Escenario

"Este oficio me eligió a mí", confesó el payaso Piñón Fijo

El payaso más querido del país celebra 25 años de carrera en una seguidilla de funciones en el teatro el circulo con los hits de toda su discografía.

Sábado 20 de Septiembre de 2014

Cuando comenzó como artista callejero en su Córdoba natal, lo hacía con sus dos bebés en brazos, Sol y Jeremías, que hoy ya tienen 27 y 26 años y son parte vital de sus espectáculos. Soñador, humilde y apasionado, Fabián Gómez se puso en el traje de Piñón Fijo y salió a conquistar el mundo de los bajitos. Hasta a él mismo le cuesta creer su propia historia, o al menos, dotarla de una lógica que justifique su éxito insondable. Y claro, los fenómenos no entienden de razón sino de una extensa multiplicidad de factores donde la magia opera por sí sola: “Todo esto nació desde la intuición, no hay ninguna cuestión teórica”, dice con certeza el artista que ya tiene once disco editados, su propia película y su programa de televisión en El Trece.

   El payaso más popular de Argentina cumple 25 años y lo festeja a lo grande con su show “Piñón Fijo en familia”, en una seguidilla de funciones, hoy y mañana a las 15.30 y 17.30 en el teatro El Círculo (Mendoza y Sarmiento). Será un show junto a sus hijos, con todos sus hits y los instrumentos más divertidos. Antes de la gran celebración, Gómez dialogó con Escenario sobre sus comienzos en el mundo infantil en plena crisis del `89, dijo que es muy inquieto con la tecnología, opinó sobre política y se animó a revelar un secreto jamás contado: su hit “Chu Chua” se la enseñó un niño en un cumpleaños y desde allí se convirtió en su máximo éxito. “El “Chu chua” no es de mi autoría, es una canción popular anónima que viene de hace varios siglos, se cree que es de un grupo de boy scouts de Italia”, develó. Con ustedes, el rey de los bajitos.

   —¿Te imaginabas llegar a todo esto cuando empezaste en las plazas de Córdoba?

   —La primera vez que salí a la calle nunca me hubiese imaginado que a los 25 años iba a estar todavía enfundado en el mismo traje de payaso. Y que mis bebés, que tenía en ese momento en la calle, como un papá joven irresponsable, iban a estar hoy al lado mío apuntalándome como compañeros de historia.

   —¿Cómo fue tu comienzo en el universo infantil en 1989?

   —Todo empezó en noviembre del 89, era una fecha complicada porque había venido una fuerte inflación. Entonces empecé a trabajar de payaso en las plazas aprovechando el movimiento turístico que había, pero luego cuando terminó la temporada fuerte, había que subsistir. Luego me surgió la idea de animar cumpleaños infantiles para subsistir y al mismo tiempo para ganarme el pan para mi familia de una manera muy linda.

   —¿Cómo te llevás con la tecnología que incorporás en tus programas y tus shows?

   —El programa está hecho en mi casa o con filmaciones en la combi durante las giras. Como nuestra dinámica de vida es muy nómade no podemos grabar en un estudio, así que aprovechamos eso para crear ideas locas. Soy bastante inquieto con la tecnología, el adelanto tecnológico me agarró en el medio; en una edad justa para no ser demasiado viejo para entenderlo y no ser demasiado joven para colgarme con el Facebook todo el día.

   —¿Cuándo sentiste que Piñón Fijo ya era un éxito?

   —A nivel nacional me pasó en 2002 cuando llegué a Capital Federal. Eso fue realmente una bisagra muy fuerte, sinceramente nos desbordó porque nadie está preparado para tanta sobreexposición de un día para el otro. Pero después nos acomodamos y todavía estamos con vida (risas).

   —¿Cómo nació el “Chu Chua”?

