Alberto Arce fue un testigo privilegiado de lo que ocurrió en Rosario a nivel musical a mediados de la década de 1960. Todo se hacía a pulmón, con una tecnología muy rudimentaria y sin temor a exagerar, remando contra la corriente. Pero algo estaba por ocurrir. Además de recolectar discos, Arce incursionó en la música como guitarrista y bajista.
“Antes no era como ahora, que estás en tu casa con una computadora y listo. Había que ir a Buenos Aires y ver quién te grababa. En esa época, en Rosario hubo cuatro o cinco grupos que editaron un simple y nada más. A nivel long play, los Gatos Salvajes fueron los únicos que hicieron algo, y nada más”, recuerda.
Uno de los puntos de encuentro en el centro de la ciudad era el bar “Manhattan”, en Córdoba entre Maipú y Laprida. Allí concurrían, entre otros, Litto Nebbia, Ciro Fogliatta y Oscar Moro, la célula madre de lo que sería en poco tiempo Los Gatos.
“Yo tocaba en un grupo que se llamaba Los Diablos y después entré a otro, Los Vampiros, al que se incorporaron Kay Galifi, en guitarra, y Oscar Moro, en batería.. Tocábamos en los bailes de los clubes. No había otro lugar donde hacerlo. No existían los pubs y los teatros no recibían a las bandas de rock. Muchas veces actuábamos al aire libre con equipos muy precarios. Ni siquiera teníamos bafles, se usaban bocinas. En aquella época vinieron a Rosario los Teen Tops, el grupo mexicano. Esa fue la primera vez que vi un instrumento Fender”, recuerda Alberto.
El destino de Los Vampiros cambió cuando Los Gatos Salvajes se separaron tras grabar dos discos en Buenos Aires. Litto Nebbia, Ciro Fogliatta y Juan Pueblas se quedaron en la Capital, mientras que Basilio Adjaydie y Guillermo Romero regresaron a Rosario.
Poco después, Nebbia y Fogliatta tuvieron la posibilidad de rearmar la banda, pero esta vez acortaron el nombre a Los Gatos e invitaron a Moro y a Galifi. El quinteto se completó con Alfredo Toth casi adolescente, el único integrante porteño y al que según Arce, Nebbia “prácticamente le enseño a tocar el bajo”. Y la rueda comenzó a moverse.
“A partir de ese momento, Los Vampiros decidimos no seguir más. De todos modos seguimos siendo amigos, incluso hasta la actualidad”, dice Arce. El contacto con Los Gatos era casi permanente. “Ellos eran famosos, tocaban siempre los fines de semana, pero venían a visitar a sus familiares. Ahí nos juntábamos. Moro, fallecido en 2006, tenía a los papás que vivían en Rioja y Buenos Aires. El padres de Lito vivían frente al teatro El Círculo, y la familia de Ciro era de Biedma entre San Martín y Sarmiento, que era mi barrio de soltero también”.
A veces ocurría al revés, los compinches de Rosario desembarcaba tres o cuatro días en Buenos Aires y acompañaba al novel y exitoso quinteto en sus agitadas giras de fin de semana. “Los Gatos hacían tres o cuatro shows por noche. Arrancaban a las nueve o diez y terminaban a las 4 ó 5 de la madrugada. Eramos pibes jóvenes. Era una época muy linda, nos divertíamos mucho”, rememora Alberto.