Escenario

"Este es un concierto muy complejo y exigente"

"Este esAsí definió el pianista Alexander Panizza a la pieza que interpretará junto a la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario hoy en El Círculo.

Jueves 03 de Septiembre de 2015

La Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario (OSPR), con la dirección del maestro David Del Pino Klinge, se presenta hoy, a las 20.30, en el teatro El Círculo. El programa incluye el Concierto Nº 2 para piano y orquesta, de Johannes Brahms que contará con la participación especial del pianista rosarino Alexander Panizza como solista. Además, la agrupación tocará la Obertura de la ópera "Ifigenia en Aulide", de Christoph Willibald Gluck y la Suite de la ópera "El Caballero de la Rosa", de Richard Strauss.

El maestro Del Pino Klinge pondrá en juego la versatilidad de la orquesta con la obertura de la ópera de Gluck, unas de las obras que marca la transformación de la ópera barroca en ópera clásica, y cerrará con la Suite de la ópera "El Caballero de la Rosa", de Strauss. Aunque anónima, los estudiosos de Strauss, piensan que ha sido obra del director polaco Arthur Rodzinski.

Panizza, uno de los artistas más importantes de Rosario, quien es el solista en el concierto para piano Nº 2 de Brahms destacó que "esta pieza es muy importante, es una obra sinfónica con el piano incorporado al discurso orquestal. No existe en esta obra esa dinámica frecuente en los conciertos románticos de pregunta y respuesta. Esta obra es un discurso mucho más complejo donde el piano está metido dentro de esa textura".

"Es un concierto muy exigente porque requiere que el solista tenga un caudal de sonido importante porque si no la orquesta le pasa por arriba. Creo que tiene una dificultad distinta a lo que puede ser un concierto de Rachmaninov ya que tiene pasajes difíciles pero no está presente el virtuosismo puesto como fuegos artificiales. Hay otra cosa importante respecto a este concierto; Brahms puso la carga emocional más intensa en los primeros movimientos, como se hacía en las obras del periodo clásico, entonces el último movimiento es muy tranquilo y con reminiscencias mozartianas, si bien no deja de tener nunca la impronta de Brahms. El movimiento final no es el punto emocionalmente culminante del concierto, como se estilaba desde la época de Beethoven, para que te arrancara de la butaca", precisó Panizza que este año tocó seis veces en el Teatro Colón, en la Usina del Arte, de la ciudad de Buenos Aires y también en el Centro Cultural Kirchner. "Es como dijo un crítico, los dioses arman el mundo en lucha titánica en los primeros movimientos y en el final dicen: «ya hemos hecho del mundo un mejor lugar, ahora que los niños salgan a jugar»", concluyó el pianista.

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