Escenario

"Esta historia surgió de nuestro inconsciente"

El director de joyas como "Los excéntricos Tenenbaums" y "Gran hotel Budapest" habló sobre su nueva película de animación, "Isla de perros", que el jueves se estrena en Rosario.

Domingo 20 de Mayo de 2018

Pasaron ya cuatro años desde que Wes Anderson se llevó cuatro Oscar por su espectacular "Gran Hotel Budapest", y si algo queda claro en "Isla de perros", su nueva película que el jueves llega a Rosario, es que semejante descanso le ha servido para no bajar ni un milímetro la calidad con la que cuenta sus historias. Aunque aparentemente la forma de hacer uno y otro filme no podría haber sido más diferente, sobre todo porque su nuevo estreno fue realizado en animación stop motion, para Wes Anderson no hay demasiada diferencia entre contar las cosas con muñequitos o hacerlo con actores reales. El director, uno de los más singulares que han surgido del cine independiente norteamericano en los últimos años, explicó en diálogo con Escenario cómo funciona su peculiar forma de trabajo.

   —¿Por qué quisiste contar una historia ambientada en Japón?

—Porque originariamente yo tenía dos ideas separadas. Por un lado queríamos ir a Japón con Roman Coppola y Jason Schwartzmann para hacer juntos una película allí. Hablamos de eso durante mucho tiempo, pero no teníamos un argumento. Simplemente pensábamos que podía llegar a ser una gran experiencia si trabajábamos juntos en Japón. Pero cuando les llevé a Jason y Roman esta idea un poco vaga sobre una película que transcurre en una isla llena de basura con estos canes, y el título "Isla de perros", empezamos a jugar con la posibilidad de combinar las dos cosas. Yo he descubierto a lo largo de los años que muchas veces las películas comienzan cuando tienes dos ideas separadas que terminas uniendo. Por alguna razón, terminan creando una unidad. En este caso, una vez que tuvimos la idea un poco más clara, nos largamos a trabajar. Y a partir de ese momento nuestras influencias japonesas encontraron la forma de colarse.

   —¿Cual era tu relación en la infancia con los perros?

—En la película hay un perro que se llama Chief, que está basado en el que teníamos con mis hermanos cuando yo era niño y se parecía mucho a este. Pero cuando comenzamos a escribir la película los perros se convirtieron en personas y esa fue la manera en la que encaramos los personajes. Tienen experiencias de perros pero en cuanto empiezan a hablar se vuelven humanos. Y cuando los actores les dieron vida, todo se transformó por completo.

   —¿Por qué creés que el cine ha usado históricamente a los animales para que comenten sobre el mundo en el que vivimos?

—Es que tal como te expliqué, hay un punto en el que estos perros se vuelven personas, cuando se ponen a hablar en una historia como esta. Nosotros teníamos una idea sobre estos perros que viven en esta isla. Luego nos preguntamos qué era lo que estaban haciendo allí, cómo habían llegado, quién los había puesto en ese lugar. En definitiva, qué era lo que había pasado. Y sin siquiera darnos cuenta, empezamos a crear una historia sobre estos animales que han sido enviados al exilio porque la sociedad que los rodeaba se había vuelto en su contra, ya que habían sido manipulados para provecho de alguien en particular. En ese punto nos dimos cuenta que aunque trataba sobre perros, también hablaba de ciclos históricos porque es algo que ha ocurrido muchas veces en el mundo.

   —¿Te interesaba hablar del exilio?

—No necesariamente, pero allí es donde comienza la historia. Lo primero que sabemos en el filme es que los perros están en esta isla y que están solos. Si me preguntás por qué quisimos contar esto y por qué surgió de nosotros, no lo sé. Nunca intentamos averiguarlo, esta historia surgió de nuestro inconsciente, de nuestra imaginación. Es un complejo sistema de pensamientos que fluyó sin que nosotros lo controláramos. Eso es lo que me gusta de crear historias, que simplemente surgen y uno las adopta.

   —¿Cómo fue el proceso para encontrar a tus actores?

—Muchos eran gente con la que ya había trabajado antes. Lo más importante fue dar con el nene, Koyu Rankin, que es muy importante en el filme. Bryan Cranston tiene un papel muy importante, pero el verdadero héroe de la película es el chico. Cuando grabamos las voces, aunque el personaje tiene 12 años, Koyu tenía apenas 8. Tiene una voz muy especial e hizo algo que nos resultó muy sorprendente y que fue muy interesante. Además, como está casi todo en japonés, no tengo la menor idea de lo que está diciendo. Pero me interesaba la emoción que pone en sus palabras...

   —¿Cómo convenciste a Scarlett Johansson y Greta Gerwig para que participaran?

—Las conozco desde hace mucho tiempo. Ellas fueron las primeras en las que pensé para esos papeles. Fue todo muy simple, porque tengo los correos electrónicos de Scarlett y de Greta, les escribí contándoles de qué se trataba, les mandé algunas imágenes y el guión. Las dos me dijeron que sí y grabamos muy rápidamente.

   —¿Cómo es trabajar con Bill Murray?

—Siempre es muy interesante porque yo sé cómo llegar a él, aunque eso no quiere decir que siempre pueda encontrarlo. Puedo decir que permanentemente he estado tratando de dar con él pero eso no garantiza que lo logre. Sin embargo, tengo que admitir que he tenido mucha suerte a lo largo de los años, porque Bill siempre ha estado disponible para mí y me ha dicho que sí en cada oportunidad. Incluso cuando se trata de una película como esta, Bill no necesita dedicarle mucho tiempo a promocionarla, pero estuvo muy dispuesto a darme una mano. A él le gusta lo que hacemos juntos y por eso no tiene problemas en salir a hablar.

