Escenario

"Es un placer encarnar un personaje que lucha contra el poder"

El actor Pablo Echarri presentó "el silencio del cazador" en El festival de cine de Mar del plata Y habló de su amor a rosario y cómo se reinventó en su oficio.

Domingo 01 de Diciembre de 2019

Pablo Echarri es de los tipos que les gusta hablar largo, dando lujos de detalles, prefiere elegir las palabras antes de tirar una que suene linda pero que no diga nada. El actor dialogó con Escenario en una entrevista concedida en el último Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, adonde llegó para promocionar "El silencio del cazador", filme de Martín Desalvo cuyo estreno comercial será en enero de 2020. Allí da vida a un guardaparques en plena selva misionera que tiene como rival a un hombre temible del pueblo, que goza de tantas prebendas políticas como de impunidad para hacer todo a su antojo. "Es un placer poder encarnar un personaje que lucha contra el poder establecido", detalló minutos después de posar en la terraza del imponente Hotel Provincial de La Feliz.

A Echarri le encanta hablar del rol de actor y también de política, pero eso sí: en toda la entrevista jamás hará mención a la palabra kirchnerismo ni macrismo, pese a que es sabido que su posición ideológica está en las antípodas con la del gobierno que se va el 10 de diciembre. Eso sí, aseguró de la importancia de tomar conciencia política para cambiar la actualidad (página 5), de que en un momento se sintió portavoz de la palabra de mucha gente y sostuvo que no le interesa participar de la función pública, porque considera que hay gente que está más capacitada para hacerlo. Un cara a cara con el ex galán, el hombre político, el actor versátil y también el enamorado de Rosario.

—Vos sos el típico caso que podría conectar con la canción de Fito Páez: "Rosario siempre estuvo cerca".

—Claro, hice "Cuestión de principios" y "Al final del túnel" con Rodrigo Grande. Y con él somos muy amigos, estamos preparando un guión que vamos a producir juntos y obviamente se convertirá en una película que la dirigirá él. Y además de la relación muy profunda con Rodrigo, con Rosario me maravillé cuando llegué la primera vez.

—¿Por qué te maravilló Rosario?

—Por la belleza, es una ciudad bella e intensa. Y a mí lo bello e intenso, que a veces raya lo peligroso (risas), me gusta. Su gente, la cultura que irradia la ciudad, el nivel cultural de la gente. Todos sus exponentes me han maravillado a lo largo de mi vida: actores, músicos, directores. Así que entendí desde un primer momento que había algo muy importante ahí. Quedé subyugado. Fontanarrosa, por ejemplo, tuve en un momento cierta ligazón con él, porque he contado uno de sus cuentos en televisión, he filmado "Cuestión de principios", adaptado por Rodrigo y por él. Lo conocí al Negro Centurión, al Pitu (Fernández), a toda la Mesa de los Galanes de El Cairo. Es muy atrayente Rosario, tiene un ADN, es la gente más allá de la belleza de la ciudad.

—¿Se puede contar algo de la película de Rodrigo Grande?

—No mucho, Rodrigo además de ser un gran director es un guionista extremadamente virtuoso. En este caso él tomó una hipótesis de la posible vida que tuvo Adolf Hitler en el sur argentino, pero con un giro tragicómico muy interesante, como él sólo puede manejar la ironía y el humor negro. Yo no voy a actuar, la idea es producirla, como "Al final del túnel" que es la única película que produje en mi vida, gran película de Rodrigo. Y quedamos muy enganchados, muy amigos, y con la necesidad de seguir trabajando juntos. El reconoce en mí un productor que defiende la creación suya, a mí me gusta tanto su escritura y su cine que cuando salgo a pelear como productor soy una fiera. Y creo que Rodrigo está conmigo porque sabe que yo voy a defender la película al nivel que hay que defender un hecho artístico como los que puede generar él. Estamos con grandes expectativas, tratando de buscar coproducción, que es durísimo.

—¿Es difícil conjugar la actuación y tocar teclas tan distintas como para pasar de galán de televisión, allá lejos y hace tiempo, en "Los buscas de siempre" a una serie como "Atrapar un ladrón", en Telefe, o una película independiente como "El silencio del cazador"?¿Siempre fuiste tan versátil?

—Antes de versátil soy afortunado, me considero un tipo afortunado por haber podido comenzar hace ya 25 años en un género tan popular y reconocible como la telenovela, y a partir del motor de la curiosidad, que siempre busqué salir del lugar del confort, de sentir que estoy avanzando hacia algún lugar, aunque muchas veces no sabía hacia dónde, pero sí con la sensación real de romper estructuras para concretar esos avances. El tema de la versatilidad y la posibilidad de encarnar distintos roles es el gran tesoro que tiene el actor y en eso me siento también afortunado por haber podido recibir un abanico tan amplio de personajes a construir.

—¿Qué particularidades tenían esos personajes?

—Mirá, si bien en algunos trabajos las características se repiten, ya que tienen que ver con la imagen física en los primeros pasos que dí; después me ocupé de romper y a veces inclusive darle la espalda un poco a eso que venía tan servido para poder generar una energía diferente y una oferta diferente desde el mundo del arte.

—¿Cómo fue hacer el Gato de Alfred Hitchcock y el guardaparques de la película de Desalvo ?

