Escenario

"Es algo fácil que a uno le hierva la sangre ante determinadas situaciones"

Hoy se estrena "Te esperaré", con Darío Grandinetti y la dirección de Alberto Lecchi. El actor rosarino contó cómo es su personaje en esta película que atraviesa ochenta años de historia entre España y la Argentina.

Jueves 02 de Noviembre de 2017

Darío Grandinetti tuvo su quinta colaboración con el director Alberto Lecchi en "Te esperaré", una película que comienza durante la Guerra Civil Española y termina en Argentina. El filme, que se estrena hoy en Rosario, cuenta además con las actuaciones de Juan Echanove, Hugo Arana y Juan Grandinetti. A partir del arribo a Buenos Aires de un escritor español para terminar su trilogía sobre un personaje supuestamente de ficción, los protagonistas forman las puntas de un conflicto con múltiples aristas en el que la ideología, el deber, las culpas y los afectos jugarán un papel central. Completan el elenco Inés Estévez, Jorge Marrale, Blanca Jara y Ana Celentano.

—Es la quinta vez que trabajás con Alberto Lecchi. ¿Cómo fue el reencuentro con una película bastante diferente a otras que hiciste con él?

—Alberto es amigo mío así que volver a trabajar con él es fácil. Cada vez que está por ocurrir, me entero con tiempo suficiente. Con eso uno va metiéndose de a poco en el proyecto, conociéndolo. Nos gustan las historias que contamos y tenemos muchas cosas en común. Y que un director vuelva a confiar en mí lo valoro y agradezco.

—¿Qué te interesó particularmente de "Te esperaré"?

—Hablar del momento histórico que se habla en la película, pero también me interesa esa negación personal de mi personaje, el deseo del personaje de mi hijo de tender un puente entre su padre y su abuelo. Hay una cantidad de cosas que enfocan de manera original el conflicto histórico y eso me permite imaginar conflictos personales que van más allá de la ideología.

—¿Cómo cuáles?

—Por ejemplo el temor de que vuelva a ocurrir algo para lo que creo que este personaje está preparado. Creo que podría haber seguido los pasos de su padre si la historia se hubiese prolongado, si él hubiese crecido y si a su padre y a su madre no los hubieran asesinado. Probablemente hubiese terminado luchando la misma lucha de su padre. El temor que tiene es que eso lo retome su hijo porque es algo que puede ocurrir, es algo fácil que a uno le hierva la sangre ante determinadas situaciones. Me parece que para el personaje es más preocupante lo que teme por su hijo que el quilombo que tiene con su padre y su madre, y sobre todo con su padre.

—También te reencontraste con Juan Echanove y volviste a trabajar con tu hijo Juan...

—Con Juan hicimos "Retiro voluntario", donde también hace de mi hijo, y también en teatro, hicimos un par de programas de televisión. Disfruto mucho trabajar con él, es algo más para compartir.

—¿Con tu hijo te pasó algo parecido a lo de tu personaje con su padre? ¿Temías que también fuera actor?

—(Risas) No, no tuve miedo. Me sorprendió para bien que tuviera claro qué quería hacer. Es algo difícil y el lo eligió siendo muy joven. Cuando no sabés lo que te gusta suele ser un problema. Y luego lo veo muy preparado , como a mis hijas, que también son actrices. Al lado de lo preparado que estaba yo a la edad de ellos, me sacan un campo de ventaja. Estudiaron mucho, tienen mucha más información, se preparan más. Tienen muchas más herramientas de las que tenía yo, y por su propia preocupación por tenerlas.

—¿Se podría hacer una analogía con tu personaje? ¿La sombra del padre le deja alguna marca a tus hijos?

—Lo disimulan fenómeno si algo de eso los preocupa... (risas). En todo caso lo sobrellevan bien, han aprendido cómo cargar con eso. Sí entiendo que me respetan, que les gusto como actor, me escuchan y cuando digo algo ellos entienden por qué lo digo, pero ellos también tienen su visión propia. De lo que sí me ocupé siempre es de desmitificar. En ese sentido creo que también debo haber logrado sacar de encima el peso Grandinetti. Como desmitifico, yo no me creo nada tampoco. Ellos saben cómo pienso de mí y lo que pienso de este oficio, el lugar que ocupo y me gusta ocupar. Saben que me gusta trabajar, aprender, crecer. Esto es un oficio que se aprende todos lo días.

—¿Qué relación encontrás entre la trama de la película y la actualidad?

—La realidad también nos dice que las heridas no están cerradas y que hay muchas cosas por resolver y averiguar y saber. Hay muchos chicos que no saben quiénes son sus padres y hay muchas familias buscando esos niños que hoy son adultos. El daño causado todavía duele. Esta película se filmó mucho antes de Santiago Maldonado y ahora es inevitable pensar en eso. O el personaje de Hugo Arana si lo asociamos con Julio López. La realidad se ha ido encargando de distintas maneras, según las intenciones de cada gobierno, de que esto no se olvide. Durante el gobierno anterior la manera de que esto no se olvide fue llevarlos a juicio y que paguen por sus delitos. Este gobierno nos obliga a recordarles porque los manda a sus casas a los asesinos. Entonces de una manera o de otra prefiero el anterior.

—¿Tu personaje tiene violencia contenida?

—Violencia no... Yo pensaba que si los padres no hubieran muerto y la situación hubiese continuado, este personaje hubiese agarrado los fierros porque a pesar de todo lo que dice y todo lo que cree del padre cuando agarra un arma, la manipula como si fuera un caramelo. Tiene esa capacidad de enfrentarse a eso y hacerlo valer con su ideología, porque él decide no matar porque está más cerca de su padre de lo que dice.

—Esa contradicción es notable...

—Fue algo que hablamos específicamente con Alberto, que estuviera más cercano al padre. El lo critica mucho, lo cuestiona.

—Tu personaje dice "él tuvo su revolución y yo me quedé sin madre", o "cada vez que ves una injusticia no podés hacer una revolución"...

—Si, pero si hubiese muerto en un accidente de tránsito, hubiese dicho "él manejó a 120 y yo me quedé sin madre". Lo culpa que quedó huérfano, no por la ideología, ni la metodología. Cualquier cosa que hubiera llevado a la muerte de sus padres a él lo hubiese puesto en la situación de acusarlo por haberse quedado solo. Pero está enojado con la vida. Uno se enoja con la vida cuando pasan esas cosas.

—Del personaje de tu padre se dice que "estuvo en todas las revoluciones del siglo XX". ¿La película también intenta rever esos episodios desde un punto de vista crítico?

—No creo. Con el tiempo todos somos capaces de cuestionar ciertas formas, pero es muy fácil con el diario del lunes, o cuestionar desde aquí y ahora, en esta época en la que no digo que no exista la violencia, pero es otro tipo de violencia. Ahora no te bombardean la Plaza de Mayo como en el 75, pero meten presa a la gente, desparecen otros, dejan sin trabajo, no te dejan opinar, hay miseria, hay hambre, todo eso es violencia también a la que uno no puede responder a los tiros, pero a la que uno tiene que responder firmemente.

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