Escenario

"Es una obra con un humor duro, transgresor y políticamente incorrecto"

El cineasta dirige y es coautor de una pieza con personajes que reflejan a la sociedad. Dijo que "todo es más fácil cuando uno puede reírse"

Sábado 13 de Enero de 2018

El cineasta Juan José Campanella, quien regresa a la dirección teatral con la comedia "¿Qué hacemos con Walter?", protagonizada por Miguel Angel Rodríguez, Campi y Karina K y que desde ayer se puede ver en el Multiteatro, de Buenos Aires, afirmó que "el humor siempre sirve" y asegura que "entre motivos reales y políticos, los problemas del país se ponen muy difíciles de solucionar".La nueva obra, que coescribió con Emanuel Diez, uno de los guionistas de "Entre caníbales", se centra en la asamblea extraordinaria de un consorcio de propietarios donde se debe decidir si se echa o no al encargado del edificio. Ese es el universo elegido por el cineasta para regresar al teatro, luego de su exitosa "Parque Lezama".

"Estoy nervioso", admitió el director de "El secreto de sus ojos" en una entrevista con Télam antes del gran estreno y reconoció que la inquietud suele acompañarlo antes de los debuts, mientras recordó que en la previa del estreno del filme "El hijo de la novia" (2001) se sentía abatido ya que pensaba que casi nadie iría al cine, y su película fue vista en salas por alrededor de 1.700.000 espectadores.

Además, el aclamado director adelantó que comenzará a rodar "Los muchachos de antes no usaban arsénico", el filme de José Martínez Suárez de 1976, reafirmó su postura sobre el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) y destacó el protagonismo del streaming.

—¿Qué humor se juega en la comedia?

—Duro, transgresor y políticamente incorrecto, ya que en la reunión de consorcio de la puesta, los personajes expresan y viven sus puntos de vista sobre temas de nuestra sociedad como el clasismo, racismo o nuestra culpa de clase media. Son pensamientos de las criaturas de la obra, no reflejan lo que piensan los autores.

—¿Qué función cree que cumple una comedia en este momento?

—El humor siempre sirve. Todo es más fácil cuando uno puede reírse, hasta las críticas se formulan de otra manera. "¿Qué hacemos con Walter?" es una comedia con influencias varias: del humor judío, grotesco, costumbrista y de un autor como Neil Simon y encierra algún otro ingrediente, como a mí me gusta. Ya hice suficientes cosas como para decir tranquilamente que tiene "mi estilo".

—¿Es más difícil hacer reír?

— La risa es irreductible, suele afirmar Beto Brandoni y tiene razón. Cuando al final de alguna de las funciones viene un amigo a saludar cuando se trata de un drama, la persona pone cara de nada y te felicita aunque no le haya gustado; en cambio, uno se da cuenta si alguien verdaderamente se divirtió o no, es algo que no admite simulación.

—¿Tiene algún proyecto en cine?

—Sí, una remake del filme "Los muchachos de antes no usaban arsénico" (1976) de José Martínez Suárez con Graciela Borges, Oscar Martínez, Luis Brandoni y Marcos Mundstock que empezaremos a rodar en mayo para estrenar en 2019. La versión original es la peli más ingeniosa de la historia del cine argentino, dotada de un estilo distinto, una especie de homenaje a Ernst Lubitsch y a aquellos viejos filmes.

—¿Qué piensa de la situación actual del El Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa)?

—No tomaré posición acá, ya que decidí que mi posición es la de la Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica (Caic), a la que pertenece mi productora. Siempre nos preguntan a los directores porque somos conocidos. Creo que deberían preguntarles a los productores. Todo el mundo, al menos lo que escucho en charlas, se da cuenta del problema real: hay muchísimas películas que se vienen haciendo hace muchos años, quedaron atrasadas y la plata que se recauda no alcanza para todos. De todos modos, el debate es enorme e incluye preguntas como si es mejor filmar menos películas de mejor nivel o 500 pelis chiquitas; o aquellas que en el camino se quedan sin plata para luego poder mostrarlas adecuadamente, o si se va empezar a usar la plata del fondo de fomento para hacer filmes, ya que nunca se utilizó del todo.

—¿Es un comportamiento histórico?

—Sí. Históricamente, el fondo del Incaa debería ir a películas y nunca alcanzó eso, es decir hay muchos problemas. Se fogoneó el tema, pero hace rato que no se habla, porque como ya pasaron las elecciones y no puede utilizarse políticamente... entonces ahora se está hablando como debe hacerse: en privado y entre los que saben y tienen ganas de encontrar soluciones.

—¿Cómo puede solucionarse?

—El problema es que entre motivos reales y políticos, como sucede con todos los problemas de este país, se pone muy difícil de solucionar. Acá se complica más todavía porque se usa políticamente y se simplifica una situación ardua. Todos en privado admiten la complejidad de la situación, pero discuten de una manera racional y tratando de encontrar la mejor conclusión, aunque luego las mismas personas en público dicen lo contrario para tirar leña al fuego.

—¿Volvería a trabajar en la televisión abierta?

—Nunca digo nunca, pero no tengo ganas de hacer nuevamente un programa que dependa de un horario de emisión. Creo que ya estamos todos metidos con el streaming. Si no hay un streaming con peso, no creo que regresaría a menos que se trate de un proyecto sumamente interesante.

—¿Cómo ve este momento de la pantalla abierta?

—Es un momento de transición importante. La tele abierta pierde 3 puntos por año. Hoy se habla del éxito del prime time con programas que consiguen 8 ó 9 puntos de rating, y hace sólo 3 años atrás cuando realicé "Entre caníbales", protagonizada por Natalia Oreiro por Telefe, con ese mismo puntaje nos mandaron al horario de las 23 ó 23.30. El aire para ficción está en baja y encierra un cambio de hábitos en los espectadores. No sirve luchar contra eso, hay que abrazarlo y hacer televisión de la forma en que la gente la está consumiendo ahora.

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