—Bueno, pude construir a Juan Robles, este ladrón de obras de arte que pude encarnar en "Atrapa a un ladrón", esta adaptación de la obra maravillosa de Hitchcock y producida ni más ni menos que por Paramount; y de ahí hacer a este Ismael Guzmán, en "El silencio del cazador", que es un hombre de la tierra, un nativo, la necesidad de poder meterme en un personaje con un acento misionero, al que tuve que couchearlo para hacerlo es un arco grande. Uno le pone el cuerpo a esto, más allá de la herramienta dramática y de zambullirme en una historia que necesita de una entrega física y emocional total, me completa y me llena.

—Tu personaje de "El silencio del cazador" lucha contra el poder y la injusticia, un perfil político que vos mostraste en tu vida real. ¿Se pone mucho de uno en los roles que te toca interpretar?

—Los personajes se construyen a través de lo que existe dentro nuestro, desde lo político hasta lo más estrictamente personal. En lo político es un placer poder encarnar un personaje que lucha contra el poder establecido. Pero también es un placer encarnar un personaje que representa el poder. La desfachatez del actor o la actriz con respecto al no juzgamiento del personaje te da la posibilidad de poder jugar en distintos equipos. Me ha tocado estar del otro lado y lo he disfrutado mucho, porque al no juzgarlo he podido saborear un poco ese nivel de insensibilidad, de falta de empatía, de ese germen de odio que a veces está tan presente en el sector en el que yo me siento colocado enfrente. Pero también es muy atractivo calzarse el arma en la cintura y a través de un cuento luchar por principios tan fuertes y tan válidos. El cine es una maravilla, nos ofrece a los actores vivir por un momento la vida de esta gente y algo queda, no es un traje que te ponés y queda luego en la percha del vestuarista. Lo más maravilloso que me tocó en este oficio es que los personajes que fui encarnando y los relatos que fui contando me dieron espesor como ser humano, como hombre, como papá, como esposo, como hijo. Por eso siento que no me equivoqué al haber elegido este oficio.

La caída del telón marca un fin y cuando ese telón se levanta también anuncia el comienzo de algo nuevo. Y no sólo en el ámbito del mundo del espectáculo. Pablo Echarri siempre se sintió comprometido políticamente y asegura que estuvo “en el lugar justo, en el momento indicado” y que siente que aportó su granito de arena “para poder arribar a esta Argentina más justa, en la que nos es permitido soñar”.

   —¿Se abren puertas a nivel cultural, profesional y laboral a partir del nuevo gobierno?

   — Sin dudas, definitivamente, estamos en la antesala de una perspectiva de un país mucho más igualitario y de una mirada de desarrollo que va a ser, con sus problemas y errores, mucho más positiva que la mirada neoliberal. La herramienta que genera esa posibilidad es el compromiso político, esa decisión personal que tenemos los hombres y las mujeres de poder zambullirnos enteramente en el hecho concreto de defender los propios intereses y los propios principios.

   —¿Cómo fue tu experiencia en ese aspecto?

   —Yo lo hice desde hace unos años y lo sentí como una necesidad impostergable. El hecho concreto de la cristalización política me presentó un panorama muy diferente en mi oficio y en mi espectro en el mundo del espectáculo. Por un lado me generó algunos obstáculos a la hora de poder convivir o ser tenido en cuenta con algunos, y por otro lado un acercamiento muy profundo y muy genuino con gente que siente y piensa muy parecido a mí. También me sentí en muchos momentos como un portavoz, porque era uno más que aportaba mi voz en lugar de la gente que no tenía esa posibilidad. Y se podía generar un mensaje con una llegada bastante más contundente. Hoy día me siento estar en el lugar justo en el momento indicado, siento que todo lo que he hecho no fue en vano. Siento haber aportado mi grano de arena para poder arribar a esta Argentina más justa, en la que nos es permitido soñar.

   —¿Te ves con un puesto político en el espacio cultural del próximo gobierno? Algunas propuestas te habrán llegado...

   —Sí, algunas propuestas me han llegado, pero no creo que pueda llegar a ser útil en algún espacio de gestión pública. Yo hace 12 años que fui protesorero de Sagai (Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes), y ahora soy tesorero por dos años y medio más; y en ese espacio hago mucha política, sobre todo política social. No solamente tengo el placer de poder impulsar lo que es una institución que recauda y reparte el derecho de propiedad intelectual, sino también utilizar esa herramienta política para generar las condiciones a las que todavía no se arribaron en el cine argentino o la industria audiovisual en la Argentina. Y me siento que a través de ese instrumento, y en ese marco y contenido, soy mucho más efectivo y mucho más potente para lograr lo que todavía no se logró, que si me colocaran en un espacio más expuesto en donde creo que hay gente mucho más preparada que yo para llevarlo adelante. A veces me sorprende cuando la gente cree que porque uno se exprese políticamente debería tener un lugar en la gestión pública. Yo creo que lo más valioso que puede tener un ser humano es el despertar de conciencia política y utilizar la herramienta política para cambiar su realidad. Y la realidad de los más cercanos, de los que quiere.

   —¿Qué sueño te genera este nuevo escenario?

   —Yo sueño con encontrar en cada argentina y cada argentino, un político, una persona que se preocupa y se ocupa por enterarse, por informarse, por conocer la historia y a través de eso, y por la conclusión que da el tener en la mano y en la mente esa herramienta potente que es la información, modificar el mundo que lo rodea. Me siento muy bien siendo un ciudadano político, un ciudadano con inquietud política y manejar la política desde ese impacto. Creo que el día que lo hagamos vamos a llegar mucho más lejos.

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