Escenario

"Esta es una mujer que nunca se disculpa por lo que hace"

La premiada actriz encarna a una madre que quiere vengar la muerte de su hija en "Tres anuncios por un crimen", que se estrena el jueves.

Domingo 14 de Enero de 2018

Frances McDormand se hizo famosa interpretando a mujeres valientes. Basta recordar a Marge Gunderson, la jefa de policía que encarnó en "Fargo" (1996), un papel que le valió el Oscar. Ahora está de regreso con otro personaje fuerte que fue escrito para ella: Mildred Hayes, una madre furiosa que exige justicia por su hija violada y asesinada en un pueblo del interior de EEUU. Este es el argumento de "Tres anuncios por un crimen", la elogiada película del director Martin McDonagh que el pasado domingo ganó cuatro Globos de Oro, uno de ellos para McDormand como mejor actriz, y que el jueves próximo se estrena en Argentina. Casada con el director Joel Coen desde 1984, McDormand tiene una carrera brillante y ahora podría ir por su segundo Oscar. Sin embargo, todavía carga con el trauma de que le dijeran que no tenía talento cuando asistía al prestigioso conservatorio de Yale, al que también fueron Meryl Streep y Holly Hunter. En charla con Escenario, la actriz dijo que se basó en John Wayne para componer su nuevo y singular personaje y habló de los acosos sexuales en Hollywood. "Me volví feminista a los 15", aseguró.

—¿Qué fue lo que pensaste cuando Martin McDonagh te ofreció este papel?

—Que era muy mayor para hacerlo. A mí me interesa hacer papeles vinculados a mi edad. Yo, como Mildred, soy de clase trabajadora y tenía muy en claro que las mujeres de esa clase social no esperan hasta los 38 años para tener a su primer hijo. Tironeamos un poco y al final mi marido me dijo que me callara y que lo hiciera. Lo escuché. Y ahora estoy encantada. Durar en esta industria tiene sus recompensas...

—¿Qué es lo que distingue a Martin como director?

—Que viene del teatro. Martin escribe guiones que tienen esa calidad, no es simplemente una guía para hacer una película. Sus guiones son como una obra, una novela o un cuento. Por eso siempre que teníamos una duda podíamos volver al texto, que era nuestra Biblia, incluso los técnicos. Y cuando las cosas se plantean así, tres cuartas partes del trabajo ya está resuelto desde el inicio. Además, todos los que actuamos en el filme venimos del teatro. Martin también ha estado en las salas de ensayo. Aunque no tiene tanta experiencia como realizador porque sólo ha hecho tres películas, ha visto cómo los personajes surgen a través del proceso teatral de un actor.

—¿Cómo hiciste para dar con el tono exacto que Mildred tiene que tener?

—Todo está en el guión. Si te fijás en mi filmografía, verás que he interpretado a muchas mujeres que han sido victimizadas, aunque siempre les he puesto un toque diferente porque así soy yo. Pero lo maravilloso que tiene el personaje es que si bien es probable que ella haya sido una víctima en otros momentos de su vida, una vez que decide tomar el toro por las astas no hay quien la pueda detener. Lo que sorprende es que la audiencia no espera esa actitud de los personajes femeninos, que siempre están pidiendo como disculpas. Esta es una mujer que nunca se disculpa por lo que hace.

—¿Es cierto que te basaste en John Wayne para interpretar a este personaje?

—Sí, es cierto, y me encantó usarlo como modelo. A mí siempre me gustó mucho su forma de caminar. El tenía pies pequeños y era muy alto, por lo que se movía de esa forma para no perder el equilibrio. Al menos, eso es lo que leí sobre él. Me tomé el trabajo de devorarme su biografía, algo inusual para mí, porque no me interesan demasiado las vidas de los actores. Pero me llamó mucho la atención la forma en la que construyó su imagen. Por un lado estaba Marion Morrison (nombre real de John Wayne) y por el otro estaba John Wayne. El sabía que el público necesitaba un John Wayne que fuese un héroe icónico. Pero también tenía muy en claro cuál era la diferencia entre ese héroe y Marion. Además me divierte mucho que en la vida real se llamase de esa manera...

—¿Creés que hay similitudes entre Mildred y Margie, el personaje de "Fargo"?

