Escenario

Fausto, bajo una lúcida visión, se presentó en El Círculo

La puesta dirigida por Pablo Maritano redondea un atractivo espectáculo y sorprende por sus ácidos toques de ironía y también por la calidad del reparto.

Sábado 16 de Mayo de 2015

Extraño como parezca la ópera más representada de la segunda mitad del siglo XIX, “Fausto”, nunca fue estrenada en Rosario, por lo que con la producción que presentó el teatro El Circulo, y la Opera de Rosario, se zanja este pecado. Para esta puesta local (hoy úlitma función, a las 20.30) se realizó un trabajo coherente entre director de escena, de orquesta, cantantes, logrando un buen espectáculo. Fue un riesgo, dado que no es un título de los más conocidos por el público, pero este respondió masivamente a la propuesta.

   Juan Carlos Valls, un tenor con sólidos recursos vocales, encarnó con intensidad a Fausto. El público aplaudió el aria “Salut! demeure chaste et pure?”. El bajo, Hernán Iturralde, cantó Mefistófeles; vocalmente fue subiendo en intensidad, como es lógico para un rol que requiere casi tres horas de canto, pero fue preciso en todas sus intervenciones, desde lo teatral. El director de escena logró un acierto en darle al mal una presencia ubicua: Mefistófeles hace su aparición caminando entre el público y también se lo ve en un palco disfrutando del drama que el mismo creó. La cara pintada de blanco nos remite a la película “Mefisto”, de István Szabó. Así y todo, se vio al personaje contenido en muchas situaciones, donde parecía más bien un fraile conservador que el gran transgresor, opuesto a las leyes divinas y enemigo de lo humano. Más bien, un empresario que viene a cumplir con un contrato pautado y una vez logrado se marcha, a buscar otros negocios.

   Daniela Tabernig cantó Margarita. La joven soprano santafesina, una de las grandes voces argentinas, tiene un atractivo y rico timbre, y mostró una solida técnica vocal que le permitió hacer esta maratón lírica sin mostrar mayor esfuerzo. El final con Margarita, desquiciada, invocando a los ángeles en su auxilio, fue intensa y emotiva. El personaje de Valentín, interpretado por Luciano Garay, estuvo muy bien cantado. El aria del segundo acto “Antes de abandonar estos lugares”, exhibió una delicada línea de canto, intensidad y gran peso escénico. Muy buena la actuación de la rosarina Maria Florencia Machado en el rol de Siebel, con una hermosa línea de canto.

   La Sinfónica rosarina sonó muy bien bajo la experta batuta del maestro Carlos Callejas. Hubo fallos esporádicos, pero en ningún momento restó al resultado final. Los desafíos, para el coro en esta ópera son muchos y el coro de la Opera de Rosario lo asumió con seriedad y profesionalismo, desde la dicción del francés, que no es un dato menor, hasta poder actuar en el escenario no como un bloque si no de manera individual. Un impecable trabajo en el diseño de vestuario de Ramiro Sorrequieta, recreando el mundo de pre guerra.

   En la dirección escénica, Pablo Maritano siempre sorprende con su lúcida visión de las óperas que lleva a escena, y en esta producción hubo esos ácidos toques de ironía, típicos de un profundo análisis del drama. Del los soldados que regresan de la guerra con su patriotero triunfalismo Maritano nos muestra los estragos que la guerra produjo en ellos: sillas de rueda, mutilados, con el fondo cruel de las banderas francesas que se agitan para saludarlos. No son más que una manada engañada por el poder y arrastrada a la tumba. También se destaca la dirección en el hermoso enfrentamiento, en el acto de la iglesia, del erotismo femenino, entre la represión y la libertad. En lo escenográfico prevalece una atmósfera amenazante en todas las escenas, desde la destartalada calesita de la kermés hasta la claustrofóbica escena de la prisión. El viraje de la luz al rojo en la escena de la kermés, donde el diablo multiplica el vino y los participantes giran al ritmo del vals invocando al dios del placer, es efectiva. Se juega mucho con la iluminación de candilejas típica del tiempo en que Maritano ubicó la acción, y el único momento de luz plena es la redención de Margarita.

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