   —El “Chu chua” no es de mi autoría, es una canción popular anónima que viene de hace varios siglos. Algunos dicen que viene de un grupo de boy scouts de Italia. Lo que yo hice fue versionarlo, lo “piñonicé” (risas). He tratado de rastrear de dónde viene pero nunca lo encontré. Es una canción que vengo cantando desde el inicio de mi carrera y surgió de una historia muy interesante: resulta que yo estaba animando una fiesta de cumpleaños y un nene me decía todo el tiempo que tenía una canción para mostrarme. No le podía prestar toda la atención a él, pero como el nene era muy insistente, le propuse que la cantara para todos y lo hizo. La verdad es que la entendí a medias, pero como la entendí, la empecé a hacer y se volvió personal.

   —¿Qué balance hacés de estos 25 años en los que lograste formar una familia, sacar once discos y hasta hacer una película?

   —Esta profesión es un bombardeo de emociones. A cada rato pasan cosas muy fuertes, como estar en un lugar gigantesco con 50 mil almas cantando una canción que compuse en la intimidad de mi hogar. Creo que estar rodeado de mi familia y mis hijos y tener la capacidad de seguir aprendiendo es lo más importante de la vida. Y con respecto a mis hijos, ellos se incorporaron a nivel artístico hace 4 años, pero desde cuando eran chiquitos siempre estuvieron conmigo en las funciones como un juego, haciendo coros y percusión. Ahora Sol tiene 27 y Jeremías 26, son dos guardianes hermosos que me ha dado la vida porque defienden la transparencia de este oficio tanto o más que yo.

    —En tu público se unen dos generaciones, ¿cómo ves los niños de hoy comparados con los de hace 20 años atrás cuando empezaste, sin play station de por medio?

   —A los niños los veo siempre como niños, gracias a Dios. Los verdaderos defensores de los tiempos de la infancia son los mismos niños. Ellos protegen su ingenuidad, la magia y la ilusión que tiene que haber en toda infancia. Los que nos apuramos con los tiempos somos los adultos y desde ese mundo los bombardeamos con cosas que quizá no les interesan. Ya sea con una tablet o un barrilete, la presencia y el acompañamiento del adulto es indispensable.    

   —¿Algunas personas le tienen miedo a las payasos o a los mimos, es el estigma de “IT, el payaso maldito”?

   —¡Sí! Hubo una generación de niños que han consumido productos como “IT” o “Chucky”, que mostraban a esa cosa ingenua y hermosa de la infancia transformada en algo terrorífico. Creo que fue una tendencia del cine, que aunque no me guste, no deja de ser una puesta artística (risas). Y en cuanto a los mimos tuve una experiencia personal en una época en la que estaba de moda que se mimeticen con las personas. Un día, yo volvía de laburar de mimo, todo maquillado, y el hombre que iba caminando adelante mío pensó que yo me estaba “mimetizando” con él y me agredió. Literalmente el hombre estaba perseguido (risas).

   —En 2012 dijiste que te gusta el rumbo del gobierno de Cristina Fernández, ¿cómo ves la realidad del país?

   —Mirá, esa nota me trajo tantos problemas. Viste que en la prensa escrita, uno muchas veces dice cosas y no se logra transmitir la emoción con la que uno lo dijo, y pasa a tener protagonismo la emoción de quien lo lee. Lo que pasó fue un teléfono descompuesto. Me preguntaron cómo veía el rumbo del país y yo le respondí que hay cosas que me gustan y otras que no. Y que ojalá en este país hubiera una escala de grises porque ahí me pararía. Y pusieron de título “Me gusta el rumbo del gobierno de Cristina”, y así lo tomó otro medio, y otro y dijeron “Piñón es oficialista y militante”. Hubo un poco de mala intención. Pero pasado ese dolor entendí que estamos en un estado de enojo que nos hace mal a todos.

   —¿Te imaginás haciendo esto toda la vida como María Elena Walsh, Carlitos Balá o Pipo Pescador?

   —Por lo feliz que soy haciendo esto, lo único que sueño de acá en adelante es seguir haciYondolo. Yo amo esto mucho más que un trabajo. Siento que este oficio me eligió a mí, no que yo lo elegí a él, por eso mismo estoy en armonía.

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