—No, en absoluto. Lo que me gustó de trabajar con Martin es que él conoce todo mi trabajo, no sólo el que he hecho en el cine, sino también en el teatro, y usó lo que he hecho antes para crear a este personaje. Yo hace mucho que interpreto a mujeres valientes. En "Simplemente sangre", que fue la primera película que hice con Joel y Ethan Cohen, ya le daba una patada a alguien en los testículos, y en "Tres anuncios..." lo hago dos veces. Creo que también cada personaje está muy vinculado a la época en la que lo interpreté. "Fargo" se estrenó en una época en la que las mujeres participaban de la fuerza laboral de una manera diferente. Muchas mujeres trabajaban hasta el momento de dar a luz, pero no tenían uniformes que se adaptaran a esos últimos meses. Lo que distingue a Mildred de todos los personajes que he interpretado es la furia. Ella no está enojada, está furiosa. El enojo es algo que se puede controlar, pero la furia no. Uno puede hacer terapia para resolver el enojo, pero la furia es un elemento de las tragedias griegas y eso le da una dimensión diferente.

—¿Vos nunca perdés la calma?

—No. Creo que la mayor diferencia entre Mildred y el resto de las mujeres es que ella ha perdido a un hijo. Y hay una exigencia biológica que te lleva a no permitir que algo así te pase si es que sos madre. Si te ocurre algo así, no tenés chances de poder tener una vida exitosa. Hay gente que logra manejar esa frustración, pero ella está furiosa. En mi caso, yo sí me enojo, sobre todo como una mujer de 60 años que ha tenido que crecer en Estados Unidos.

—¿Alguna vez sentiste que fuiste víctima de una injusticia?

—Claro. Yo construí mi carrera en base a ese sentimiento. Cuando era una joven actriz me dijeron que no tenía talento y que no iba a poder hacer una serie de cosas si es que tenía una carrera. Me hice una lista con todo lo que me dijeron y decidí que en algún momento me iban a necesitar para mostrarles que sí lo podía hacer, y que iba a ser muy buena cada vez que me dieran una oportunidad. Por eso me siento muy feliz de que a mis 60 años me sigan dando papeles que me permitan mostrar la amplitud de mi capacidad profesional, interpretando a una mujer que es muy diferente de todas las que se han visto en el cine. Es una forma de reparar todas esas injusticias que sufrí como actriz.

—Mildred no logra que la escuchen y encuentra la forma de conseguirlo. ¿Alguna vez te pasó lo mismo?

—Sí. Es un poco lo que te conté. Estaba en la escuela de graduados, me llamaron a un costado y me dijeron que no tenía talento natural, que iba a tener que trabajar muy duro si quería tener una carrera. Y eso fue lo que hice. Soy muy efectiva siguiendo indicaciones. Lo cierto es que fui tres años al conservatorio para ser actriz. Y cuando me dijeron esto, decidí que iba a hacer lo que fuera necesario para demostrarles que estaban equivocados. Por eso hoy en día me causa mucha gracia cuando me dicen que mi talento es natural. En realidad es algo que me ha costado mucho conseguir.

—¿Qué opinás del levantamiento de Hollywood contra los acosadores sexuales? ¿Te ha tocado vivir alguna experiencia semejante?

—Por supuesto. No conozco a ninguna mujer que no haya pasado por un mal momento a lo largo de su vida, aunque hay diferencias en la magnitud de lo que cada una ha vivido. Yo creo que hay que elevar la discusión y dejar de perder el tiempo en los que han sido acusados. Hay que empezar a hablar sobre la relación entre los géneros y cómo eso se ha ido modificando con el tiempo. Tengo 60 años y me volví feminista a los 15. Soy una convencida de que la revolución cultural que está teniendo lugar en este momento tiene mucho que ver con el movimiento feminista de los 70, e incluso con la lucha de las sufragistas. Creo que recién ahora estamos llegando a buen puerto. Porque en definitiva se trata de lograr la igualdad entre los géneros y en lograr igual pago por el mismo trabajo.

—Daniel Day Lewis tiene tu misma edad y decidió retirarse de la actuación. ¿Es algo que alguna vez se te cruzó por la cabeza?

—No. Yo me retiraré con las botas puestas. Ese es mi plan. A mí me encanta lo que hago, aunque admito que hubo otros momentos en mi carrera en que consideré la posibilidad de dedicarme a otra cosa. Pero a la vez, tengo que reconocer que esto es lo único que sé hacer, además de ser una buena ama de casa. Hubo períodos en los que me concentré más en eso, cuando estaba criando a mi hijo, pero aún así nunca dejé de hacer teatro. No me imagino en otra profesión. No puedo respirar si no actúo.

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