   —¿Cual fue la infuencia de Tim Burton en tu incursión en la animación stop motion?

—A mí siempre me gustó la animación stop motion y vi que él lo hizo y muy bien, por lo que en algún momento decidí que yo también quería hacer la prueba. Así fue como terminé filmando "El fantástico señor Zorro". El fue la inspiración para que yo me animara y lo intentase. Lo que tiene la animación que probablemente ha influido en la forma en la que hago mis otras películas, es el proceso de preparación. Cuando trabajás en un filme animado, primero tenés que crear toda la película como una sucesión de dibujos. Hacés una versión en storyboard con las voces, luego lo editás y básicamente terminás haciendo toda la película antes de filmarla. Yo seguí haciendo eso después de que hicimos "El fantástico señor Zorro". Me ayudó mucho, me sirvió para evitar errores y te da la oportunidad de darle forma al proyecto en el que estás trabajando en un medio seguro en el que podés pensar y contemplar. Cuando estás filmando una película con actores de carne y hueso hay muchas fuentes de inspiración, desafíos y accidentes que te ocurren y a los que respondés. Pero me encanta disponer del tiempo que te da hacer una película de animación stop motion, en donde podés crear todo el filme pensando simplemente como guionista.

   —¿Es complicado preparar las tomas en una película de animación stop motion?

—Cuando estoy organizando una toma o mirando como encontrar un ángulo para filmar, siempre estoy buscando cómo puedo agregar algo, cuáles son los ingredientes que puedo incorporar para que quede bien, porque yo trato de dejarme llevar, no me interesa controlar la toma. Más bien pienso en la forma en la que puedo aportarle algo. Pero nunca siento que sea algo complicado. Todo el tiempo tengo la sensación de que estoy buscando algo, probablemente una idea que me inspire.

   —¿Y cuán problemática es la profundidad de imagen cuando estás trabajando en este género?

—Es un tema complicado. Todo pasa por tener buenos lentes. Cuando trabajás con miniaturas la profundidad de imagen siempre es un problema. Cuando yo trabajo con actores de carne y hueso me encanta jugar con la profundidad de la imagen, disfruto cuando puedo usar una fotografía con cierta profundidad, como lo hacía Orson Welles. La animación stop motion es horrible en ese sentido. Es una lucha poder lograrlo. Lo bueno es que podés extender la exposición todo lo que tengas ganas. Podés abrir el disparador y dejarlo abierto todo el día si tenés ganas, porque no se van a mover hasta que vos lo decidas. Por lo tanto siempre hay formas de resolverlo. A veces usamos lentes muy anchas y en otras ocasiones usamos un foco para lo que está delante y otro para lo que está detrás. Son cosas que no podés usar en acción real. Siempre hay soluciones para los problemas, pero nunca te va a pasar algo así si estás trabajando con acción real. Sin embargo, a la hora de buscar el encuadre para una toma, siento que es exactamente lo mismo hacerlo en animación stop motion que con actores de carne y hueso. La diferencia es que cuando trabajo en acción real, muchas veces no cuento con un set tan detallado como si lo puedo tener en animación stop motion. En acción real no podés decir que las montañas tienen que ser un poco más bajas. En cambio, cuando trabajás en este tipo de película, podés ajustar el mundo para la toma que querés hacer, y eso es un verdadero lujo. Sin embargo, hay muchas cosas que he aprendido trabajando en animación stop motion y que las he aplicado a mis proyectos de acción real. Hubo ocasiones en que he construido un set o he adaptado una locación para que funcione bien en un encuadre de una forma en que no lo había hecho antes de trabajar en animación stop motion.

   —¿Hacer cine es tu forma de explorar el mundo?

—Es posible. Durante mucho tiempo no lo quise aceptar pero ahora debo admitirlo: no me gusta para nada volar. Y cuando estoy haciendo una película, no me queda otro remedio que tomarme un avión. Si quiero aprender sobre otros lugares y conocer el mundo, mi única opción es obligarme a hacerlo. He tenido algunas de las experiencias más interesantes de mi vida trabajando en otro país. Hice tres películas en Estados Unidos, y después hice otras cinco fuera de aquí. Hice otro filme en Estados Unidos, "Moonrise Kingdom: un reino bajo la luna", pero me he pasado al menos la mitad de mi vida laboral en otros países.

Una aventura sobre perros exiliados en una isla japonesa

"Isla de perros" está ambientada en la ficticia ciudad costera de Megasaki (Japón), donde surgió un grave brote de gripe canina que fue aumentando hasta alcanzar proporciones epidémicas. Ante semejante problema, el alcalde de la ciudad, el señor Kobayashi, decidió tomar medidas extraordinarias y exiliar a todos los perros a una isla ficticia, la cual está totalmente deshabitada y únicamente se usaba como vertedero de basura. La historia sigue en paralelo la vida de un grupo de cinco perros que han sido exiliados a la isla y la de un niño, Atari, quien durante esa drástica operación del gobierno local perdió a su mejor amigo, su perro Spots, enviado a su suerte al vertedero. La película cuenta con las voces de Scarlett Johansson, Tilda Swinton, Bryan Cranston, Edward Norton, Jeff Goldblum, Bill Murray y Frances McDormand. También cuenta con la presencia de Yoko Ono en un papel secundario.

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