola, una amistad de 50 años.

Lunes 08 de Septiembre de 2014

"Es un álbum lleno de fotografías, de escritos, de recortes y de recuerdos y, como todos los recuerdos, alguno está borroso y se ha tenido que reconstruir un poco". Así definió el director Ettore Scola su filme "Qué extraño llamarse Federico", el homenaje a gran Fellini que lo sacó de su retiro voluntario para rendir homenaje al amigo en la película que se exhibe actualmente en Rosario.

Scola y Fellini se conocieron a fines de los años 30 en la revista humorística Marc'Aurelio. "Qué extraño llamarse Federico", que tuvo su estreno en el último festival de Venecia que finalizó anteayer recorre esa amistad desde el primer saludo hasta el mismo final del creador de la "La Strada".

"Prometí no volver a hacer una película hasta ver a Berlusconi tras las rejas. Pese a que no se da por vencido, los duros golpes que ha recibido y, sobre todo, el vigésimo aniversario luctuoso de Federico (que se recordará el 31 de octubre próximo), me animaron a realizar esta película, que es una especie de retrato cubista que incluye materiales inéditos, pedazos de filmes, recreaciones y entrevistas", dijo Scola sobre la película con la que regresó a los sets después de diez años.

"Para mi Federico era como un Pinocho que no se transformó en un niño de verdad, sino que vivió libre de toda atadura, venciendo incluso a la muerte", señaló en varias entrevistas el propio director.

"Es triste el que muere sin dejar huellas, pero no hay que llorar por la muerte de Fellini", afirmó Scola, quien subrayó el humor y la ironía de Fellini. "Es un álbum lleno de fotografías, de escritos, de recortes y de recuerdos y, como todos los recuerdos, alguno está borroso y se ha tenido que reconstruir un poco", a través de una gran labor de búsqueda en los archivos.

A sus 82 años, el realizador de "Una jornada particular", filme que protagonizaron Marcello Mastroianni y Sofía Loren en su madurez, no quiso hacer llorar ni construir una película lacrimógenas: "Hoy la gente se conmueve demasiado", afirmó.

"Alegre e irónico". Además, dijo, "habría traicionado un poco ese cinismo del que me acusan, y que no es verdad. Es una forma de reparación (este filme), porque, si lo hubiera hecho triste, Federico se hubiera enojado mucho porque era una persona muy alegre, muy irónica".

"Esa era su grandeza", y por eso Scola, su amigo durante 50 años, no se emocionó realizando este filme, pese a todo, emotivo, hecho especialmente para los jóvenes, como resaltó su propio creador.

"Es un pequeño álbum para los jóvenes, porque Fellini hablaba a los jóvenes. Incluso si los jóvenes no han visto sus películas, hay huellas de él por todas partes y deberían verlas", agregó.

Lejos de la nostalgia, Scola dijo que los jóvenes hoy tienen muchas más oportunidades por lo que rechazó la idea de que aquella época, en la que él y Federico se dedicaban a hacer obras maestras, era mejor. "No estoy de acuerdo (con esa idea), y no podía haber seguido eternamente", afirmó.

"Qué extraño llamarse Federico" mezcla imágenes documentales con una ficción que juega a su vez con una difusa separación de ficción y realidad. Un narrador se mete entre los actores para contar a los espectadores la parte de ficción mediante la que Scola cuenta los comienzos de Fellini en la revista Marc'Aurelio, en la que realizaba viñetas desde su llegada a Roma desde Rímini con solo 20 años, en tanto que Scola llegó a los 16 años a la revista.

Apenas unos breves testimonios de Alberto Sordi o de la esposa de Fellini, la actriz Giuletta Masina, se introducen en un relato que recoge la magia y el mundo propio de Fellini y el que hay lugar para los cinco Oscar que ganó, cuatro a la mejor película extranjera, por "La Strada", "Las noches de Cabiria", "Ocho y medio" y "Amarcord", y uno de honor, por su contribución al cine.

"No creo en la libertad total del director. Algo peligroso para el artista es la libertad total", afirmaba Fellini, para quien el artista tenía que conservar un punto de transgresión.

La Mostra entregó el León de Oro a la comedia "Una paloma sentada en una rama reflexionando sobre la existencia", del danés Roy Andersson con una serie de escenas cómicas sobre la condición humana y un homenaje al neorrrealismo italiano y al cine de Vittorio De Sica, también dedicó atención a los documentales sobre personajes gloriosos o siniestros, no podía faltar el homenaje a algún legendario personaje italiano como Fellini.

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