Escenario

"Es difícil hacer humor en la televisión porque la realidad ya es paródica"

Luis Rubio regresa hoy a Rosario con su nuevo espectáculo, "Falso vivo", que se presentará todos los viernes de enero en La Comedia.

Viernes 09 de Enero de 2015

No es fácil mantenerse serio en una charla con Luis Rubio. La sola mención de uno de sus personajes, Catalino Canaletti, ya dispara la risa, y él siempre tiene listo el chiste del remate en la punta de la lengua, aunque nunca remarca ni exagera. Con ese sello que lo convirtió en un humorista singular, Rubio regresa hoy al pago para estrenar en Rosario "Falso vivo", el espectáculo que ya presentó con éxito en Buenos Aires. El comediante rosarino estará todos los viernes de enero, a las 21.30, en el teatro La Comedia, Mitre y cortada Ricardone, con un show que simula un apócrifo programa de TV y mezcla stand up con nuevos y clásicos personajes. Por "Falso vivo" desfilarán el periodista latinoamericano Evaristo Hurtado, el especialista en espectáculos y policiales Catalino Canaletti y el deportista Ova Comaneci, el hermano sin talento de Nadia. Eber Ludueña, por supuesto, también será de la partida.

Luis Rubio viene de un 2014 que resultó fecundo: además del teatro participó en el programa "Peligro: Sin Codificar" —en el que seguirá el año que viene—, estrenó una serie en Internet y debutó como actor de cine en "Un amor en tiempos de selfies". En charla con Escenario, el humorista habló sobre su nuevo espectáculo y criticó la falta de espacio en televisión para los comediantes y los guionistas.

—¿Cómo surgió la idea para "Falso vivo" y cómo está estructurado el espectáculo?

—En televisión un "falso vivo" es un programa que está hecho en tiempo real pero no se emite al aire. Me gustó el juego de palabras entre esa expresión y el "falso vivo" por un tipo que se quiere hacer el vivo pero no lo es. Es ese humor medio de antihéroe que a mí me gusta. El espectáculo es una excusa para ir mezclando algunos materiales de mi archivo, de cosas que hice en la tele y cosas que nunca vieron la luz. Eso está articulado con distintos monólogos y algunas situaciones que van sucediendo en vivo. Los personajes que aparecen sobre el escenario son Luis Rubio; Evaristo Hurtado, que es la primera vez que lo hago en Rosario, y Eber Ludueña, que no puede faltar. También hay otros, como Catalino Canaletti, que aparecen grabados, en una gran pantalla en el teatro.

—¿Cuántos años tiene el personaje de Eber Ludueña y por qué creés que pegó tanto en la gente?

—Eber es del 2002. No sé exactamente por qué pegó en la gente. Calculo que el fútbol es una plataforma muy amplia, estamos en un país donde todo el mundo cree entender de fútbol. Y además el personaje tiene esa cosa del perdedor, del antihéroe, que siempre identifica y atrapa. Uno tiene una mirada más cariñosa con ellos que con el tipo que todo lo puede. Fontanarrosa decía: "El superhéroe hace lo que quiere y el antihéroe hace lo que puede". En un punto todos somos antihéroes, porque hacemos lo que podemos. El antihéroe futbolero también tiene el agregado de que todo el mundo quiso ser jugador o soñó con salvarse por el fútbol. Eber es alguien que parodia y empequeñece ese mundo de los millones y la gloria.

—El verano pasado también hiciste teatro en Rosario. ¿Qué plus tiene venir acá, en lugar de ir a lugares más tradicionales como la costa o las sierras?

—Yo he probado temporadas en Mar del Plata, he hecho "Rubio y Rotemberg" dos años seguidos, y con Fantino hice "Mar del fondo" en Carlos Paz en 2012. La ventaja acá es que yo paro en Funes, veo a mi familia, es un mix entre trabajo y descanso. Además acá me va a ver gente que habitualmente no me puede ver y tengo un contacto con la prensa de la ciudad, que yo no quiero que se corte. Nadie es profeta en su tierra, pero yo quiero contradecirlo. A mí me gusta estar en mi pago.

—¿Cómo fue la experiencia de trabajar en "Peligro: Sin codificar"?

—Todo un aprendizaje. Es lo más parecido a laburar en el Borda (risas). Hay una organización y mucha producción, pero hay personajes raros deambulando (risas). Vos estás hablando y pasa uno vestido de la momia que no sabés de dónde salió, y cae Peter (de Polvorines) y dice "espectacular", y después pasa otro comiendo un salame (risas). Yo me incorporé a mediados de 2013, pero ahí son todos muy amigos. Para mí fue una experiencia muy positiva. Además en el programa hay una segunda generación de pibes más jóvenes que por ahí están más lanzados. Nosotros estamos más rondando los 50 años, vemos la pelota desde otro lado.

—¿Por qué hay tan pocos programas específicos de humor en la televisión?

—El humor ha cambiado. No hay programas con comediantes y con guionistas. Es difícil hacer humor en la tele porque la realidad ya es paródica. ¿Qué vas a parodiar? Los personajes que aparecen hoy en la tele no son reales, lindan lo paródico: un Pachano, un Ricardo Fort en su momento, una Noelia, un Polino. Están rozando la farsa, son personajes totalmente exagerados. Moria Casán ya parece una parodia de sí misma. Uno parodiaba a Macaya Márquez o a José María Muñoz gritando un gol. Hoy sería como imitar a un imitador, como imitar a un Nito Artaza haciendo de alguien famoso. Hoy lo tenés a un tipo como Baby Etchecopar, y me acuerdo de Jacobo Winograd. La tele viró hacía ahí, hacia esa farsa, y también hacia el conflicto y la pelea. Yo que no bailo y no me peleo cada vez tengo menos espacio en la tele (risas).

—Vos encontraste un espacio interesante en Internet. ¿Creés que el futuro pasa por ahí?

—Yo llegué ahí porque tenía ganas de hacer una ficción para el Mundial. Hice una serie y la produje: tuve que reunir los fondos, armar el equipo de filmación, escribir el guión, todo. Era sobre Eber yendo al Mundial para tratar de que Sabella lo sume al equipo. A mí el producto final me gustó y lo editamos como una peli. Fue una aventura independiente, y ahí te das cuenta lo que cuesta difundir algo sin un aparato grande. Tuve que poner guita yo porque no llegábamos a filmar, pero fue muy placentero poder terminarlo. Yo creo que cada vez hay menos distancia entre la tele e Internet. La gente joven ya no mira mucha tele y busca los contenidos que le gustan en Internet. Y también hay mucha gente que sigue pendiente de la tele, de si Pachano lloró o no y ese tipo de cosas. O al menos es eso lo que nos quieren vender.

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