Escenario

"Estos personajes se sirven de las fuerzas del imperio del consumo"

Soledad Villamil, que encabeza el elenco de "Las grietas de Jara" junto a Oscar Martínez y Joaquín Furriel, habló de este policial que se centra en oscuros dilemas morales.

Miércoles 17 de Enero de 2018

Después de un buen tiempo dedicada exclusivamente a la música —ya editó cuatro discos—, Soledad Villamil volvió al cine y a lo grande. La actriz aporta la presencia femenina en "Las grietas de Jara", un thriller dirigido por Nicolás Gil Lavedra y protagonizado por Joaquín Furriel y Oscar Martínez que llega mañana a los cines de Rosario. La película está basada en la novela homónima de Claudia Piñeiro, una autora muy vinculada con la gran pantalla (ver parte)

"Las grietas de Jara", que en el elenco suma al reconocido actor español Santiago Segura, comienza cuando Leonor (la también española Sara Sálamo) se presenta en el estudio de arquitectura Borla y Asociados buscando a Nelson Jara (Martínez). En ese momento, los arquitectos Marta Hovart (Villamil), Mario Borla (Segura) y Pablo Simó (Furriel), el profesional más antiguo de la constructora, mienten y aseguran no conocerlo. Pero la verdad comienza a resurgir a través de los recuerdos de Simó, quien fue el encargado de lidiar en el pasado con Nelson Jara, un propietario del edificio lindante a una obra del estudio, damnificado por una grieta en la pared de su living, producto de un error en la construcción. Será esta grieta la que dispare toda la trama hacia lugares impensados, llevando al personaje a un replanteo existencial de su vida.

"Me gusta interpretar a personajes que no sean unívocamente buenos o malos, porque ningún ser humano lo es y siempre eso es más interesante para actuar", dijo Villamil en entrevista con Télam. "Siempre, para que algo sea interesante, tiene que tener un nivel de complejidad para mí. Cuando es totalmente chato quizás parezca más fácil, pero no lo es, porque el actor encuentra algo sin profundidad y es difícil también elaborarlo. En lo personal me cuesta mantener algo con poco sustento", remarcó.

La intérprete de 48 años, una de las figuras de la ganadora de un Oscar "El secreto de sus ojos", de Juan José Campanella, y dueña de un camino musical que reúne cuatro álbumes —el último de ellos "Ni antes ni después" (2017), con todas canciones propias—, subrayó la potencia de los personajes malévolos. "Por ahí uno como lector dice «qué basura», pero el actor se frota las manos porque es un contenido para actuar. Podríamos filosofar un montón acerca de qué es la actuación y por qué uno se dedica a lo que se dedica, pero está bueno contar un cuento, y para contarlo se necesita el hada, la bruja, la víctima y todas las fuerzas", se explayó.

—¿Cómo te metiste dentro de esta película? Algunos actores ya conocían la historia por la novela, otros por el director. ¿Cómo fue en tu caso?

—Llegué por el director. No había leído la novela. Después, cuando me metí en el proyecto, sí. Lo primero que leí fue el guión, antes de la novela.

—¿Cómo es armar a estos personaje con dilemas morales, que no sabemos si son muy malos o muy buenos?

—A mí me parece que es de las cosas más interesantes y perturbadoras que tiene la película. Porque detrás de la fachada de un comportamiento muy normal, de buen desempeño profesional y de gente que lleva sus vidas adelante de clase media para arriba, hay una oscuridad latente. Me parece que es una de las cosas más interesantes del personaje y trabajarlo fue eso, mantener ese hilo y esa ambigüedad que también servía al cuento. Si el espectador rápidamente podía deducir por dónde andaba la oscuridad, creo que le quita interés al transcurso de la película.

—Esa ambivalencia que es como una cuerda floja, ¿la fueron construyendo en los ensayos o a veces en el momento de filmar la película?

—Mucho en el momento de filmar, porque si bien había un montón de cosas que estaban pensadas e inclusive escritas, hubo preguntas al momento de filmar. Estaba ese hilo fino todo el tiempo. Creo que Nicolás (Gil Lavedra) y los actores teníamos bastante presente la idea de qué íbamos a contar.

—¿Qué sentís que te sale mejor? ¿Una mujer estructurada y organizada o una desbordada que tiene las emociones a flor de piel?

—Está bueno que pasen las dos cosas, lo ideal es que pasen las dos cosas en un mismo relato si se puede. En esta película pasa que en un momento es toda canchera y organizada, y en otro momento le sale el dragón de adentro o está desesperada. Lo bueno es poder tener las dos tesituras, los dos colores, las dos texturas.

—¿Creés que los personajes de la película son el retrato de un sector social y empresarial o te parece que esos chantas son transversales?

—Creo que son transversales, pero me parece que el mundo que retrata la película está acertado. En un momento, al comienzo, el personaje de Joaquín Furriel me dice: "Vamos a seguir haciendo estos edificios de cartón", como una cosa de fachada, muy de un ámbito donde la cuestión es ganar guita y convencerlos de algo. Entonces, en ese sentido, retratar la oscuridad que hay debajo de eso, me parece que es un buen ámbito para describir.

—Es una cuestión de mostrar fachadas. Mucha gente prefiere comprar un monoambiente chiquito pero en un lugar lujoso...

—Y con amenities (risas). El otro día escuchaba a Noam Chomsky y el tipo decía que el capitalismo tiene la virtud de hacerte sentir que necesitás algo que no necesitás. Es así, de repente te vende que algo que es obvio que no está bueno porque no tiene materiales y sin embargo estás ciego pensando que sí. Por ahí sale lo mismo que un PH con terraza en otro barrio, pero ponés un montón de plata igual. Así es el imperio del consumo, y estos personajes claramente se sirven de esas fuerzas.

enfrentados. Oscar Martínez y Joaquín Furriel protagonizan esta historia sobre un estudio de arquitectos que entra en conflicto con un propietario.

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