Escenario

“Es importante que el teatro invite a pensar”

La palabra tiene un poder transformador, y a veces el efecto puede ser drástico. Eso tuvo claro el dramaturgo catalán Josep María Miró cuando escribió “El principio de Arquímedes”

Sábado 23 de Mayo de 2015

La palabra tiene un poder transformador, y a veces el efecto puede ser drástico. Eso tuvo claro el dramaturgo catalán Josep María Miró cuando escribió “El principio de Arquímedes”, la obra que se presenta hoy, a las 21, en el teatro La Comedia (Mitre y Cortada Ricardone). Miró apeló a esa ley de la física como una metáfora en la que confluyen los prejuicios y la responsabilidad sobre los propios actos, todo en el contexto de una situación lamentable y actual como el abuso de menores, explicó el protagonista Esteban Meloni.

   “La historia transcurre en una escuela de natación para niños. Mi personaje -dijo Meloni- y el de Luis Gritti son dos profesores de natación. Beatriz Spelzini es la directora del natatorio y Nelson Rueda es el padre de uno de los alumnos. Todo se desarrolla en el vestuario. (El título) tiene muchas interpretaciones, pero para mi tiene que ver con las repercusiones que tienen nuestros actos, con la causa y el efecto”, resumió el actor sobre este trabajo que antes estuvo en manos de Juan Minujín y Martín Slipak.

   —¿Qué reflexión puede aportar el teatro a hechos concretos que lamentablemente se ven con frecuencia?

   —Aquí se juzga a un profesor por haber tenido un gesto cariñoso con un alumno de 5 años. Tiene un alumno que se pone a llorar porque no quiere sacarse el flotador y es el día que todos se lo tienen que sacar pero a este chico le da miedo y llora. El profesor lo contiene. Esto es visto por todos los compañeros y una compañerita le cuenta al papá lo que vio. A partir de ahí, sin tener pruebas los padres por un grupo de Facebook y WhatsApp divulgan ese comentario de una nena de cinco años que vio abrazar y darle un beso a su compañerito. Después se empiezan a armar miles de acusaciones que terminan destruyéndole la vida a esta persona. El espectador nunca lo sabrá porque no se ve la escena, pero esto habla de cómo los miedos y los prejuicios pueden generar este tipo de situaciones en las que no hay vuelta atrás porque es muy difícil revertirlo. Además a nadie le importa porque con el uso de los las redes sociales lo importante es la noticia, pero si hay un error después nadie lo rectifica. Son temas muy sensibles que pasan todos los días y me parece importante que un espectáculo teatral invite a pensar y repensar esos temas.

   —¿Por qué decidiste involucrarte en este trabajo?

   —Había leído el texto hace más de un año y no lo pude hacer porque estaba comprometido con otro espectáculo pero me había quedado en la cabeza. En la primera lectura me pareció muy incómodo, muy fuerte el tema que planteaba pero me parece que la dramaturgia era impecable. Por el tema que se tocaba me pareció que era algo que había que hacer porque no hay muchas obras que toquen estos temas con esta actualidad, con la seriedad y el equilibrio con los que está tocado. Son temas muy delicados y en este caso el autor logró algo impecable desde la postura que decide tomar. Miró deja en el espectador el juicio sobre quién es el culpable. Eso es muy difícil de lograr para un dramaturgo porque en el teatro el autor tiene una opinión y eso se termina viendo en los personajes y en la conclusión final de la obra. Pero acá es perfecto porque no desliza ningún tipo de comentario personal. No inclina la balanza para ningún lado y eso genera que el espectador se sienta absolutamente involucrado y obligado a tomar una postura. Eso es lo interesante. Me parecía que no me la podía perder yo ni me podía perder que se haga esta obra porque es un material muy difícil de encontrar y para mi lo más atractivo es lo que pasa con el público.

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